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Vivienda en Ibiza | Una mirada al pasado

Ibiza, 1984: «Alquilando a turistas podría sacar el triple»

A principios de los 80 aún faltaban 27 años para el nacimiento de Airbnb, la plataforma de alquiler turístico que ha reventado el mercado de la vivienda, pero en Ibiza algunos ya comenzaban a ver el problema: que particulares ofrecieran sus apartamentos y chalets a turistas subía los precios y reducía la posibilidad de alquilar todo el año.

Turistas en el Pati d’Armes de Dalt Vila a finales de los años 70.

Turistas en el Pati d’Armes de Dalt Vila a finales de los años 70. / BUIL MAYRAL

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Marta Torres Molina

Marta Torres Molina

Ibiza

«Otra cosa que nos preocupa, y no llegamos a entender cómo no turba a otros, es que supuestos agentes de viajes extranjeros puedan alquilar apartamentos amueblados, tantos como les viene en gana, y luego los realquilan en Londres, en Estocolmo... y después los españolitos a mendigar una vivienda donde cobijar a los suyos».

Faltaban 27 años aún para la creación de Airbnb, pero en Ibiza algunos ya mostraban su preocupación por el alquiler turístico. Y por cómo esto podía afectar a la posibilidad de los residentes de acceder a una vivienda. Además, se destacaba que al no figurar estos «apartamentos o chalets» como establecimientos turísticos, no pagaban «lo previsto en la legislación española» ni cumplían la normativa a la que estaban sujetos los hoteles, como dar cuenta «dentro de las 24 siguientes a la llegada del extranjero» a las autoridades (jefaturas superiores de policía o Guardia Civil) de los nombres y el número de personas alojadas. «Si esto se cumpliera, a lo mejor se acababa con el intrusismo», reflexionaba un artículo publicado en marzo de 1979, junto a un anuncio en el que Viajes Top Tours buscaba una «señorita auxiliar administrativa con experiencia en agencias de viaje».

Precisamente, de cara a esa misma temporada, se podían encontrar anuncios de alquileres «por temporada de verano»: «Chalets varios en distintas zonas de la isla», se leía en uno de ellos. El debate y la preocupación sobre el precio de la vivienda, como ocurre ahora, traspasaba las páginas de Diario de Ibiza. Estaba en la calle. Y algunas opiniones apuntaban ya en los años 80 al impacto del alquiler turístico. Pilar Zaera, en una encuesta publicada en diciembre de 1984 sobre los precios del alquiler, afirmaba: «Creo que mientras haya turismo que paga cantidades, no pueden bajar, porque el turismo y su afluencia encarece este tipo de viviendas de alquiler», comentaba explicando que ella, por suerte, pagaba 15.000 pesetas al mes, pero porque tenía el alquiler desde hacía seis años, antes de que se pusieran «fatal».

Crisis moral

Junto a la encuesta, un artículo de análisis —‘El por qué de los elevados alquileres de las viviendas’, firmado por Josep Riera— apuntaba también a propietarios que se negaban a alquilar durante todo el año y preferían hacer el agosto en verano y cerrar sus viviendas a cal y canto en invierno: «La mayoría de tales habitáculos suelen estar reservados única, exclusiva y preferentemente para la temporada de verano, cinco o seis meses, alquilándolos por elevadas sumas a particulares o agencias y manteniéndolos cerrados, sus dueños, el resto del año». El artículo hablaba de «crisis moral, ideológica, sociológica» y señalaba que mientras los propietarios optaban por sacar el máximo beneficio de sus pisos en apenas unos meses, centenares de familias «de toda clase y condición», la mayoría de ellas de trabajadores, andaban «buscando a la desesperada una vivienda digna que poder pagar con los bajos sueldos actualmente vigentes». Además, alertaba del futuro: «Muchos nos tememos que si no vienen cambios muy radicales esto seguirá igual, o cada vez peor».

«Hoy en día, pedir 30 o 40.000 pesetas al mes de alquiler no es nada, porque, dicen ‘alquilándola a los turistas podría sacar el doble o el triple, o sea que lo toma o lo deja’... y con esta manera de pensar y de actuar, señores, no vamos a ninguna parte». «El egoísmo es la nota dominante», señalaba.

"Prefieren alquilar sólo en verano"

«Hay mucho apartamento y piso vacío, pero los propietarios prefieren alquilarlos en verano solamente a tenerlos todo el año alquilados, al parecer, porque así obtienen más dinero», apuntaba Julia Aliseda en otra tanda de encuestas de noviembre del 84. «El alquiler de vivienda en Ibiza es muy alto, sobre todo en verano. Los propietarios de pisos se aprovechan de la situación que ofrece la necesidad de viviendas en verano para subir los alquileres», añadía Eugenia Bilbao.

La cosa venía de unos años atrás. Sólo hay que mirar las páginas de anuncios clasificados de este diario a principios de los años 80. En junio de 1981 se alquilaba un apartamento «a estrenar» en Platja d’en Bossa sólo para los «meses de temporada». Con vistas al mar. También una casa payesa «restaurada» y de «gran lujo» con «vistas espléndidas al mar», piscina, personal de servicio y jardinero (evidentemente, no era para trabajadores de verano) que únicamente estaba disponible entre junio y octubre. Y un año antes, en 1980 se podían ver ofertas para los meses de verano de «tres casas payesas» a un kilómetro del paseo marítimo, una «casa de campo» con siete camas «en el sitio más tranquilo de Ibiza» sólo en septiembre, y un chalet, también sólo para los meses de verano, en ses Salines, cerca de es Cavallet.

El pitoniso Jaume Cladera

En julio de 1987, el flamante conseller balear de Turismo del Govern de Gabriel Cañellas, Jaume Cladera, a pesar de las denuncias en prensa y del clamor popular, afirmaba que lo que definía como «time sharing» [que no era otra cosa que el alquiler turístico de viviendas privadas, según su propia explicación] tenía «derecho a existir». En el mismo sentido se manifestaba Ignacio Fuejo, secretario general de Turismo del Gobierno, que defendía, cuando le preguntaban por los apartamentos turísticos ilegales, que los particulares estaban «en su derecho» a ofrecerlos a turistas «durante un mes».

Cladera, además, auguraba: «Es un fenómeno que no va a ser fácil que se implante aquí ya que se puede controlar mejor que en otras zonas». Vaya pitoniso. De hecho, ese mismo otoño e invierno, se publicitaban en Diario de Ibiza alquileres de apartamentos «hasta el 1 de marzo».

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