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Tecnología

Ibiza Tech Forum 2025: «El paraguas legislativo para la innovación es medieval»

La segunda jornada del Ibiza Tech Forum 2025, que dura hasta mañana, se centra en debatir las necesidades que requieren las ciudades y las empresas para alcanzar retos en materia de innovación. Entre ellos, se trata la colaboración del sector público y el privado y no olvidar la participación ciudadana.

Debate sobre ‘Laboratorios Mediterráneos de Innovación’ durante la segunda jornada del Ibiza Tech Forum.

Debate sobre ‘Laboratorios Mediterráneos de Innovación’ durante la segunda jornada del Ibiza Tech Forum. / ETK

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Estela Torres Kurylo

Estela Torres Kurylo

Ibiza

Que hoy en día se hable de hacer turismo en el espacio, se pueda pedir un medio de transporte haciendo un clic en el teléfono o se cuente con plataformas capaces de enviar un WhatsApp a los turistas con las mejores ofertas que hay en el lugar que visitan es fruto de mucho trabajo, que implica innovación. Y ésta no se alcanza con efectividad si no hay detrás de las mentes brillantes elementos tan relevantes como la regulación y el capital. Tiene que haber dinero que financie proyectos y normativa que garantice la seguridad de los usuarios pero, además, hay que escuchar a la población para que las novedades sean acordes a las necesidades. Es lo que tratan este miércoles las diferentes ponencias de la segunda jornada del Ibiza Tech Forum, que celebra este 2025 su tercera edición.

La cumbre tecnológica durará hasta mañana y tiene previsto reunir a más de 150 ponentes internacionales y más de 500 asistentes. Algunos de ellos, la gran mayoría expertas y expertos del sector, asisten esta mañana al debate que trata sobre smart cities o ciudades inteligentes, algo que «no significa otra cosa que utilizar la tecnología para facilitar la gestión», como que todos los semáforos de una ciudad funcionen bien o que no se riegue un jardín cuando ha llovido, explica Myriam Peón, directora general de la Oficina del Nuevo Plan General de Ordenación Urbana de Madrid.

Tanto Peón como quienes la acompañan en el debate coinciden en que este concepto ha quedado anticuado, teniendo en cuenta que actualmente la tecnología avanza a pasos gigantes que las ciudades son incapaces de seguir.

Un concepto anticuado

«Innovar no es utilizar la tecnología. Es hacer las cosas diferentes a como se han hecho hasta ahora, porque somos expertos en innovar sobre cosas obsoletas. Hay que permitir el crecimiento haciendo las cosas distintas», indica Peón.

Para ello, apunta a la necesidad de que la normativa nacional sea más flexible y adaptable, para que permita «que las cosas ocurran y que no supongan 25 años de desarrollo de planificación urbanística o de gestión y ejecución», que se aplicarán cuanto el entorno haya cambiado. «Tienen que permitir que, si nos hemos equivocado, podamos reconducirnos, porque nadie sabe hoy en día lo que pasará en el futuro», opina Peón.

Por esta razón, propone evolucionar de la smart city a la start up city: «Una ciudad tiene que ser como una start up, que nace para dar solución a un problema de forma innovadora, rápida y eficaz». «Si hay falta de vivienda, necesitamos una norma que nos permita construir rápidamente y hacerlo a un precio asequible. Si tenemos que descarbonizar la ciudad y cumplir los objetivos europeos, tenemos que tener una norma cuya base parta de la sostenibilidad», señala.

Herramientas para la norma

Para conseguirlo, Peón considera que «la norma se tiene que generar y tiene que evolucionar y debe hacerse con la tecnología como herramienta».

Una de ellas es la que menciona la arquitecta Ana Cortina, directora del depertamento de urbanismo estratégico en Curt, como un acierto para «conjugar la velocidad a la que avanza una ciudad con la velocidad que lleva la tecnología»: «Utilizar los gemelos digitales, el simulador de ciudad que utiliza la Inteligencia Artificial, nos ayuda a estresar al modelo y ver las posibilidades que existen». De este modo, Cortina opina que se puede «planificar mucho más rápido y tomar decisiones sobre cómo será la ciudad».

A esta combinación de tecnología y sostenibilidad, Daniel Sáez, director de Inteligencia Estratégica y Transferencia en el Instituto Tecnológico de Informática (ITI) y presidente de la asociación Gaia-X España, una iniciativa europea para la creación de una infraestructura de datos, le suma la participación ciudadana como una «fórmula para que las ciudades no evolucionen de una manera demasiado intrusiva». Para que todo esto se cumpla, también es necesario que esta innovación se pague, y para ello los ponentes apuntan a la necesidad de que exista colaboración entre el sector público y el privado.

En esta línea, Alicia Izquierdo, concejala de Innovación, Digitalización Urbana y Promoción de la Inversión Tecnológica y Empresarial del Ayuntamiento de Málaga, apunta a posibilidades como las que ofrece la Compra Pública de Innovación (CPI), una herramienta de la Administración para impulsar la innovación empresarial, que en Málaga se aplica, por ejemplo, en un proyecto que quiere crear un modelo de Chat GPT (el chatbot de Inteligencia Artificial de OpenAI) en la página web del Ayuntamiento que responda a las peticiones de los usuarios, explica Izquierdo, que está de acuerdo con que «el paraguas legislativo que existe actualmente es medieval».

Con esta opinión y la de que en España se innove en proyectos obsoletos discrepan algunos de los ponentes de las siguientes mesas, como Javier Ulecia, socio fundador de Bullnet Capital, que participa en la de ‘Catalizadores de capital’ e invita a entrar en la web del capital de riesgo independiente, para comprobar que «hay gente española haciendo cosas interesantísimas y de primer nivel mundial» en materia de innovación.

Entornos de pruebas

En cuanto al requisito de ayudar a adaptar la regulación a las necesidades de los innovadores, en el debate ‘Marco de gobernanza digital’, la secretaria general de innovación en el Ministerio de Ciencia e Innovación, Teresa Riesgo, comenta las ventajas que ofrecen los entornos regulatorios de pruebas conocidos como sandbox, que se intenta que existan en «cada uno de los grandes sectores donde la innovación se produce».

En este sentido, Riesgo ofrece el ejemplo de que España cuenta con «el segundo sandbox más grande del mundo en materia de ensayos clínicos de los fármacos», lo que implica que «estamos dándole a un paciente un fármaco que no está probado o dentro de la Ley y que es algo que atrae a muchas empresas para hacer investigaciones».

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