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Gastronomía

El «combate» entre un atún de 320 kilos y Toni March en aguas de Ibiza

Desde el primer tirón del sedal, Toni March, pescador de la Cofradía de Sant Antoni, tuvo claro que aquel atún que había arrastrado 300 metros de hilo en unos segundos era más grande de lo habitual. No se equivocaba. Tras más de dos horas de «combate» hasta hincarle el gancho, al llegar al puerto comprobó que la pieza era monumental: 320 kilos.

Toni March, de la Cofradía de Sant Antoni, captura un atún rojo de 320kg

Sergio G. Cañizares

Marta Torres Molina

Marta Torres Molina

Ibiza

Eran las ocho y media de la mañana del día de San Juan cuando el atún picó el anzuelo. Antonio Riera Roselló, Toni March, pescador de la Cofradía de Sant Antoni, afrontaba una mañana más trabajando a bordo del ‘Algi’, su llaüt. Desde el primer tirón, supo que ese ejemplar no era como los que captura habitualmente. Lo que no se esperaba es que en su anzuelo se hubiera enganchado un atún de 320 kilos.

El pescador da un corte largo a la pieza. |

Toni March, Nico Santos y Javier Álvarez, en el ronqueo del atún. / Sergio G. Cañizares

Tenía el barco fondeado fuera de la bahía de Portmany, en un punto estratégico para la pesca del atún rojo. «Estamos en plena temporada y es fácil que piquen», comenta un día después, tras vender la pieza y mientras comparte mantel con Javier Álvarez, de Pescados Videla, con quien celebra la monumental captura. Como todos los días que sale en busca de atún rojo, que pesca a brumeo, había echado el ancla y cebado las aguas con sardinas y jureles. «Pescado que huele y que suelta aceite», comenta. Pescado al que los túnidos no pueden resistirse, vaya. En las cañas de popa, que van ancladas al barco, había puesto cebo vivo. «Caballa», detalla.

No hacía ni diez minutos que había fondeado, estaba aún preparando la segunda caña cuando el atún picó. En cuanto sintió el primer tirón en una de las cañas ya supo que la presa era grande. Muy grande. «Pudo llevarse, en ese primer tirón, unos 300 metros de sedal», calcula March, que detalla que las cañas tienen mil metros de carrete. Empezaba el «combate». «Son pescados que tiran muy fuerte», indica. Lo primero, retirar las otras cañas, para evitar que los sedales, durante la lucha, se enredaran. Después, levar el ancla, por el mismo motivo. Y empezar «a trabajar» el atún. En palabras para los profanos: cansarlo. Agotarlo. Intentar que no se escape. Que no se suelte del anzuelo y que no rompa el sedal.

«Fueron dos horas. Relativamente corto para el tamaño del atún», relata March, que se dedica a la pesca profesional desde hace cinco años pero que lleva toda la vida amando el mar (la Mar) y practicando pesca recreativa. «Desde niño. La mar me ha tirado siempre», explica.

Capturar un atún como el del martes requiere pericia, pero también algo de suerte. Es necesaria, reconoce. Y así pasó las dos horas y pico de combate. Navegando despacito, a dos nudos, más o menos, parando de vez en cuando, asegurándose de que el enorme túnido no se separaba mucho de su popa, acercándolo cada vez más y manteniendo siempre el hilo tenso, procurando que el pez no cruzara por debajo del casco ni se colocara a proa. En ningún momento pensó que se le escaparía. Confiaba. «Hay que pensar de forma positiva, la psicología influye mucho», reflexiona el pescador ibicenco, que reconoce que este tipo de pesca se le da bien. «Pocos días he fallado», afirma. Eso sí, hay veces que los atunes son de 40 kilos, otros de 150 y la mañana del 24 de junio, de 320 kilos.

Durante esas dos horas de Toni March contra el atún éste se mantuvo en todo momento cerca de la superficie. Fue un buen combatiente. Noble. No le puso las cosas especialmente difíciles. Tras más de 120 minutos, se acercó lo suficiente a la popa del ‘Algi’ como para que March le hincara el gancho, le pasara un cabo por la cola y diera por concluida la pesca del atún más grande que ha capturado hasta el momento.

Lo lógico y habitual hubiera sido izarlo al barco, meterlo en el cofre con hielo y desangrarlo. Procurarle un trato «exquisito». De rey. Hay que vigilar dónde se clava el gancho, para no dañarlo. Lo ideal, en la boca, y tirar de él hasta acercarlo. Y procurar que no reciba ni el más mínino golpe para que no se generen hematomas que dañen la carne. Con esas dimensiones, imposible subirlo al barco, así que Toni March y su atún de 320 kilos regresaron al puerto de Sant Antoni como si el pescado fuera en un sidecar, pegado al casco. «El llaüt es pequeño, de seis metros, y el atún medía 2,55», contesta cuando se le pregunta si el pescado era más grande que el barco.

El primero en enterarse, el Ministerio de Pesca

Si alguien piensa que lo primero que hizo March al asegurar semejante captura fue llamar a sus compañeros de cofradía o a su familia para explicar la gesta, se equivoca. Lo primero que hizo, aún en la mar, fue enviar un correo electrónico al Ministerio de Pesca. Es obligatorio. Tienen un cupo por temporada y tienen que comunicar todas y cada una de las capturas de atún rojo que efectúan. De hecho, a primera hora de la mañana, cuando sale, también tiene que comunicarlo. «Y hay que enviar una comunicación por cada ejemplar», detalla. Así como, después, un «diario de pesca» en el que se indican la hora de salida, la de llegada a puerto, la profundidad... Estos pescados, ya en puerto, se marcan con dos etiquetas diferentes: la del Ministerio de Pesca y la de Peix Nostrum. «Dos pendientes», bromea.

Javier Álvarez, a punto de meter el atún en el camión. |

Las dos etiquetas obligatorias que debe llevar el atún. / Sergio G. Cañizares

Con los deberes hechos, entonces ya sí, llamó a unos cuantos compañeros para que le ayudaran al llegar a puerto. Hubo que sacarlo del agua con la grúa que tiene la Cofradía. Y ahí fue cuando lo pesaron. Ni el buen ojo del pescador atinó con las dimensiones del túnido: «Calculaba que podría pesar unos 270 kilos, pero eran algunos más, 320». Ahí pasó la noche. Reposando.

320 kilos de atún a 14,50 euros el kilo

Empezaba el siguiente combate: vender la pieza. «Son más fáciles de vender las piezas pequeñas. Esto son muchos kilos de carne. Hace falta un restaurante que le dé salida y que tenga infraestructura para almacenarlo». Y ahí entró en escena Javier Álvarez, distribuidor. Compra y vende pescado. Y tenía claro que esa «fumada de atún», como le llaman a estas capturas tan grandes, tenía que encontrar su sitio. Y lo halló: Es Mercat. «Para esto hace falta un pescador loco, un distribuidor loco y un jefe de cocina loco», afirma refiriéndose a Nico Santos, el encargado de convertir esos 320 kilos de atún en deliciosos bocados. Muchos bocados. March no tiene problema en contestar cuando se le pregunta cuánto le han pagado por semejante pieza: «14,50 euros por kilo, sólo hay que multiplicar». Por si a alguien le hacen los ojos chiribitas, el ibicenco matiza: «No todos los días son así, ni mucho menos».

Las dos etiquetas obligatorias. |

March corta el atún. / Sergio G. Cañizares

Los tres, pescador, distribuidor y chef, se encargaron durante la mañana del ronqueo del atún. Del despiece. Aunque para eso había que trasladarlo desde Sant Antoni hasta Vila. Una labor también complicada. La pieza a duras penas cupo en el camión de Pescados Videla. Llegaron a pensar que la cola no entraría. Pero con mimo y maña, el futuro tataki acabó encajando. Y ya en el restaurante, cuchillos afilados en mano —«no tenemos lo suficientemente grandes para esto»—, despiezaron el atún. «Ha roncado bien», comenta el pescador recordando el sonido de la hoja deslizándose sobre las espinas, bien pegada a ellas para no desperdiciar ni un gramo de carne. «Era tan grande que era imposible hacerlo en una mañana uno solo», comenta Álvarez, que confiesa que estos dos días se ha divertido «como un enano». Sobre todo cuando ve que la pieza se la queda un establecimiento que apuesta por el producto de la isla, que valora el atún rojo pescado con caña por un pescador de aquí. «Una pieza como esta, tan grande, no se la rifan», apunta Álvarez mientras en el restaurante en el que celebran —Toni March con un shandy y Javier Álvarez con una caña y un poco de agua— les toman la comanda.

Han pedido una sirvia a la plancha y un tartar de atún. «No del del martes, de otro que les traje otro día», indica March. Aunque los dos se definen como todívoros, reconocen su debilidad por el producto del mar. «Me gusta la carne, pero pescado podría comer todos los días, carne no», explica el pescador, que confiesa que su bocado favorito son los serrans y destaca la importancia de cocinar cada pescado como se merece para obtener todo el sabor. El gerret, frito, torrado o con arroz. Y el atún, «en tartar, crudo, salvo que sea la parpatana, que al horno está espectacular».

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