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Joan Lluís Ferrer: «Los que somos de Ibiza tenemos la culpa de todo lo que le ha sucedido a la isla»

Periodista con una larga carrera vinculada a Diario de Ibiza, en sus ensayos Ferrer analiza los cambios sufridos por la isla de Eivissa en las últimas décadas. Su último libro, ‘Ibiza masificada’ (Balàfia Postals), se publica justo en un momento en el que el tema del turismo masivo y cómo gestionar sus efectos está en el centro del debate político y social de la isla. El libro se presenta este jueves en el Club Diario de Ibiza a las 20 horas, la entrada es libre hasta completar aforo. La presentación se enmarca en el programa Idò, de fomento del catalán.

Ferrer sostiene un ejemplar de su libro.

Ferrer sostiene un ejemplar de su libro. / Vicent Marí

David Ventura

David Ventura

Ibiza

Este libro tiene 450 páginas. ¿Cuánto trabajo hay detrás de este volumen?

Hace más de treinta años que soy periodista y que me he ido especializando en este tema, la evolución turística, urbanística y medioambiental de Ibiza. Ya son muchos años siguiendo esta evolución. Desde que en 2015 publiqué mi anterior libro ‘Ibiza, la destrucción del paraíso’, el gran cambio que se ha producido en estos últimos años, la gran transformación, es que no solo se ha intensificado la masificación, sino que se ha producido la aparición de la desigualdad social en la isla. Destrucción urbanística ha existido, por desgracia, desde la década de los sesenta. Masificación turística también, aunque ahora hay más. Pero la gran novedad ha sido la aparición del chabolismo, de tanta gente viviendo en caravanas. Es el resultado de la espiral en la que estamos inmersos.

Tras la crisis económica que empieza en 2008, parece que se instala la idea de que el turismo familiar está sentenciado y empieza la apuesta por el turismo de lujo. ¿Las desigualdades actuales son una consecuencia de este cambio?

Para mí, el símbolo de este cambio es la apertura del Ushuaïa, que marca la aparición de un nuevo modelo basado en los beach clubs y la aparición del turismo de superlujo. Es la era de los macroyates, el boom de los jets privados, de las villas… Esto es el detonante de la situación actual que padecemos. Una cosa en la que insisto en este libro es que es insultante que en Ibiza tengamos esta exhibición del superlujo y el derroche más descarado cuando, a pocos metros, hay gente que tiene que vivir en chabolas, en caravanas o en el albergue de Cáritas, un albergue que se llena, que tiene lista de espera para entrar. Pobreza ha existido siempre en Ibiza, pero tanta gente viviendo en la calle, es algo que no se había visto nunca. Este contraste es la novedad de estos últimos años.

En la vida siempre ha habido pesimistas y optimistas. Antes se hablaba de ‘apocalípticos e integrados’. Están los ecologistas esperanzados y, en oposición, los colapsistas. ¿Usted en qué lado se sitúa?

No hay muchas opciones. Una de dos, o puedes vivir en los mundos de Yupi y decir que no estamos tan mal, síntoma de que has alcanzado tal grado de insensibilidad que no ves la realidad, o bien, intentar ser honesto, ver fríamente las cosas, y admitir que no es que estemos a punto de alcanzar el colapso, sino de que ya estamos dentro de ese colapso. Porque si para entrar o salir en coche de Vila necesitas veinte minutos o media hora, si en Urgencias debes esperar dos horas para que te atiendan, si para llevar el coche al taller debes esperar meses, si no puedes ir a la playa porque no tienes ni dos metros cuadrados donde poner la toalla, si vas a Porroig y te aparece el pirata de turno que no te deja estar ahí…. Es decir, que está claro que nos están expropiando la isla. No es solo la masificación, es que nos la están expropiando. Hay lugares donde los ibicencos ya no podemos ir. No es ser pesimistas, es ver la realidad que tenemos.

¿Pero no hay ni siquiera un pequeño resquicio de esperanza?

Alguno hay. Por primera vez en muchos años se están tomando medidas, como el del control de la llegada de coches. Obviamente, es algo positivo. O la persecución del alquiler turístico ilegal, que se están sancionando con multas considerables. Está bien pero no es suficiente. Son medidas claramente insuficientes porque atacan las consecuencias, pero no el origen del mal.

El autor de ‘Ibiza masificada’, en un momento de la entrevista. | VICENT MARÍ

El autor de ‘Ibiza masificada’, en un momento de la entrevista. | VICENT MARÍ

¿Y cuál sería este origen del mal?

El exceso de turistas. Un exceso que provoca la falta de agua, la falta de vivienda, la privatización de los espacios públicos. Por eso, hasta que no asumamos que debemos reducir la llegada de turistas, las cosas no se arreglarán, serán solo parches.

En el libro dedica un capítulo a la privatización de los espacios públicos, que es un proceso que también se está dando en muchas ciudades europeas de la mano de la gentrificación.

Ha sido un proceso progresivo de usurpación. Efectivamente, esto pasa en muchos lugares de España y del Mediterráneo. No es exclusivo de Ibiza. Lo que sí es exclusivo de aquí es que somos un territorio muy pequeño. Si estás en la península y estás agobiado por la masificación, puedes coger el coche e irte a otro sitio a respirar. En Ibiza no tenemos esta posibilidad. Lo que siempre había sido un paraíso puede acabar convirtiéndose en una cárcel. Antes teníamos todas las ventajas de vivir en una isla y ninguno de los inconvenientes de vivir en una ciudad, y ahora es al revés, tenemos los inconvenientes de vivir en una ciudad y estamos perdiendo las ventajas de vivir en una isla.

Pero este proceso tendrá unos responsables. No es algo que sucede por una especie de maldición divina.

Los culpables de esto somos los ibicencos. Los ibicencos de toda la vida, para que nos entendamos. Esto no es producto de una invasión foránea, de gente desagradable con malas intenciones que han convertido Ibiza en un desastre y que los ibicencos, pobrecitos de nosotros, somos las víctimas. Nada de eso. Hemos sido los propios ibicencos los que hemos vendido indiscriminadamente los lugares donde se han levantado las aberraciones urbanísticas de las que ahora nos avergonzamos. Ahora nos quejamos de que no tenemos agua, pero somos los responsables de promover todas estas urbanizaciones que absorben nuestros recursos. No hay que buscar culpables fuera. No todos los ibicencos han actuado así, obviamente. Lo que sucede es que los ibicencos que se han opuesto a esto y han actuado de manera ejemplar, son una minoría muy ínfima. No tendríamos la isla así si los ibicencos hubiéramos actuado de manera correcta. La propiedad de la tierra aquí siempre ha estado en manos de la gente de la isla, a diferencia de lo que sucede en otros sitios. Los ibicencos hablamos mucho, nos quejamos mucho, pero somos los responsables en la mayoría de los casos.

¿No hay el riesgo de caer en la nostalgia del pasado y en idealizar una isla que ya no volverá?

A nivel práctico, si tienes una enfermedad y tienes que esperar un año para que te operen, esto no es nostalgia. La masificación tiene efectos prácticos en la vida cotidiana. Que tarden seis meses en repararte el coche porque los talleres están colapsados. Y bueno, me he quedado sin coche, usaré el autobús, pero es que tampoco hay transporte público en Ibiza, no hay autobuses. Hay pocas líneas con unos autobuses antiguos que no dan abasto, y eso te condena a tener que usar el coche. Me hace gracia cuando los políticos del PP o del PSOE hablan de que hay una ‘sensación’ de masificación. No es sensación. Que tengas listas de espera porque no hay médicos, porque no hay vivienda digna, no es una sensación, es algo que sucede.

Volvamos a los motivos de esperanza. Hace unos años, conceptos como ‘masificación’ o ideas como limitar la entrada de coches, eran cosas de minorías. Pero ahora esto ha calado y cada vez es más transversal, incluso algunas de estas políticas las están adoptando gobiernos conservadores. ¿No es esto un motivo para la esperanza?

El control de la llegada de vehículos o la persecución del alquiler turístico ilegal está bien, pero estas medidas deben perdurar en el tiempo, no deben depender de si gobiernan unos u otros. Los problemas son de largo recorrido y van más allá de una legislatura. Y sobre todo, las medidas deben ser más ambiciosas, porque aunque se reduzca el número de coches, si siguen llegando turistas y no tienen transporte público, bien que se tendrán que mover. Porque aunque se tomen medidas, si sigue aumentando el número de turistas, no hay nada que hacer, irá a más, nos colapsaremos. Creo que todo debería pasar por una especie de moratoria de implantación de nuevos negocios turísticos, sean cuales sean, no autorizar más para no facilitar la llegada de más turistas. El foco del incendio es este, la llegada de más turistas.

Pero aunque se controle la apertura de nuevos negocios, Airbnb convierte cada vivienda en una potencial residencia turística…

Sobre Airbnb hay una cosa que me hizo gracia, y fue cuando el Consell alcanzó un acuerdo por el cual Airbnb se comprometía a quitar todos los anuncios ilegales. ¡Firman un acuerdo en el que se comprometen a cumplir la ley! Me pareció absurda esa ceremonia porque era admitir tácitamente que hasta ahora no cumplían la ley y, de hecho, siguen sin cumplirla, basta con echarle un vistazo a lo que publica la prensa, o mirar la propia página de Airbnb y ver que siguen ofreciendo alojamientos que son ilegales a todas luces. Es decir, estas plataformas son unos piratas, uno más de los muchos piratas que hay en Ibiza, y que nos están expropiando la vivienda y están aniquilando nuestro derecho a acceder a ella, que se ha convertido aquí en una entelequia, en una utopía. El derecho a la vivienda es algo que aquí solo existe sobre el papel. Además, aquí la solución no es construir más vivienda porque entraremos en una espiral en la que terminaremos con toda la isla edificada de arriba abajo. La clave es parar la llegada de más turistas y detener el crecimiento de los negocios turísticos. Si no, es imposible.

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