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Vivienda | Una mirada al pasado

Consejos contra la especulación y el «fantasma del desahucio» en la Ibiza de los 80

Desde asesorarse con un abogado a investigar bien la finca. Son algunos de los consejos que publicaba Diario de Ibiza a principios de 1982 para todos aquellos que buscaban casa para alquilar «pasando por la especulación que acorrala y agobia la economía familiar» de los ibicencos.

Imagen de una postal de Ibiza de los años 80.

Imagen de una postal de Ibiza de los años 80. / DI

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Marta Torres Molina

Marta Torres Molina

Ibiza

«Abuso». «Ambición». «Aprovechamiento». «Especulación». Son algunas de las palabras con las que los ibicencos (de nacimiento y de adopción) de la Ibiza de principios de los años 80 describían la situación del alquiler de viviendas en una serie de pequeñas encuestas de calle que hacía Diario de Ibiza a personas «entre los más variados estratos y profesiones». «La respuesta general, rotunda y sin apelación a la encuesta realizada es que son muy caras para el trabajador isleño», se lee en un artículo publicado el 7 de marzo de 1982.

Algunos de quienes, durante semanas, habían atendido a la pregunta de este diario sobre el tema del alquiler hacían mención a las estafas con las que se habían encontrado. ¿Les suena de algo? Pues 43 años separan estas situaciones gemelas y un mismo problema, el del acceso a la vivienda, que no se ha atajado. Ya en el 82 se recordaba desde estas páginas a «las fuerzas políticas» que «deberían hacer algo». «Siempre y cuando no se dañen en sus intereses, ¡faltaba más!», ironizaba el artículo, que se publicó sin firma y que tenía como objetivo aconsejar a quienes se encontraban en la difícil tarea de encontrar un alquiler asequible.

«En apoyo a los inquilinos»

‘Alquileres de viviendas: diez puntos a tener en cuenta antes de alquilar’, se titulaba la pieza, que compartía la página 7 con temas muy variopintos: Vicente Segovia preparaba «a fondo su musculatura» para el Campeonato de Europa, la confesión de Janet Cook de que la historia con la que había ganado el Pulitzer era falsa y la previa del Festival Internacional de Música Clásica. Así, el texto se escribía «en apoyo a los inquilinos» que lidiaban con «la especulación que acorrala y agobia la economía familiar» de los ibicencos. Y, tras estas reflexiones, las cosas que debían tener en cuenta quienes buscaban un alquiler, consejos del organismo «Defensa del Consumidor», matizaba el artículo. «Algo es algo», señalaban en la información, en la que los caseros no salían muy bien parados.

«Tenemos que considerar como idea primordial la falta de libertad de contratación que tiene el arrendatario, enfrentándose siempre a las cláusulas del contrato que impone el propietario en inferioridad de condiciones», señalaba el texto antes de dejar clara la indefensión del posible inquilino con una frase que, como se dice ahora, tanto nos resuena en la Ibiza del siglo XXI: «O lo toma u otro vendrá, indefectiblemente, que aceptará las condiciones impuestas».

El decálogo comenzaba con una recomendación clásica, huir de viviendas subalquiladas: «Obtendrá usted menos garantías». En segundo lugar: «No alquilar pisos de propietarios privados en fincas de comunidades de propietarios. Siempre tendrá sobre usted el fantasma del desahucio».

También se recomendaba a quienes le habían echado el ojo a una vivienda en alquiler que hicieran de detectives: «Investigue si la finca es de renta limitada, protección oficial o está acogida a algún plan especial». El objetivo: que no les timaran, ya que todas estas opciones tenían una limitación de precio. Lo mismo con los incrementos anuales, que debían ajustarse «al incremento del coste de la vida».

Los consejos dejaban claro a los posibles inquilinos que el ya mencionado «fantasma del desahucio» se podría cernir sobre ellos de forma inexorable si el propietario necesitaba el piso para él mismo. O para «sus hijos o nietos (también los naturales), padres y abuelos». Les recordaban que debían abonar un mes de fianza que el propietario tenía que depositar «en la Cámara de la Propiedad Urbana» y, si el alquiler lo tramitaba una agencia, no les quedaría más remedio que abonar un mes extra para ella «en concepto de honorarios». «Este punto no está regulado por la ley, pero al ser las agencias privadas, lo exigen en pago por sus servicios. De aquí se desprende la necesidad de que estas agencias sean oficiales y faciliten sus servicios de una manera gratuita», añadía el texto, que insistía en la importancia de «leer con atención todas las cláusulas» del contrato y «asesorarse mediante un abogado».

Propietarios usureros

Por último, para quienes tuvieran la suerte ¡al fin! de alquilar algo, se les informaba de que, a la hora de convertirlo en su hogar dulce hogar no podían tocar paredes, suelos o instalaciones —«elementos estructurales de la vivienda»—, pero sí empapelar o pintar. Las reparaciones, además, insistía la lista de consejos, debía pagarlas el propietario de la vivienda.

El artículo, en el que se dejaba caer la idea de que en Ibiza se creara una «Cámara de Inquilinos» como en otras ciudades, sacaba una conclusión que dejaba bien clara en el último párrafo: «Podemos afirmar que el arrendatario está en franca desventaja de cara a los propietarios que especulen de una manera usurera con sus propiedades».

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