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Antonio Baciero, pianista, organista y musicólogo español: «El concurso de piano de Ibiza es único por el entorno en el que se produce»

El pianista, organista y musicólogo Antonio Baciero nació en Burgos en 1936 y dio su primer concierto a los diez años. Al poco tiempo empezó a sumar reconocimientos a su trayectoria. A día de hoy se le considera toda una autoridad en la interpretación de música renacentista y barroca, pero también del clasicismo vienés y el romanticismo. Actuó en el Festival Internacional de Música de Ibiza la semana pasada y es copresidente del Jurado del Concurso Internacional de Piano que se lleva a cabo esta semana en Sant Carles.

El pianista, organista y musicólogo español, Antonio Baciero, en Cala Llenya, Eivissa.

El pianista, organista y musicólogo español, Antonio Baciero, en Cala Llenya, Eivissa. / J.A. RIERA

Estela Torres Kurylo

Estela Torres Kurylo

Sant Carles

Le fascina la historia de los grandes músicos clásicos, algo que se percibe cuando sus ojos se iluminan al hablar de Mozart o Beethoven. Del segundo destaca la influencia de la naturaleza en su obra, reflexión que comparte durante la entrevista con Diario de Ibiza en Cala Llenya, y que conecta con su manera de observar el mundo. Mientras habla, aprecia detalles como una hormiga, insecto que sabe que «en Ibiza está en todas partes», que trepa por el tejido del chaleco beige que lleva puesto.

Su pasión por el Barroco y las épocas pasadas le llevó a recuperar órganos históricos y piano, como el que perteneció a Juana la Loca, que se encuentra en el Real Monasterio de Santa Clara, en Tordesillas, Valladolid. Su trayectoria no tiene fronteras e incluye desde transcripciones para investigar manuscritos del siglo XVI hasta actuaciones que ha seguido la reina emérita de España, Sofía. Además, desde hace 29 años, Baciero está vinculado al Concurso Internacional de Piano de Ibiza, que se celebra esta semana en Sant Carles. Su relación con el certamen nació tras la ‘Aventura 92’ (después ‘Ruta Quetzal’), un intercambio cultural de jóvenes que recreaban el viaje de Colón durante un mes y medio, y en el que conoció a la actual musicóloga y pedagoga de la música María Ángeles Ferrer Forés. Ferrer es hija de Jaume Ferrer y Angelina Forés, impulsores del festival y el concurso, que actualmente organiza ella.

¿Qué hacía usted en ‘Aventura 92’?

Conocía a Miguel de la Quadra [el periodista y aventurero que organizaba la expedición] y consideré que había que potenciar la música en las relaciones entre España y América. De este modo, en 1990 estuve a bordo de la expedición que se llamaba ‘Rumbo al Mundo Maya’. En ella había un coro para cantar cosas de la época y allí conocí a María Ángeles [cuando tenía 17 años]. Entablamos una gran amistad y a los dos años me invitó a venir al concurso, al que ya llevo vinculado 29 años.

Actuando en Varsovia, Lisboa, Viena, Bruselas... ¿cómo se ha organizado para tener presencia estos 29 años?

No ha sido muy difícil porque en verano, aparte de alguna actuación importante, he podido organizarme. Suelo dedicarme a trabajos de investigación, por lo que siempre me reservo unas etapas en las que estudio y me pongo al día... Y otras en la que, en este sentido, sé que cada dos años se hace el Festival y es un placer volver a estar en contacto con Ibiza.

¿Qué tal trabaja aquí?

Muy bien porque viene gente de una calidad enorme. Hay que sopesar muy bien lo de los premios, las evaluaciones... Como los concursantes hacen una actuación única, con un programa entero de concierto [de 45 minutos cada uno], es mucho más delicado. Otros concursos tienen diferentes etapas pero creo que éste está mejor pensado porque se da mucha más cancha para que las personalidades puedan manifestarse, con una escala de autores e interpretaciones que denotan la valía del concursante.

¿Es diferente a otros concursos?

Hoy en día hay concursos de diferentes tipos. Se hacen concursos como el Chopin en Varsovia, el de Liszt en Budapest... Pero éste tiene una singularidad por la organización modélica de María Ángeles, que es musicóloga y ha escrito muchos libros, por lo que le da éste tinte científico. Además, es un concurso único en el mundo por el entorno en el que se produce. Aquí hay una ilusión colectiva por acoger la dimensión internacional que tiene el concurso.

Además de lo que supone para los concursantes, que pasan de ir en chanclas por casas payesas a ponerse un frac para actuar...

Desde luego, y es una participación que no olvidan, incluso quienes no se lleven premio. Nunca olvidarán este viaje a Ibiza. Ni esta participación, que tiene una impronta local muy pronunciada y, sin embargo, es 100% internacional.

Sabiendo la oportunidad que genera el palmarés del concurso, ¿es difícil decidir a quién votar?

Lo hace mucho más difícil, pero son decisiones que se toman colegiadamente. Todo es ponernos de acuerdo y dialogar y evaluar mucho. En las evaluaciones yo soy muy puntilloso. Apunto lo que me parecen las interpretaciones, los estilos... El modo del artista de proyectarse...

Entiendo que también influye lo que transmiten al público.

Sin duda. Un artista no sólo es artista por lo que es, sino también por lo que transmite... Por lo que da a los demás y por lo que facilita que los demás lleguen a su arte.

A usted se le reconoce por su atención hacia el ideal sonoro de épocas pasadas y el Barroco, ¿qué le atrajo de ellas?

Estudié en Viena desde muy joven. Allí por descontado se tiene un contacto muy profundo con el mundo de Mozart o de Beethoven. A éste último también he dedicado algunos trabajos de investigación.

De hecho, en el festival que se celebró la semana pasada tocó piezas relacionadas con él.

Toqué unas obras muy interesantes de la relación que tuvieron Beethoven y el archiduque Rodolfo de Austria, que era su mecenas y al mismo tiempo alumno. Rodolfo componía también y, a lo largo de los 20 años de esta relación, ambos produjeron una cantidad enorme de obras. Entre ellas hay algunas de Beethoven muy relevantes, que no son conocidas hoy. Dentro de poco espero publicar un trabajo de tipo científico sobre esta cuestión.

¿Hay piezas por publicar?

Siempre hay obras. Beethoven fue un señor que estaba obsesionado con la música y apuntaba cada idea que se le ocurría en un cuaderno. Además, vivía mucho la naturaleza. Paseaba muchísimo e incluso se inspiraba en las formas de los paisajes. Era único porque el 70% de su obra no la escuchó físicamente, sino que la escuchó dentro de él y su ciencia musical. Es realmente fantástico... Por no hablar de Mozart, de Haydn o de Bach.

De Bach interpretó en 1963 las ‘Seis Partitas’ en un sólo concierto, varias veces además. La crítica le consideró especialista en este compositor alemán.

De Bach se tenía un concepto muy especial en Viena. A mí me interesaron mucho sus antecedentes porque en él se produce una enorme cumbre universal, pero viene de una evolución histórica. A raíz del estudio de Bach me interesó conocer a los compositores anteriores y así descubrí el campo de los organistas españoles del siglo XVI, que es una escuela fantástica en la que he podido hacer un gran trabajo a lo largo de varios años.

¿Fue así como llegó al compositor español del Renacimiento, Antonio de Cabezón, cuya obra grabó con órganos históricos españoles?

Claro. Me interesaban mucho los compositores italianos, los alemanes, tanto del norte como del sur... ¿Cómo iba a ignorar a los españoles? Pero había muy pocas cosas editadas y eran trabajos musicológicos que no trascendían al público general. Yo lo que he hecho es empezar a propagar a estos músicos españoles a todo el mundo. En todos los lugares en los que he tocado he empezado el concierto con alguna obra suya. Además, a mí me gusta mucho mostrar la diversidad de estilos porque dentro del mundo del piano hay una evolución muy larga.

Al mismo tiempo impulsó la recuperación de órganos históricos españoles, ¿cómo llegó a eso?

En el momento de De Cabezón, en el siglo XVI, todos los instrumentos estaban en reproducción y había muchísimas modalidades de teclados. Se componía igual para órgano que para clave o clavicordio y quise reflejar esa gran diversidad instrumental. Aquí había otro tema paralelo, que eran los órganos históricos españoles. Algunos de ellos estaban sin restaurar e hice que se restauraran. Uno de ellos, que estaba en el Monasterio de Santa Clara, en Tordesillas, perteneció a Juana la Loca, y pudimos incorporarlo [al repertorio de De Cabezón] en el último momento.

¿Cuáles más utilizó?

Utilicé instrumentos como el cémbalo y el clavicordio, que tiene el museo Conservatoire de París y el museo nacional germánico de Nuremberg, porque en España no había ningún museo. De España lo que cogí fueron los órganos que me parecieron más idóneos, que fueron 20.

¿Cómo fue llegar a esos 20?

Me dio una experiencia muy amplia aparte del enriquecimiento humano que fue estudiar por la noche en las catedrales españolas. Se reconstruyeron tres órganos en la Catedral de Toledo, otros en la de Burgos, Salamanca, en Villasandino, en Castilla la Vieja (Castilla y León)... Fue una experiencia única porque estaba sólo, cuando no había turistas, con una lucecita y tocando... Pero este trabajo también es un muestrario de la época imperial española, porque De Cabezón fue el músico predilecto de Felipe II y había que recrear esa grandeza artística.

¿Qué destaca de su relación?

Algo que se está volviendo de especial actualidad. Felipe II llevó a De Cabezón, que era ciego de nacimiento, a todos sus viajes europeos, que no fueron muchos. Entre ellos, estuvieron año y medio en Londres... Felipe II se casa con la reina de Inglaterra [María I de Inglaterra], un matrimonio que duró poco tiempo pero en el que se convirtió en rey consorte. En dos años, 2027, se cumplen los quinientos años del nacimiento de Felipe II y esto va a tener muchísima importancia, sobre todo en el mundo de Castilla, ahora Valladolid.

¿Cómo está la música clásica en España hoy en día?

Está presente desde los años 80, desde la Transición y, particularmente, desde que Doña Sofía se insertó en el mundo de los conciertos y las orquestas. Sofía ha estado íntimamente ligada a la música desde su niñez. Cuando vino a un concierto me contó que su madre, la reina Federica, despertaba todas las mañanas a sus hijos con música clásica, y esto también lo muestra la Princesa Irene de Grecia, hermana de Doña Sofía. La Princesa Irene ha estado muy vinculada con el Concurso Internacional de Piano de Ibiza porque desde 1999 es su Presidenta de Honor. De este modo, todas estas evoluciones están reflejadas en este concurso, que ha conseguido hacer de Sant Carles y de Santa Eulària el centro de una gran actuación internacional.

Mientras Ibiza es más conocida por otras cuestiones...

Eso es lo que ha pretendido Jaume Ferrer desde el principio [padre de María Ángeles]. Aquí siempre ha habido personalidades como Erwin Bechtold, que buscaba inspiración [en Sant Carles] dentro de esta soledad, este magnífico paisaje y el mundo del mar... Antonio Colinas, por ejemplo, es un poeta universal que también está vinculado con Ibiza. Esta isla, como las demás del Mediterráneo, son protagonistas para personalidades que se han enriquecido en ellas.

En relación con ello, ¿cómo ve el concurso en los próximos años?

Se irá enriqueciendo. Cada vez hay más concursantes. La producción es imparable... Lo que pasará es que habrá que ampliar los días de concurso, sobre todo de los pianistas mayores [desde 30 años]. Además, hay una proyección internacional cada vez mayor, porque los chicos que pasan por aquí luego mencionan Ibiza y llevan con ellos un poco de lo que han vivido estos días aquí al resto del mundo.

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