Bienestar social
Apfem celebra treinta años: "Uno de nuestros principales problemas es la vivienda"
Cada vez es más difícil encontrar pisos para el servicio de vivienda supervisada. La asociación pro salud mental celebra sus treinta años con una gala en Jesús

Gala del 30º aniversario de Apfem / Vicent Marí

«Hemos pasado de la caridad a los derechos». Esta frase se repitió en varias ocasiones durante la gala del treinta aniversario de Apfem (Asociación Pitiusa Pro Salud Mental) que se celebró ayer por la tarde en el Centro Cultural de Jesús. Una frase que resume el gran cambio en positivo de la atención a la salud mental en Ibiza en este tiempo: de sobrevivir a base de pedir ayudas, a tener unos derechos reconocidos y consolidados gracias a la cartera de servicios sociales y a todos los servicios que se han concertado con las administraciones.
Sin embargo, ahora los problemas vienen de otro lado, y es la misma amenaza que atraviesa y condiciona toda la sociedad ibicenca: la falta de vivienda a un precio asequible. La burbuja de precios favorecida por la desregulación del mercado inmobiliario también está afectando a la atención a la salud mental, como explica la gerente de Apfem, Antonella Greco.
«Nosotros hemos creado un servicio de vivienda supervisada para favorecer la autonomía y emancipación de las personas dependientes. Hemos creado este recurso, es un derecho que hay en Ibiza», explica Greco. El problema es que, con la escalada de precios, los costes para lograr una vivienda se han disparado: «En la actualidad tenemos a nueve personas en lista de espera para disponer de este recurso, lo que son muchísimas».
Trabajadores que se van
Explica Greco que hace cuatro años, gracias a una línea de ayudas del Govern balear, consiguieron fondos para comprar una vivienda y reformarla. Pasado este tiempo, vuelven a necesitar viviendas para sus programas de emancipación.
La otra manera en la que la crisis de la vivienda impacta en Apfem es por la dificultad de encontrar profesionales: «Ha habido una estampida de trabajadores. En el último año se nos han ido diez. Por un lado, y a causa del proceso de estabilización de educación, se han ido porque allá los salarios son más altos. Pero el principal motivo es el de la vivienda. La gente se está volviendo a la península. Es un tema que nos afecta a nosotros y también a otras muchas asociaciones».

Usuarios de Apfem participaron en una representación teatral. | VICENT MARÍ
«Hemos creado una demanda, unos derechos, pero estamos preocupados porque si no tenemos personal para cubrir estos servicios, es un problema», admite Greco.
La vivienda es el principal nubarrón para una asociación que conoce de primera mano lo que es la resiliencia y pasar años críticos, ya que Apfem estuvo a punto de desaparecer en el año 2012 a causa del enorme agujero económico que sufría. No obstante, gracias al trabajo de su equipo, no solo remontó sino que se ha convertido en un ejemplo de éxito, consolidando derechos, ampliando servicios y mejorando la calidad de vida a las personas con problemas de salud mental.
Voces de usuarios
La gala de ayer fue también una fiesta y un encuentro de usuarios y familias, cuyas historias personales son vivos ejemplos del camino que ha hecho Apfem durante estos últimos años. Una de las personas que no se quiso perder la gala fue Irene Llos, quien acudió acompañada de su hijo Moisés, que padece trastorno del espectro autista.
«Mi hijo tenía tres años cuando entró en Apfem, y este domingo cumple 29 años. ¡Lleva allí toda la vida!», explica Irene: «Moisés no habló hasta los diez años. Fue picar piedra e insistir. Y llevarle al logopeda. Logopeda, logopeda y logopeda. Ha mejorado mucho y ahora mismo está muy motivado».
Gracias a Apfem Aktúa, que es el programa de inserción laboral de la asociación, Moisés ha encontrado trabajo: «De pinche de cocina», dice él, serio, mientras agarra una gorra que es su objeto de apego. «Es difícil saber lo que pasa por su cabeza. A veces notas que quiere estar solo, en su mundo. Otras veces está más comunicativo», explica la madre.
José Vicente Chica se acerca a Moisés, le da la mano y se interesa por él. Chica es también usuario de Apfem. Habla con calma, seguro de sus palabras, con voz grave y radiofónica. Explica con orgullo que estudia oratoria y que está escribiendo un libro sobre salud mental: «Mi diagnóstico es de esquizofrenia paranoide, pero yo no soy esquizofrénico, tengo esquizofrenia, que no es lo mismo. Yo soy más que mi diagnóstico».
Con sorprendente aplomo, explica algunos de los síntomas de la esquizofrenia: «Escuchas voces, tienes falsos ‘déjà vu’, tienes como vidas paralelas que no existen y megalomanía, te sientes el salvador del mundo». Explica que está en un proceso de construcción personal: «Estoy invirtiendo en mí», y señala lo importante que ha sido en su vida llegar a Apfem.

José Vicente Chica, uno de los usuarios de Apfem, asegura que ahora ve el futuro con optimismo. | D.V.
Premios y reconocimientos
La gala arrancó con una presentación de María Augusta Mora, presidenta de Apfem desde el año 2012. «Mi hijo Marco tiene síndrome de Charge y autismo. Ahora asiste a un grupo ocupacional de nueve a cuatro y media de la tarde. Antes, esto no hubiera sido posible. Apfem es su familia y su casa».
Recordó Mora también las dudas que tuvo cuando le ofrecieron la presidencia de la asociación, en un momento en el que el futuro de Apfem no estaba claro: «Por suerte me encontré un equipo que me ayudó. Eran solo cuatro profesionales, pero que no se rindieron nunca».
Uno de esos cuatro era la gerente, Antonella Greco, que recordó que, al principio, no tenían ni un espacio donde atender a sus usuarios, y que «compartíamos un local con una señora que hacía yoga. Al final, con poco dinero, arrancamos con el primer concierto social, nos cedieron una vivienda, la pintamos y arreglamos. Desde ahí, conseguimos ir estabilizando, con la facturación y la concertación de servicios, hemos dado viabilidad y estructura a Apfem». Un crecimiento que les ha permitido tener, a día de hoy, un centenar de trabajadores y atender a cerca de 700 personas.
Después de la proyección de un vídeo documental sobre la asociación, se realizó una entrega de reconocimientos a personas y entidades que han apoyado a Apfem a lo largo de su trayectoria. Así, se reconoció a los trabajadores de la Unidad de Salud Mental del Área de Salud Pitiusa, encabezados por la psiquiatra Cristina Merino, por «defender con nosotros los derechos en salud mental, por estar en lo cotidiano, en lo difícil y también en lo esperanzador».
El siguiente premio fue para el Consell de Ibiza, por «apostar por la estabilidad de los servicios a través de los conciertos sociales. Gracias por entender que cuidar, acompañar y proteger necesita continuidad y estructura». Recogió el galardón la consellera insular de Bienestar Social, Carolina Escandell, quien señaló que todo el mérito era del «enorme equipo del Consell en servicios sociales, personas con muchísima experiencia y empatía».
Se reconoció también a la federación de asociaciones Discared, cuyo vicepresidente, José Luis Jofre, recogió el galardón: «Tenemos unos recursos estables que antes eran impensables. Ahora somos una sociedad más justa e inclusiva. Ya se ha acabado eso de hacer paellas para recaudar dinero».
Otro de los galardones fue para Mercedes Prats y toda la sección de atención a las personas con discapacidad del Consell de Ibiza, porque «permiten cada día la gestión y rigurosidad necesaria para la correcta atención a la población que atendemos entre todos».
También se reconoció a Víctor Rodríguez, director clínico de la Fundación Lovaas de Barcelona; a Foqua, la asociación Fórum por la Calidad; y al director del centro penitenciario de Ibiza. Se entregaron placas a empresas que han ayudado a Apfem a lo largo de su trayectoria, como Pikes, Palladium Grupo Matutes, Caixa Colonya, Caixabank, Six Senses, Servicios Palau, Concept Group, Fundación Julián Vilás e Ibizahire.
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