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Campaña 'Menys plàstic, més aixeta': «Un litro de agua embotellada cuesta lo que 100 litros del grifo»

Alianza por el Agua une a profesionales del sector del agua y los residuos en el Club Diario de Ibiza para concienciar sobre los impactos que tiene comprar agua en botellas de plástico y animar a la ciudadanía a beber la de casa, que es «apta para el consumo humano» en todos los municipios de la isla.

Mesa redonda con la participación de los concejales de medio ambiente de todos los municipios de la isla.

Mesa redonda con la participación de los concejales de medio ambiente de todos los municipios de la isla. / MARCELO SASTRE

Estela Torres Kurylo

Estela Torres Kurylo

Ibiza

Pasar de consumir agua embotellada a beber la del grifo es complicado, sobre todo por culpa del pensamiento extendido de que el agua no está buena en Ibiza, pero ya hace tiempo que esta idea es errónea y obsoleta. Los propios concejales de medio ambiente de algunos municipios de la isla admiten que les costó, pero consiguieron superar mitos como el que dice que el agua del grifo «lleva demasiada cal» o «sabe muy mal»: «En los años 80 me sorprendí cuando en un viaje a Granada nos sirvieron agua del grifo en una jarra antes de comer porque no estaba habituado a ello», recuerda el concejal de Sant Joan, Andreu Roig Marí, sin olvidar esa idea que hay en las islas. «Yo misma empecé a beber agua del grifo a partir de una cata que se hizo aquí [en el Club Diario]», señala la concejala de Santa Eulària, Mónica Madrid, en referencia a una campaña que retó a distinguir ente agua del grifo y embotellada, algo que demostró no ser tarea fácil porque una y otra no saben tan diferente.

Para incentivar el consumo de agua del grifo e incidir en que es el momento de dejar de beber agua en botella de plástico, este miércoles el Club Diario de Ibiza acoge una jornada de debate en el marco de la campaña ‘Menys plàstic, més aixeta’, organizada por Alianza por el Agua, que evidencia que, al menos en la mayoría de núcleos urbanos de la isla, el agua del grifo se puede beber.

El agua «de calidad»

«Es difícil no apostar por el agua del grifo», indica al inicio de la jornada Luis Babiano, gerente de la Asociación Española de Operadores Públicos de Abastecimiento y Saneamiento (Aeopas), tras mencionar que, además de ser más barata y no requerir transporte, «el agua del grifo es sana». Pero no hay percepción de ello, según valora el conseller insular de Medio Ambiente, José Ignacio Andrés, que se ha fijado estos días en los carros de la compra «llenos de agua embotellada».

Para transmitir esa «imagen de calidad», según comenta Babiano, hay que ampliar la «transparencia» y «favorecer el acceso al agua potable desde grifos en la calle», algo que, tras salir a correr por Ibiza, no ha encontrado: «He visto parques y zonas de deporte pero ni una fuente en nueve kilómetros, lo que significa que en la isla el agua no está visible».

Para Babiano esto debe cambiar porque «la peor agua que hay es el agua embotellada»: «Pertenece a grandes grupos, no está en el régimen ordinario de ley de aguas y se guía por la ley de minas del régimen franquista, que blinda los intereses privados sobre los manantiales», destaca.

Impactos en los ecosistemas

En esta línea, Roser Badia, directora territorial de la fundación Rezero en Mallorca, recuerda (conectada telemáticamente con la jornada) los impactos que produce el plástico: «Tenemos un modelo de producción y consumo que lleva nuestros residuos al mar... No se recicla ni un 30% de lo que se produce», y a esto se suma que, según comprobó la organización en un estudio de 2019, «el plástico acaba en nuestro organismo».

«Un 40% de los plásticos que se fabrican hoy en día están en la basura en menos de un mes, por lo que se producen para periodos muy cortos», continúa Badia con otro dato que, además, indica que se agrava en Ibiza por la cercanía del final de la vida útil del vertedero de Ca na Putxa (estimada para 2028).

Joan Carles Palerm, responsable de Fundació Deixalles en Ibiza, también proporciona datos desde el escenario: «Alianza por el Agua calcula que cada ibicenco consume tres kilos de agua embotellada al año, lo que son 450 toneladas de plástico entre todos, y esto supone casi el 5% de todo el contenedor amarillo», comenta, sobre una cifra que estima que sería posible liquidar.

Por si las diferentes cuestiones planteadas aún no han convencido, Francisco (Xicu) Riera Torres, responsable de calidad de agua en Aqualia Balears, revela el dato que suele calar en la población, aquel que toca el bolsillo: «Aproximadamente 100 litros de agua del grifo cuestan lo mismo que un litro en el supermercado». Además de esto, señala que el coste de producción del agua del grifo tiene «simplemente un impacto ambiental energético de producción en la desaladora o de bombeos para llevarla a las viviendas», mientras que para producir un litro de agua embotellada «se necesitan tres litros de agua». A esta receta destructiva Riera le añade que para producir un litro de agua también se necesitan 100 mililitros de petróleo, 80 gramos de carbón y 42 litros de gas natural, como muestra en una diapositiva.

El coste del plástico

En este momento quizá muchas personas piensen, además, en el esfuerzo que supone, tras hacer la compra, cargar con esas botellas hasta casa, acto que, como se evidencia en la jornada, «es innecesario». En el caso de Aqualia, gestiona el Servicio Municipal de Aguas de Ibiza, que abastece a Ibiza, Sant Josep, Santa Eulària y Sant Joan, donde todos los núcleos urbanos reciben «agua apta para el consumo humano», tanto en invierno como en verano, cuando se mezcla agua desalada con agua de pozo para dar abasto a la demanda. «Sólo el 0,5% del total de agua abastecida en estos cuatro municipios recibe agua no apta y se está trabajando para optimizar los rendimientos para que llegue agua a todo el mundo», concluye Riera.

En cuanto a Sant Antoni, Luis Miguel Redondo, jefe del Servicio Municipal de Agua, que gestiona Facsa, también apunta que «el agua que se suministra en el municipio es apta para el consumo y mucho mejor que el agua embotellada». Sin embargo, según matiza y se trata en varias intervenciones de la jornada, «el mayor riesgo que hay es que se trata de un recurso limitado», lo que hace necesario «el uso de un aporte externo, en este caso el agua desalada, y la reutilización de agua regenerada, que es algo que [en la isla] todavía está en fase inicial».

Antes de ello, en materia de transparencia, tanto Redondo como Riera recuerdan que las webs de Aqualia, Facsa y el Sistema de Información Nacional de Aguas de Consumo (Sinac) ponen a disposición de los usuarios información sobre la calidad del agua de grifo, que pasa periódicamente analíticas de control.

Con esto en mente, los concejales de medio ambiente de la isla coinciden en que se debe trabajar para concienciar a la población para que consuma agua del grifo, aunque reconocen que las fuentes son algo más complicado ya que requiere una buena organización para garantizar que no se generen pérdidas.

«Debemos unirnos para hacer campañas impactantes», apunta la concejala de Sant Josep de esta área, Felicia Bocú, que incluye en ello modificar la mentalidad de quienes «cambian el agua de la piscina cada vez que cambia el inquilino». Para impulsar esta transformación, la mesa de debate también plantea que los niños y su cantimplora son la punta de lanza «porque desde casa ya van con la botella para rellenar, igual que piden separar los residuos o avisan a los abuelos para no beber agua embotellada», indica la concejala de Medio Ambiente de Sant Antoni, Pepita Torres.

Por su parte, el concejal de Medio Ambiente en Ibiza, Jordi Grivé, sugiere utilizar tratamientos como la ósmosis o las jarras con filtro de agua para mejorar el sabor del agua del grifo. Juan Calvo, director de Alianza por el Agua, va un paso más allá y aconseja echarle una «rodaja de limón o un trozo de rama de pino».

Agua desalada para «las zonas turísticas»

Joan Tur Roselló, vicepresidente de la Unión por la Defensa del Agua (UDA), y Paco Planells, vocal de la asociación, intervinieron en la ronda de preguntas para denunciar la «sequía del campo» en Ibiza y que, durante el verano, el agua se saque «de zonas rurales para llevarla a zonas turísticas». Por este motivo, reclaman que esta agua también se saque «de desaladoras y no de pozos».

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