Libros
Pere Sala, «el James Dean» de los corsarios de Ibiza
Sa Nostra Sala alberga esta tarde, a las 20 horas, la presentación del libro ‘Pere Sala, el último gran corsario ibicenco’ a cargo de su autor, José María Prats Marí, y de la editora, Neus Escandell. Trata la historia, breve pero corajuda, de un corsario intrépido cuya vida acabó como mandan los cánones piratas: al abordaje.

Interpretación de cómo era Pere Sala. / Andrés Paniagua
Como de costumbre, llega antes de tiempo a la entrevista. Doce minutos. Pero como le conozco, estoy antes que él en el lugar acordado, la cafetería Moreta. Lo hace siempre, cada vez que quedamos para dar unas vueltas en bicicleta. José María Prats Marí siempre llega, como mínimo, un cuarto de hora antes. Hemos quedado justo donde hace ocho años ya me contó de qué iba este mismo libro, ‘Pere Sala, el último gran corsario ibicenco’, ahora publicado por Neus Escandell en Balàfia Postals.

Reinterpretación de la batalla en la que murió Sala. | GUILLERMO MONTAÑÉS
¿Y por qué lo reedita ocho años más tarde? «Lo escribí hace 12 años, cuando yo estaba muy mal y creía que no saldría adelante». Tan mal que le trasplantaron un hígado: «Entonces quería publicarlo antes de que fuera tarde. Y lo hice deprisa y corriendo». Tanto, que no quedó contento: «Con el paso de los años he podido corregir algunas cosas, ampliarlo y poner unas buenas fotos. Eso es lo que ha cambiado respecto al libro de 2017».

Arcabuces de tapa de regala. | J.M.P.M.
Corregido, revisado, ampliado y con mejores ilustraciones, se presenta esta tarde, a las 20 horas, en Sa Nostra Sala: «Las imágenes las he ido haciendo yo en los distintos museos navales que he visitado, como los de Cádiz, Ferrol, Cartagena y Madrid. Y he añadido una explicación de cuál era la situación estratégica en la época en la que se desarrolla la historia de Pere Sala, a finales del siglo XVIII, porque «es importante poner las cosas en contexto». Y ha añadido color a la historia, «como el origen de la bandera española, la hora oficial, cuál era la bandera de los corsarios, que no lo tenía muy claro». «He ido abriendo puertas al lector para que le interese esta historia» añade.

Portada de la ordenanza de corsarios de 1796. | D.I.
Hace ocho años, Prats aseguraba que su nuevo libro versaría sobre la historia del muro de carga de la salinera, ideado por su padre, el ingeniero José María Prats Ferrer, pero no ha escrito ni una palabra: «Tengo que ir a las oficinas de Salinera en Palma para que me permitan consultar sus archivos. Porque yo tengo en mi cabeza lo que ocurrió, pero no tengo los documentos. Tengo los planos que hizo mi padre, nada más».
En su lugar, estos años ha estado preparando (y publicando paralelamente en este diario en fechas próximas al 8 de agosto) un libro sobre la conquista de Ibiza «desde el punto de vista militar». «Lo que necesito realmente ahora -explica- es darle una coherencia, una línea argumental».

Calle dedicada a Pere Sala en Eivissa. | J.M.P.M.
En los ocho años pasados desde la primera presentación de la historia de Pere Sala, Prats ha cambiado: «Pasé a la reserva por motivos de salud, porque estaba francamente mal». Con su hígado nuevo, se ha puesto «en forma», sigue dando clases en la escuela del Estado Mayor y practica ciclismo. Y escribe sin parar: «Mantengo la cabeza activa, aunque cada vez me cuesta más». Ha tenido que dejar otro de sus deportes favoritos, la vela, por una razón obvia: «Porque nos hemos quedado sin Club Náutico [de Ibiza]. Nos ha afectado mucho».
¿Y los corsarios ibicencos?
¿Y por qué escribió este libro? «En la Escuela Naval teníamos una asignatura que era Historia Naval. Y se hablaba en ella de corsarios. Me daba mucha rabia cuando se trataba el tema, se referían sólo a los del Cantábrico y a los de la costa catalana, cuando en Balears hemos sido corsarios toda la vida».
Sala murió a los 24 años de un trabucazo, un disparo certero que le atravesó la garganta
Pere Sala, que fue familiar suyo por parte de madre, «no fue el corsario más famoso, que lo fue Riquer; ni el que más piezas capturó, que fue Cardona; ni el que llegó más alto en el escalafón de la Armada, que fue Sit, pero fue uno de los pocos que falleció en acto de servicio», comenta. Sala murió a los 24 años de un trabucazo, un disparo certero que le atravesó la garganta. Los ingleses le distinguieron durante el abordaje porque llevaba un pañuelo rojo en el cuello, símbolo de que era el capitán, y en él concentraron sus disparos. Murió una jornada después desangrado.

El autor con su libro en Vila. / Vicent Marí
Como James Dean
«Fue el James Dean de su época», compara. Se refiere al actor norteamericano que tuvo una breve pero memorable carrera cinematográfica y que también falleció a los 24 años de edad, pero en un accidente de tráfico: «Hizo mucho, pero en muy poco tiempo en una época en que Ibiza estaba aislada. Vamos a ver...».
«Pregunté a un otorrino cómo era la herida que le produjo su muerte y me explicó que hoy en día no habría fallecido, que le habrían estabilizado y estaría vivo»
Ese ‘vamos a ver’ significa que me prepare, que va a comenzar a situar la historia de Sala en su contexto histórico. Delante tenemos un par de cafés, pero normalmente lo suele hacer mientras circulamos en bici por es Amunts: «España era en esa época aliada de Francia y estaba en guerra contra Inglaterra. La Armada, que había sido descapitalizada de gente y de dinero por culpa de una guerra anterior, estaba bloqueada en Cádiz por la Royal Navy. Y el comercio con América, cortado. Napoleón estaba en Toulon, en los puertos del sur de Francia y norte de Italia, organizando una expedición a Egipto para cortar la vía de comunicación entre la India y el Reino Unido. Del mismo modo que España se servía de la riqueza de Sudamérica y la traíamos por mar, Reino Unido se servía de la riqueza de la India y la traía por tierra». Entonces, el gobierno británico se entera y ordena a Nelson que patrulle el Mediterráneo en busca de barcos franceses: «Y como el Mediterráneo estaba en manos de los ingleses, todos los corsarios a sus órdenes aprovechan la situación y se dedican a esquilmar Balears. El general de Balears se asusta, porque las islas estaban aisladas, y pide a los particulares que, por favor, se dediquen al corso. Él les da la licencia, les da la patente y les da los cañones».
Escolta
Ahí es donde entra en juego la familia Sala, «que tenía un barquito para escoltar a los barcos que hacían el comercio entre Ibiza, Alicante, Denia y Valencia, básicamente de la sal». En este barquito, el ‘Cornel’, tenían participación, además de los Sala, «los artesanos de la mar, los calafates, los maestros de Rivera, incluso los dominicos del Convent, que tenían mucha pasta: eran el banco de Ibiza en aquella época». Les conceden la patente de corso y en poco tiempo libran cuatro acciones, la última de las cuales le cuesta la vida al protagonista del libro.
70 hombres contra 140; 10 cañones frente a 18 de los hijos de la Gran Bretaña
Pere Sala tenía la orden de ir a Cartagena para escoltar un convoy de barcos mercantes ibicencos y de Mallorca: «A las seis de la mañana del 13 de mayo, cuando ya estaba a la altura del cabo de San Antonio (Alicante), es cuando un bergantín corsario inglés va a por ellos. El ‘Cornel’ se pone delante y le hace frente, mientras los mercantiles que escoltaba huyen». 70 hombres contra 140; 10 cañones frente a 18 de los hijos de la Gran Bretaña. Estaban en desventaja, pero dieron la cara. Y el cuello: «Pregunté a un otorrino cómo era la herida que le produjo su muerte y me explicó que hoy en día no habría fallecido, que le habrían estabilizado y estaría vivo». Un miembro de la familia Calbet, muy rica en el siglo XVIII y que tenía una capilla dentro de Santo Domingo, ayudó a Prats a descubrir dónde estaba enterrado Pere Sala en ese templo.
También ha añadido al libro, respecto a la edición de hace ocho años, la ordenanza del Corso de Carlos IV, que data de octubre de 1796: «La tuve que buscar, me costó mucho encontrarla. Al final me la pasó el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional de México. Seguro que la tienen en el Museo Naval, seguro, pero no la han encontrado porque ahí tienen tanta cosa que es difícil hallarla». También ha encontrado desde entonces cuál era la dotación del barco: «Y ahí se ve que todos eran familiares, hijos, hermanos, nietos...». Lo habitual en la isla.
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