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Entrevista

Alejandro Orfila Förster, director del Imedea: «Nuestros modelos predicen la desaparición de la posidonia en las islas a final de siglo»

Doctor en Física, estrena su cargo con la celebración del 30º aniversario del instituto, «centro de excelencia global», y destaca la importancia de una «ciencia con conciencia» para hacer frente a retos urgentes como «el cambio global»

Alejandro Orfila Förster, nuevo directos del Imedea

Alejandro Orfila Förster, nuevo directos del Imedea / GUILLEM BOSCH

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Nair Cuéllar

Nair Cuéllar

¿Qué significa para usted asumir la dirección del Imedea? ¿Cuáles son sus prioridades al frente del instituto?

Asumir la dirección del Imedea [Instituto Mediterráneo de estudios Avanzados] es un orgullo y una gran responsabilidad. Tenemos un pasado que debemos mantener y nuevos retos que consolidar. Todo cambia muy rápido, tanto en la sociedad como en la ciencia, y debemos estar a la vanguardia de temas importantes y cruciales, social y científicamente. El Imedea es un centro de excelencia con el sello María de Maeztu del Ministerio [de Ciencia, Innovación y Universidades], siendo uno de los dos centros de excelencia en Balears, ambos mixtos entre el CSIC [Consejo Superior de Investigaciones Científicas] y la Universitat de les Illes Balears [UIB]. Es una gran responsabilidad y orgullo haber llegado a esta situación después de treinta años. Mi prioridad para el futuro es mantener esa calidad, ser conscientes de la herencia que tenemos y continuar esa trayectoria de excelencia.

Toma el relevo de Gotzon Basterretxea. ¿Qué aspectos de la dirección anterior le gustaría consolidar o potenciar?

Como científicos y directores de institutos, nuestra capacidad de modificar cosas se centra en el aspecto científico y las líneas de investigación. La gestión del instituto está bastante estipulada. Siempre digo a mis estudiantes de doctorado que lo primero es aplicar el sentido común, y si no funciona, aplicar el reglamento. Los aspectos a consolidar son seguir en la senda de la excelencia y fomentar un ambiente de trabajo totalmente colaborativo. También es fundamental establecer nuevas líneas de investigación prioritarias, como la inteligencia artificial, el clima, el cambio climático y la sostenibilidad de las costas.

«Temperaturas extremas y la pérdida de posidonia amenazan el turismo de Balears»

Con su trayectoria en física de fluidos y cambio climático, ¿cómo cree que su experiencia influirá en las líneas de investigación del instituto?

Estamos viviendo un cambio en los paradigmas de la investigación. Desde mi punto de vista, como científico, el cambio global, la subida del nivel del mar y el aumento de las temperaturas tendrán efectos en la economía y el entorno de Balears que deberán ser abordados por imperativo. La economía balear y española se basan mucho en el sector terciario y el turismo. El turismo en nuestras islas se beneficia de la calidad del agua y de temperaturas moderadas. Sin embargo, esto está cambiando. Estamos sufriendo y midiendo retrocesos en la línea de costa, pérdida de posidonia, y noches y días con temperaturas extremas. La posidonia oceánica, una planta endémica del Mediterráneo, que oxigena el agua y contribuye a su transparencia, está amenazada. Debemos hacer un esfuerzo, desde la ciencia y la sociedad, para tratar estos temas. Mi experiencia en fluidos, interacción corriente-fondo y transporte de sedimentos me hace muy consciente de estos aspectos para la sociedad balear.

El Imedea es un instituto mixto del CSIC y de la UIB. ¿Qué importancia le da a esta colaboración y cómo planea fortalecer los lazos entre ambas instituciones?

Es fundamental. La colaboración está en el ADN del Imedea desde su fundación. El CSIC es el mayor organismo público de investigación de España, con 18.000 personas en más de 120 centros, y el Imedea es uno de sus centros marinos de excelencia. La UIB es la única universidad investigadora en Balears, con un gran arraigo social, y marca políticas de ciencia y docencia que calan en la sociedad y la economía. Esta interacción es absolutamente fundamental. Somos más de 200 personas, con 42 doctores en plantilla, muchos funcionarios del CSIC y profesores de la universidad. Trabajamos de forma colaborativa, beneficiándonos del apoyo de ambas instituciones.

Su nombramiento coincide con el 30º aniversario del instituto. ¿Qué balance hace del camino recorrido desde su creación en 1995?

Ha sido una trayectoria larga y no siempre fácil, pero se ha logrado un centro de excelencia en Balears reconocido a nivel mundial. El Imedea es un centro de referencia en sistemas insulares a nivel mundial. Como dije en mi discurso por el aniversario, «a hombros de gigantes», debemos ser conscientes del trabajo de nuestros antecesores, muchos de ellos ya jubilados, que nos han dejado una herencia de la que debemos sentirnos orgullosos y que debemos proteger y continuar.

«Se multiplica por 2,5 la capacidad de carga en verano frente al millón de personas en invierno»

¿Cuáles han sido, a su juicio, los mayores hitos en estas tres décadas?

Los mayores hitos han sido construir y mantener el instituto. Hace 30 años, el Imedea comenzó con dos investigadores, fruto de una apuesta arriesgada del entonces presidente del CSIC y del rector de la UIB, y ahora somos más de 200. Actualmente, contamos con dos proyectos europeos activos y dos más en fase de evaluación. Miembros del Imedea han recibido premios nacionales de investigación y premios Jaume I. Hay muchos hitos que no quiero personalizar, ya que ha sido un esfuerzo colectivo. Todos trabajamos en la misma dirección, conscientes de la importancia de tener un centro de estas características en Balears.

Mirando hacia adelante, ¿qué nuevos retos marcará la agenda del instituto?

Este año nos esperan dos tareas importantes: el plan estratégico, que define nuestra hoja de ruta para los próximos cuatro años, y la renovación del sello María de Maeztu, que se evalúa cada cuatro años. A finales de este año, comenzaremos a trabajar en ellos para presentarlos el próximo año. Ahí definiremos los retos de investigación y hacia dónde queremos crecer, siempre adaptándonos a los rápidos cambios científicos y sociales. También debemos pensar en el crecimiento del instituto. Nuestro espacio es limitado y necesitamos apoyo en otras áreas. Nos faltan técnicos de investigación, que son cruciales para nuestras investigaciones, así como personal de administración y servicios para gestionar proyectos y apoyo informático. Es un gran esfuerzo que debemos hacer en aspectos que a menudo no se ven desde la ciencia, pero que son tremendamente importantes.

¿Cuáles considera que son los principales desafíos ambientales que afronta el Mediterráneo en la actualidad?

Los desafíos son de sobra conocidos. Además de la antropización de las costas, hay problemas de sobrepesca y el uso desmedido de la costa. Desde mi perspectiva de morfodinámica costera, estoy sesgado hacia los efectos de las construcciones en la dinámica litoral. Pero los fundamentales, a mi juicio, están relacionados con el cambio global, el aumento de la temperatura y la antropización del mar. Por ejemplo, la posidonia está muy estresada por la temperatura marina. Investigadores del Imedea, expertos en posidonia, indican que un grado de aumento de temperatura ya la estresa, y nuestros modelos predicen su posible desaparición en Balears a finales de siglo. Esto conlleva muchísimas consecuencias, como la retención de sedimentos, la disipación de energía y la transparencia del agua. Los retos están muy relacionados con el cambio climático y también con el modelo económico que tenemos, lo que nos lleva a cuestionar si es el modelo que queremos seguir como sociedad.

Entiendo que se refiere al turismo, ¿qué papel juega esta actividad en todo este panorama?

El turismo es importante. Piense que en Balears todo lo que se consume debe importarse, básicamente por barco, desde alimentos hasta cualquier producto. Estamos duplicando e incluso multiplicando por 2,5 la capacidad de carga en verano en comparación con el millón de personas en invierno. Esto no es solo un problema de saturación de carreteras o vivienda. Es un modelo que ha funcionado hasta hace poco, pero como sociedad, deberíamos plantearnos si es sostenible.

En el contexto actual de crisis climática, ¿cuáles son las áreas de investigación del Imedea que considera más urgentes?

Todas. En el Imedea hay tres departamentos relacionados de una u otra forma con el cambio climático. Por ejemplo, quienes investigan la ecología de poblaciones de peces abordan temas como la temperatura del agua. El cambio global se traduce en efectos en cada área de conocimiento en la que trabajamos en el Imedea. Hay tres grandes departamentos, y la investigación se agrupa en ocho grupos. Mi grupo, por ejemplo, es de Oceanografía Física y Clima, que forma parte de un departamento junto con el grupo de Investigación en cambio global. Todos ellos tienen implicaciones con la investigación en el cambio global.

Como experto en cambio climático, ¿cree que este hecho podría estar influyendo en los recientes varamientos de mantarrayas?

No soy experto en ese tema, pero me han comentado que, obviamente, es una consecuencia de ese aspecto. Sin embargo, hay gente aquí experta en dinámica de poblaciones de peces que podría dar una respuesta más precisa. Pero sí, me han comentado que está relacionado.

La nacra, una especie única del Mediterráneo, ha estado en una situación crítica, ¿cuál es el estado actual de este molusco?

La nacra o pinna nobilis estaba en claro declive, de hecho, había desaparecido de todo el Mediterráneo Occidental debido a un virus. Hace poco hablé con una investigadora del Imedea al respecto, y me comentó que, aunque no se está recuperando de forma generalizada, han visto algunos signos de recuperación en experimentos de monitorización en Cabrera. El cambio global le está afectando mucho.

La pesca del atún tiene una gran relevancia económica en el Mediterráneo, ¿cuál es la visión del instituto sobre la sostenibilidad de esta actividad?

Es un equilibrio entre la economía y la normativa. La zona sur de Balears es un área de puesta para el atún rojo. Los atunes eligen zonas de confluencia de masas de aguas frías y cálidas, donde se generan frentes y por ello son ricas en plancton y de gran productividad primaria. Viajan desde aguas cálidas como el Golfo de México hasta el Mediterráneo, llegando a estas zonas de frentes entre Mallorca y Ibiza. Los países con flotas atuneras, conscientes de esta dinámica y de la enorme economía que hay detrás, envían sus buques a estas zonas. Es fundamental alcanzar un equilibrio entre lo que se puede pescar y la sostenibilidad de la especie. Si la pesca de atunes impide que generen más individuos, no es sostenible. Por eso debe haber un equilibrio, porque la industria atunera invierte muchísimo dinero.

¿Hay alguna otra especie o ecosistema marino del Mediterráneo que esté en el punto de mira?

La posidonia es uno de ellos, aunque el cambio global tiene consecuencias en todas las especies. La temperatura del mar está alcanzando nuevos récords cada año, y las olas de calor marinas son cada vez más intensas. Esto tiene consecuencias para los ecosistemas vivos, las especies que habitan en ellos y para nosotros como humanos. A veces no somos conscientes de que somos una especie más. Tenemos problemas de eutrofización, especies invasoras, virus, bacterias y floraciones de cianobacterias en las playas. Todos estos problemas deben abordarse.

¿Qué mensaje le gustaría transmitir a la comunidad científica, los estudiantes y la sociedad en general sobre el papel del Imedea y sobre la importancia de la ciencia para la protección del Mediterráneo?

A los estudiantes, que son nuestro motor y razón de ser. Somos un instituto mixto, y aunque el CSIC no tiene competencias docentes directas, estamos muy involucrados en la docencia de doctorado con la UIB. Los estudiantes son quienes liderarán la ciencia y la sociedad en los próximos años, y somos conscientes de ello, dirigiendo innumerables tesis doctorales en Balears. A los investigadores, que sigan trabajando con la misma independencia y libertad que nos caracterizan. No nos mueven intereses económicos ni políticos; hacemos ciencia con conciencia. A la sociedad en general, les transmitiría un mensaje de esperanza e ilusión. Es cierto que se han cometido errores históricos, pero con el esfuerzo de todos, podemos, si no revertir, sí minimizar los efectos de los cambios que estamos experimentando.

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