Medio ambiente
Los días contados del ‘virot’ y la garduña en Ibiza
La urbanización de los espacios que habían sido su hábitat o la aparición de nuevos depredadores están amenazando la supervivencia de especies en Ibiza y Formentera. Más allá del riesgo que corre la icónica ‘sargantana’ por la introducción de serpientes en la isla, otras especies podrían desaparecer pronto de nuestro paisaje.

Un ‘virot’ sobrevuela las aguas de Formentera. / Jordi Serapio

El virot podría tener los días contados y la garduña, probablemente, ni eso. Por desgracia, la sargantana no es la única especie autóctona en peligro de extinción. Si hablamos de fauna, hay una decena de anfibios, reptiles, aves, mamíferos e invertebrados amenazados, aunque no todos son tan simbólicos ni mediáticos.
La próxima especie que podría pasar a engrosar el listado de especies extinguidas en Ibiza y Formentera es la conocida como fagina, mart o garduña (Martes foina), un mamífero carnívoro de la familia de los nustélidos y que tiene hábitos nocturnos. Pese a que es un animal que en Europa y Asia no corre peligro, en la isla de Ibiza se la da como prácticamente extinguida.
«En el siglo XX, el mart existía en el campo ibicenco. La última vez que se vio una garduña en la isla fue a finales de la década de los noventa o en el año 2000, cuando apareció atropellado un ejemplar en una carretera. La noticia incluso salió en prensa», explica Joan Carles Palerm, biólogo y presidente del GEN-GOB.
Desde entonces, no se ha sabido nada más de este mustélido, con lo que tiene toda la pinta de que se ha extinguido: «En principio, una especie no se puede dar por extinguida hasta que pasan 50 años sin que se haya producido ninguna observación. Quizás quede algún ejemplar por la zona de es Amunts, pero es que no hay ni registros de atropellamientos». Por tanto, si en los próximos 25 años no aparece ningún ejemplar más, ya la podremos declarar oficialmente desaparecida.
Demasiados enemigos para el ‘virot’
Ignoramos cuántas lágrimas se derramarán por la desaparición de la garduña, pero seguramente muchas menos que por el virot o pardela balear (Puffinus mauretanicus), un animal que ha formado parte de la cultura y el paisaje sentimental de los pitiusos, y que incluso es el malnom con el que se conoce a los habitantes de El Pilar de la Mola, a causa del gran número de virots que habitaban en los acantilados de esta zona de Formentera.
El virot está catalogado como especie en peligro crítico de extinción (nivel CR) y también está incluida en el Catálogo Español de Especies Amenazadas. El Consorcio para la Recuperación de la Fauna de las Illes Balears (Cofib) estima que actualmente en las Pitiusas hay 1.317 parejas de virots: 585 en Ibiza (Illa des Bosc, s’Espartar, es Vedrà, es Vedranell, Tagomago, sa Conillera y ses Bledes) y 732 parejas en Formentera (s’Espalmador, s’Espartell, Punta Prima, Cap de Barbaria y la Mola).
Pese a que parece una cantidad importante, los expertos son muy pesimistas. «Lo normal es que en menos de cincuenta años ya no quede ningún virot», reconoce Joan Carles Palerm, que explica que esta ave pone pocos huevos, por lo que es importante que las crías puedan llegar a una edad adulta para mantener el ciclo vital: «Los virots deberían vivir entre 30 y 40 años, pero como muchos mueren antes de su madurez sexual, no hay el número de crías que debería haber».
«Los análisis demográficos que se han hecho en s’illa des Bosc y sa Conillera indican un declive poblacional anual del 14%», confirma Tomàs Bosch, jefe del Servicio de Protección de Especies del Govern.

Un virot en su nido en es Freus. / David García
Las principales amenazas mortales del virot son la muerte accidental de ejemplares adultos atrapados en redes de pesca de palangre; la depredación de los huevos por parte de carnívoros nuevos en su hábitat como las ratas, las serpientes o los gatos asilvestrados, o la confusión que les provoca la contaminación lumínica de la zona litoral, lo que ocasiona que muchos ejemplares jóvenes, en sus primeros vuelos, se acerquen a zonas urbanas y sufran impactos y colisiones.
Animales menos vistosos
Otras especies en peligro y que, en caso de desaparecer, lo harán de manera mucho más discreta, son el escarabajo endémico de Formentera (Akis bremeri), y el calàpet o sapo balear, (Bufotes balearicus). En el caso del escarabajo, y según señala el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico en su catálogo de especies amenazadas, vive en una área extremadamente reducida (1,2 kilómetros cuadrados, al norte de Es Pujols), junto a las lagunas salineras, y que cualquier transformación en el entorno «afectaría notablemente la población de la especie, pudiendo provocar su total desaparición».
Respecto al calàpet, sus posibilidades de supervivencia son complicadas: «No está claro si se ha extinguido ya o está a punto. Había poblaciones pequeñas en Aubarca, Sant Mateu, sa Talaia de Sant Joan… pero es posible que ya haya desaparecido», admite Joan Carles Palerm, quien recuerda que, durante su infancia, en las charcas que se formaban después de llover en es Puig des Molins se podían encontrar «miles» de estos anfibios.
¿Por qué este sapo ha desaparecido de Ibiza y, sin embargo, en las zonas húmedas siguen muy presentes las ranas? Por un lado, está la progresiva desecación de las zonas húmedas de la isla, pero, además, las costumbres del calàpet también han jugado en su contra: «Los calàpets pasan el invierno y buena parte de la primavera fuera del agua. Los cambios en la agricultura, especialmente desde que se empezó a sulfatar, han afectado especialmente a los anfibios que viven fuera del agua. No es el caso de las ranas, que no se mueven en todo el año de las zonas húmedas».

Un ejemplar del escarabajo endémico de Formentera. / D.I.
Especies que no están tan mal
Mientras que algunas especies están en franca retirada, otras se resisten a desaparecer. Un ejemplo es la tortuga boba (Caretta caretta), incluida en la categoría ‘vulnerable’ en el Catálogo Español de Especies Amenazadas, cuya presencia en los últimos años ha aumentado en nuestras costas, ya que ha empezado a usar las playas de Baleares como zona de nidificación.
«En 2019 se detectó la primera puesta de huevos confirmada en Ibiza, y en 2020 se localizó otro nido en la isla. En 2023 se localizaron tres nidos, en las playas de es Figueral, la desembocadura del río de Santa Eulària y en ses Salines», explica Tomàs Bosch, quien señala que «la tortuga boba nidificaba en el Mediterráneo oriental, mientras que la parte occidental era su zona de alimentación. Ahora esto está cambiando». Sin embargo, Bosch es cauteloso sobre los motivos de este cambio de costumbres. Si la tortuga boba ahora hace nido en nuestras costas puede ser debido a que «el cambio climático y el aumento de la temperatura del mar ha provocado este desplazamiento». Es decir, que sean más visibles no significa que haya aumentado su número.
En el caso de la tortuga, sus principales amenazas son la destrucción de su hábitat debido a la urbanización del litoral y la degradación de las playas donde instalan sus nidos; las capturas accidentales; los traumatismos por colisiones con hélices de barcos, y la contaminación marina, especialmente la ingesta de plásticos.
Una especie que parece invisible pero está entre nosotros es la gineta (Genetta genetta). Que no la veamos no quiere decir que no exista. Al contrario, es una especie que se encuentra en un estado de conservación muy saludable.

Suelta de ejemplares de tortuga boba en la playa de es Cavallet. | DANIEL ESPINOSA
«Se distribuye en las zonas montañosas de la isla de Ibiza, principalmente en es Amunts y la Serra Grossa de Sant Josep. En es Amunts se considera abundante y parece que la población está en aumento en los últimos años, pese a que por sus costumbres nocturnas resulta difícil detectarlas», señala Tomàs Bosch.
«Hay muchas ginetas» confirma Joan Carles Palerm, «lo que pasa es que no las vemos. Antes, en el campo, casi todo el mundo tenía un gallinero y era habitual enfrentarse a una gineta que se acercaba a depredar las gallinas. Ahora esto ya casi no sucede, pero que no las veamos, no significa que no las tengamos cerca».
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