Un concurso en Ibiza en el que «conoces» a tus rivales
La XXVI edición del Concurso Internacional de Piano de Ibiza se desarrolla esta semana en el Centro Cultural de Sant Carles. Por él van a pasar 48 jóvenes pianistas que proceden de 14 países diferentes y debutarán en un ambiente más familiar del que habitualmente encuentran en otros certámenes. La asistencia como público es libre y gratuita.

María Ángeles Ferrer Forés nombra a los concursantes antes de que vayan a las casas a ensayar. / Toni Escobar

Lo poco, por no decir nada, que llovió este miércoles en Ibiza cayó en Sant Carles en el preciso momento en el que más de una decena de pianistas participantes en la XXVI edición del Concurso Internacional de Piano de Ibiza bajaban del autobús. Quizá Beethoven, que «vivía mucho la naturaleza», como explicó hace dos días a Diario de Ibiza el copresidente del jurado de este certamen y reconocido pianista, organista y musicólogo español, Antonio Baciero, apreciaría este instante.
Los jóvenes, que en total vienen de 14 países diferentes, se resguardan en los rincones que encuentran en el exterior del Centro Cultural de Sant Carles, y también en su interior. Aquí, la musicóloga y pedagoga de la música María Ángeles Ferrer Forés, organizadora del certamen y el festival que lo precede, se dirige a ellos con su suave y delicada voz, la misma con la que representa cada Nochebuena ‘El Canto de la Sibila’ (Patrimonio Inmaterial de la Humanidad), en la Iglesia de Sant Jaume, en Mallorca. Ferrer les da la bienvenida y, con ayuda de sus hijos, se dirige a ellos para presentarles a los propietarios de las casas en las que pasarán las próximas horas ensayando.
Ensayar en casas de Ibiza
Ésta es una iniciativa que mantiene el certamen desde la primera vez que se celebró hace 38 años. La gente del pueblo y conocidos de la familia Ferrer Forés colaboran con el concurso y abren las puertas de sus casas, en las que tienen pianos, para que los jóvenes practiquen en un ambiente distendido antes de debutar.
La cercanía que puede ofrecer este momento la evidencia con sus palabras la arquitecta Nuria Jaumà, que este año, por primera vez, pone casa y piano. Con ilusión, cuenta que ha comprado varias cosas para recibir a los jóvenes e incluso está preparando un brownie. En casa, tiene también un teclado, que cuenta que tocó su hijo cuando era pequeño, pero ahora, uno y otro, «llevan muchos años muertos de la risa», lamenta. Por eso, y después de conocer a María Ángeles Ferrer, no dudó en poner su granito de arena en el concurso.
A pesar de la (muy breve) lluvia, la emoción de los colaboradores del concurso ofrece una cálida bienvenida a los pianistas. En cuanto pasan las gotas, apenas cinco minutos después de su llegada, los anfitriones alzan las hojas en las que figuran algunos de los números que se asignaron el día anterior a los concursantes, y parece que se encontrasen en las puertas de salida de un aeropuerto.
Cuando los jóvenes pianistas distinguen el número que les identifica, se acercan a saludar con cordialidad a quienes van a cederles el piano de su casa. «Es una experiencia muy guapa», opina Dwight Nathanael Ospina Torres, concursante de Bogotá, Colombia, que a sus 24 años lleva varios viviendo en España. Ospina apunta que, además de la oportunidad que concede este concurso para conocer Ibiza, «que habitualmente tiene un atractivo turístico diferente al de la música clásica», aquí la «presión por tocar» no se siente igual que en otros certámenes.
Crecer como pianista
Ospina menciona también que es «un plus bastante grande» que para participar en el concurso no haya que enviar un vídeo de presentación o pasar por «varios filtros». El único requisito que se pide aquí desde hace 15 años es que los pianistas presenten una carta de recomendación. Por otro lado, en la categoría en la que Ospina participa, de jóvenes de hasta 30 años, se solicita que, en 45 minutos, se interpreten un preludio y una fuga de Johann Sebastian Bach y, luego, una sonata y una obra de libre elección: «El hecho de prepararte obras así, de gran formato, abarca todo el repertorio que deberías tener presente para crecer como pianista», aprecia Ospina.
Junto a él, Julián Escobar Rossi, también colombiano, de 26 años, añade otra valoración: «En otros concursos no se crea el espacio familiar y amistoso que se está creando acá», señala, y bromea: «He aprendido un montón de coreano», porque la mayoría de los participantes vienen de Corea del Sur. Curiosamente, Escobar descubrió la existencia de este certamen a través de «anuncios de Instagram» y, ahora que está aquí, invita a la gente a ir a Sant Carles y verle debutar este viernes a las 10.45 horas. Ospina, lo hará unas horas más tarde, a las 17.45.
Además de concursantes coreanos, ingleses, portugueses, búlgaros, mexicanos o brasileños, estos días en Ibiza también hay debutantes japoneses, como Haruka Ibushi, que nació hace 30 años en Hiroshima. En su caso, decidió apuntarse al certamen porque unos amigos le hablaron de él. La joven vive en Alemania y ha participado en otros certámenes, por lo que, igual que Escobar, distingue: «Aquí estamos todos en el mismo hotel y tenemos la oportunidad de conocer a otros participantes, incluso comemos juntos».
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