Medio Ambiente
Alianza por el Agua en Ibiza: «No demonizamos las piscinas, pero hay que hacer un uso racional»
El director de la Alianza por el Agua, Juan Calvo, advierte de que hay que «poner límites a la masificación turística y al crecimiento urbanístico que ponen más y más presión»

Movilización de protesta en Ibiza de hace ya diez años por la falta de agua y la preocupante situación de los acuíferos por su sobreexplotación. | VICENT MARÍ
El director de la Alianza por el Agua, Juan Calvo, advierte de que el incremento anual de piscinas de los últimos años en Ibiza evidencia la necesidad de que «se ponga límite a la masificación turística y al crecimiento urbanístico que añaden más y más presión». «No hay que permitir más licencias en rústico que implican más piscinas», afirma este doctor en Ciencias Biológicas y especialista en la gestión del agua.
Dicho esto, Calvo afirma que «no hay que demonizar las piscinas», aunque, agrega acto seguido, «hay que hacer una buena gestión y un uso racional del agua»; es decir, «no perder ni una gota, con la reutilización del agua y la búsqueda de sistemas para la reducción de la evaporación». «Este sería el objetivo y, en cualquier caso, evitar el abuso de piscinas enormes o el mal uso que, según nos dicen, se hace en algunas villas donde vacían la piscina cada vez que entran unos nuevos clientes. Ese es el delito», recalca.
Este especialista sostiene que «todo cuenta», pero que, por encima de las piscinas, en lo que hay que poner «la atención» es en las fugas de agua de las redes y en el agua depurada que no se reutiliza y se lanza al mar. «Eso es una barbaridad», apunta Calvo, que destaca que estos dos problemas provocan cada uno la pérdida del agua de «unas 20.000 piscinas al año», casi el doble del total de piletas privadas de la isla. «No hay que perder de vista que esto es lo más importante», subraya Calvo.
Del mismo modo, el director de la Alianza por el Agua destaca que el Govern balear ha constatado un incremento anual de un hectómetro cúbico de las extracciones de los acuíferos, lo que supone un mayor consumo residencial en suelo rústico. También ha subido el uso agrícola, pero Calvo cree que parte de este recurso no se destina a la agricultura. Por ello, incide en la necesidad de que haya «un mayor control» en los consumos de agua en suelo rústico y, evidentemente, en lo que «se construye».
Así, Juan Calvo destaca la importancia de que los ayuntamientos de Ibiza, Sant Antoni y Sant Joan aprueben las ordenanzas de ahorro del agua en cuya elaboración ha trabajado la Alianza por el Agua y que marcan, entre otras cosas, una serie de condiciones para regular el vaciado y llenado de piletas.
El Ayuntamiento de Santa Eulària ya cuenta con una ordenanza que prohíbe el vaciado de piscinas, excepto en casos de reparaciones graves y que, de todos modos, se tiene que notificar previamente a la concesionaria del servicio municipal de agua. Asimismo, el llenado de piscinas se tiene que hacer obligatoriamente con agua desalada. La segunda modificación del Plan Territorial Insular (PTI) de Ibiza también pone condiciones para la gestión del agua de las piscinas, al tiempo que limita su superficie e impide su construcción sobre masas de agua subterráneas (ver página 3).
Limitación de piscinas
Santa Eulària también impide que se pueda construir más de una piscina por cada vivienda. En Vila, el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) contempla, igualmente, una sola piscina por cada promoción de viviendas con un volumen máximo de 45 metros cúbicos y una superficie de 30 metros cuadrados, parámetros que en el caso de las viviendas unifamiliares se reduce a 30 y 15, respectivamente. En Sant Antoni, en cambio, la normativa urbanística no limita la construcción de piletas, pero cuenta con un reglamento que prohíbe su vaciado sin previo aviso y su vertido a la vía pública.
El presidente del Grup d’Estudis de la Naturalesa (GEN-GOB), Joan Carles Palerm, sostiene que el incremento de piscinas «no es sostenible», y se refiere no sólo al gasto de agua para llenarlas sino a las pérdidas por evaporación. «En la situación actual [de sequía], no se debería promover», dice, para agregar acto seguido que sería «importante» saber cuántas licencias han concedido los ayuntamientos en los últimos años.
Control del uso del agua
Sobre las medidas previstas por el PTI y las ordenanzas proyectadas por los ayuntamientos para mejorar la gestión del agua de las piscinas, Palerm señala: «Pueden ser útiles o no, lo cual se puede discutir mucho, pero el problema estriba en que no pueden serlo si no se puede comprobar su cumplimiento. Y nadie puede controlar cómo se llenan las piscinas y de dónde sale el agua. Si no se puede comprobar, no sirven».
El director de la Alianza por el Agua coincide con Palerm en la necesidad de que se avance con los sistemas de control. En este sentido, Calvo apunta que con contadores digitales se puede detectar el llenado de una piscina. «Esto es muy fácil en suelo urbano», indica Calvo, que destaca que en las ordenanzas previstas por los ayuntamientos de la isla se contempla la digitalización de los medidores de consumo.
De todos modos, Calvo va más allá y pide la necesidad de que se instalen también contadores digitales en suelo rústico, especialmente, o al menos para empezar, en «grandes consumidores». «Esto es en lo que hay que centrarse: en evitar el mal uso que se haga del agua. Una persona con una piscina en regla tiene todo el derecho del mundo [de disfrutarla], pero hay que controlar que no la vacíe , que se reutilice el agua del contralavado de los filtros...».
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