Pepita Gabaldar, presidenta de la Asociación Española Contra el Cáncer en Formentera: «El cáncer es real y sólo la investigación puede controlarlo»
Josefa Gabaldar, Pepita, nacida en Alginet (Valencia) en 1956, llegó a Formentera a los 20 años acompañando a Vicente, su marido, arquitecto de profesión, para comenzar un proyecto de vida que un diagnóstico de cáncer destrozó en mil pedazos. Lejos de rendirse, Pepita se recompuso y decidió unirse a un equipo de voluntarios que acompañan a pacientes y familiares en el largo camino que marca esta enfermedad.

Pepita Gabaldar, presidenta de la AECC en Formentera, en el jardín de su casa. | P.M.V.

¿Cómo acabó una valenciana de Alginet en Formentera?
Vine con poco más de 20 años para acompañar a mi marido Vicente Bosh, que era un arquitecto muy bueno y le salió trabajo en la isla. Y desde entonces no nos hemos marchado, a excepción de los cerca de dos años que pasamos en Valencia para que él se tratara de un cáncer en el Hospital La Fe.
Eran una pareja joven, con dos niños muy pequeños y toda la vida por delante. ¿Cómo afectó a la dinámica familiar la enfermedad?
Llevábamos en Formentera unos 18 años cuando le diagnosticaron un seminoma clásico, el tipo más frecuente de cáncer testicular. Antiguamente no se salvaba nadie con este tipo de cáncer y así nos lo dijo el médico. Nos ingresaron en el Hospital La Fe, en Valencia, porque con los niños, que tenían tres años y nueve meses por aquel entonces, era imposible para nosotros seguir el tratamiento en Mallorca. Por lo menos en Valencia teníamos a la familia para echar una mano.
Fue entonces cuando conoció la existencia de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).
Fueron los primeros y casi los únicos en ayudarme en un momento muy difícil. Los voluntarios de la asociación se volcaron conmigo y mi marido con cosas como quedarse con él en el hospital cuando yo no podía o llevarme y traerme a citas médicas. Entonces, pensé en hacerme socia y al regresar a Formentera me hice voluntaria, hace ya más de 25 años.
Su marido sobrevivió a la enfermedad, pero el día a día de toda la familia sufrió un gran cambio.
Vicente superó el cáncer pero las secuelas físicas y psicológicas todavía perduran, debido en parte al tipo de tratamiento que se administraba entonces, mucho más agresivo que los de ahora. De hecho, no pudo volver a trabajar y me encontré sin su sueldo, con dos hijos pequeños y una hipoteca que pagar. Fue muy duro.
Está claro que el cáncer no afecta solo al enfermo, sino también a su entorno.
Totalmente. Nuestros hijos, por ejemplo, no han conocido a su padre sin la enfermedad. Son unos chicos increíbles, pero seguro que lo han pasado mal, porque hasta que Vicente empezó a ir al Centro de Día de Formentera me tenía que ocupar de él para todo, además de trabajar mucho para pagar la hipoteca y los gastos familiares. Así que tenían a un padre que no estaba en plena forma por el cáncer y a una madre sin tiempo para nada.
Dado que el cáncer entró en su familia cuando eran jóvenes, usted a penas ha conocido una vida ‘normal’.
Prácticamente toda mi vida de adulta ha estado marcada por el cáncer de mi marido. Pasas de ser una pareja feliz con niños y con todo el futuro por delante a ser una enfermera. Pero pensábamos que no lo salvaríamos y lo salvamos, eso es lo importante.
¿De dónde salió la motivación para crear la Junta de la AECC en Formentera?
Conocí a mucha gente buena durante nuestra estancia en el hospital de Valencia, hice amigos y conocí todo el trabajo maravilloso que lleva a cabo la asociación. Primero me hice socia y después, con la presidenta de la Junta local de Ibiza de la AECC por aquel entonces, Sue Marí, empezamos a organizar alguna cosa en Formentera, a informar a los pacientes con cáncer de la isla de las ayudas que podíamos conseguirles. Entonces, el famoso oncólogo Javier Cortés, que era el presidente en Mallorca, me propuso formar y presidir una nueva Junta local en Formentera y así lo hicimos, en el año 2014.
Las cosas han cambiado mucho para los enfermos de cáncer y sus familias en la isla.
Los avances son increíbles, porque hasta hace muy pocos años un paciente de cáncer de Formentera tenía que ir como mínimo a Ibiza a recibir tratamiento, cuando no tenía que instalarse directamente en Mallorca porque aquí no había nada. Tenemos un piso de acogida para las familias en Mallorca que, por suerte, apenas se usa ahora. Contar con una sala para recibir quimioterápia en la isla ha sido una mejora en la calidad de vida de los enfermos maravillosa. Gracias al trabajo de mucha gente, ya solo es necesario desplazarse a Ibiza para las sesiones de radioterapia.
¿Con cuántos voluntarios cuentan?
Cuando empezamos éramos ocho o nueve personas, las que estábamos en la Junta de Ibiza que éramos de aquí, y ahora somos 42. Los voluntarios son el alma de la asociación, sin ellos no existiría. Hacen un trabajo increíble, cada uno de ellos según sus posibilidades. Por ejemplo, dos personas se ocupan de hacer compañía a los pacientes que están recibiendo quimioterapia en el hospital, de llevarles un zumito, agua o lo que necesiten mientras están allí. Y otros organizan y participan en las mesas informativas, en la Carrera y Caminata por la Mujer, las charlas en los institutos...
¿Por qué estas personas eligen su asociación para hacer un voluntariado?
Muchos de ellos están relacionados muy de cerca con el cáncer. Algunos por familiares o amigos enfermos y otros son pacientes directamente. También es importante agradecer las aportaciones económicas de los socios, que gracias a ellos existimos y podemos pagar a los profesionales que trabajan para la asociación, que son los únicos que cobran, por cierto.
¿Qué tipo de servicios ofrece la AECC en Formentera?
Todo empieza con una visita a la trabajadora social de la asociación, que es quien determina las necesidades de una persona en particular. A partir de ahí, se la deriva, si quiere, a la psicooncóloga, Paloma Medina, que es un amor de mujer y trata a pacientes y a familiares. Con la ayuda de la secretaria, también de la AECC, se ve qué tipo de ayudas necesita esa persona, porque no hay que olvidar que esta enfermedad sacude todos los niveles de la vida del paciente. Por ejemplo, muchos no pueden trabajar durante mucho tiempo, o quedan incapacitados como mi marido. Pero las facturas tienen que seguir pagándose, así que la asociación también ayuda en ese sentido, en la medida de lo posible. También tenemos un servicio de préstamo de camas articuladas, sillas de ruedas y todo lo que pueda necesitar el paciente en su casa. Parecen detalles pequeños, pero suponen mejoras muy importantes en la vida de un enfermo y de sus cuidadores.
¿Cómo llegan los pacientes hasta ustedes?
Aparte de por todas las campañas que hacemos a lo largo del año , Formentera es un sitio muy pequeño y nos conocemos casi todos. Cuando alguien recibe un diagnóstico, me llaman directamente porque me conocen y yo les pongo en contacto con nuestra trabajadora social.Y a todos les recomiendo que hablen con Paloma, la psicooncóloga, porque aunque al principio crean que no lo necesitan, luego lo agradecen. A mí me ayudó mucho su antecesor, Pablo Rodríguez, que me dijo: «Pepita, ponte las botas y a caminar». Me animó a levantarme y a seguir caminando a pesar de todo. Y a mi marido también le vino muy bien hablar con él.
Esa cercanía puede ir en contra de los voluntarios cuando el enfermo es algún conocido.
Claro. Es muy duro encontrarte en un sillón de la sala de quimioterapia con un conocido que no sabías que estaba enfermo. Y no hay que olvidar que no todos los pacientes se salvan. Muchas veces se ve venir, y no importa cuántos años pasan y cuánta gente has visto en la misma situación, sigue siendo muy doloroso ver a alguien sufriendo, sabiendo que se va a morir. Es imposible acostumbrarse. Personalmente, en algunos casos más graves yo me retiro de la primera línea, porque remueve demasiadas cosas que pasé durante la peor parte de la enfermedad de mi marido y me hace mucho daño. Pero bueno, ayudo por otro lado si puedo.
¿Qué tipo de cáncer es diagnosticado con más frecuencia?
Los que tienen más incidencia en España son el de colon y el de pulmón, el cuarto más frecuente en el conjunto de la población, es la primera causa de muerte por cáncer en España. Según los últimos datos que maneja la asociación, en 2024 se diagnosticaron 32.768 casos de cáncer de pulmón y 23.239 fallecidos por esta causa, sin contar los otros tipos de cáncer asociados, como los de laringe o faringe, y otras enfermedades como las cardiovasculares o cerebrovasculares relacionadas con fumar. En Formentera ha habido muchos casos de este cáncer por culpa del tabaco y la gente sigue fumando. Está probado científicamente que el tabaco mata y todo lo que podamos hacer para erradicarlo, lo haremos, porque a diferencia de otros tipos de tumores, este es muy prevenible. El 80% de este tipo de cáncer está relacionado con fumar, por lo que dejarlo es la principal medida de prevención. Por eso no se entienden decisiones como las del Govern balear, que parece ser que está en contra de la nueva ley antitabaco que quiere prohibir fumar en terrazas y playas. Desde la asociación, vamos a pelear contra esa decisión.
¿Qué hace falta para controlar esta enfermedad o disminuir sus tasas de mortalidad?
Además de campañas preventivas y de concienciación de los diferentes tipos de cáncer, como el de colon, el de mama, el de pulmón o el de piel que hacemos, lo que realmente marca la diferencia es la investigación. El cáncer es real, va a seguir existiendo, pero los avances en investigación lo pueden ir controlando y curando en muchos casos, como el de mi marido, que hace unos años era mortal sí o sí. Si no se investiga, no hay cura, y yo estoy muy orgullosa de decir que la AECC es la asociación que más invierte en investigación, con más de 2.300 investigadores en España trabajando con la Fundación Científica de la Asociación Española Contra el Cáncer en 146 centros de investigación.
Si pudiera pedir algo para la Junta de Formentera de la AECC, ¿qué sería?
Una sede, un pequeño local para tener almacenadas las camas, sillas y demás cosas que tenemos, y para atender a los pacientes o reunirnos con los voluntarios. Ahora nos apañamos con un almacén que nos cede el Consell, una consulta en el Hospital cuando está libre y una sala en el edificio donde está el Juzgado de Paz. Pero en Formentera está complicado, no hay espacios libres y la asociación no puede pagar los alquileres que se piden, prefiere gastar el dinero directamente en los enfermos. ¡Ah! Y también necesitamos a alguien que se quede con mi puesto de presidenta, que ya estoy mayor y necesito que me sustituyan. Pero está difícil, porque es un trabajo complicado en todos los aspectos, sin sueldo y en el que debes estar localizable 24 horas. A ver si alguien se anima, porque también es un trabajo muy agradecido.
Aproveche para hacer un llamamiento al voluntariado en la isla.
Cualquier persona que sienta que quiere ayudar a los que más lo necesitan, que se anime y se ponga en contacto con nosotros, que vale la pena. Le enseñaremos todo lo que necesita saber y seguro que se siente muy bien echando una mano con una enfermedad que parece que nunca te va a tocar a ti ni a tu familia, pero nunca se sabe. Pero también quiero aprovechar para dar las gracias en mi nombre y en el de toda la AECC a los formenterenses por su colaboración y su apoyo, nunca nadie nos ha negado algo que hayamos pedido y siempre han estado disponibles. Muchas gracias.
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