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Feminismo

Cristina Martín Vega, premio 8M de Ibiza: «No tenemos que ser Superwoman»

La directora de Diario de Ibiza recoge el galardón por su defensa activa y continua del feminismo

Guillermo Sáez

Guillermo Sáez

Ibiza

Cristina Martín Vega, directora de Diario de Ibiza, recibió este sábado el premio 8M de la Associació de Dones Progressistes d’Ibiza en reconocimiento a su «trayectoria vital y profesional» en defensa del feminismo, una trayectoria cuajada de «todos los requisitos necesarios» para merecer el galardón.

Así lo explicó la presidenta de la asociación, Dessiré Ruiz Mostazo, al inicio de un emotivo acto celebrado en el Casal d’Igualtat de Ibiza en el que la periodista desgranó los entresijos de su andadura y recogió este reconocimiento que también sirve para valorar «la lucha que se hace desde los medios de comunicación» por reivindicar el papel de las mujeres en la sociedad.

«Este premio también es una manera de reivindicar y dar las gracias al sector al que pertenece la premiada. Diario de Ibiza ayuda a la lucha feminista de una forma transversal y su directora es una persona muy inspiradora. Le gusta más estar al otro lado de la noticia y por eso es un honor que haya aceptado el premio», agradeció la presidenta de la asociación, antes de dar paso a la proyección de unas imágenes que resumían la trayectoria de la galardonada.

La sala principal del edificio se llenó para escuchar la conversación que mantuvieron durante aproximadamente una hora Cristina Martín Vega y Clara Rosselló, quien subrayó que «la larga historia de la premiada con el feminismo y la reivindicación viene de lejos».

«La historia de su familia es la historia de mujeres reales, fuertes y comprometidas a pesar del tiempo en el que les tocó vivir. Un verdadero matriarcado. Las mujeres que han abierto camino se merecen un reconocimiento especial por parte de todas las que hemos venido después», destacó la conductora del acto.

Tomó entonces la palabra la directora de Diario de Ibiza, quien se confesó «tan agradecida y emocionada como sorprendida», hasta el punto de que, cuando recibió la llamada de Dessiré Ruiz pensó que le iba a pedir que redactara un perfil de la premiada, sin sospechar que, esta vez, la premiada era ella.

En el repaso a sus referentes familiares, empezó destacando a su abuela María, «una mujer extraordinaria en todos los sentidos» a la que, como tanta gente en España, se le cruzó la Guerra Civil para desvencijar por completo su vida: «Había aprobado las oposiciones de Magisterio en el año 36 y su sueño era estudiar ciencias exactas. Estalló la guerra y fue cuestión de sobrevivir y sacar adelante a toda su familia. Lo hizo con unos valores inquebrantables. Murió cuando yo tenía 20 años, fue un choque de realidad y me acuerdo cada día de ella».

La tía Tere en Orcasitas

María era una mujer que «ejercía el feminismo sin nombrarlo» porque en aquella época ni siquiera existía un nombre para resumir un movimiento tan radical para los valores caducos de la época. María se quedó viuda con 45 años, cuatro hijos que sacar adelante y su trabajo como maestra de pueblo en la durísima época de la posguerra: «Siempre creyó en la educación e intentó que la gente estudiara, y eso nos lo inculcó a nosotros».

Continuó la saga familiar con su madre, María Ángeles, sentada en primera fila del Casal d’Igualtat. «Estudió Magisterio a distancia y se separó en 1978, cuando todavía no existía ni la Ley del Divorcio», recordó su hija, aunque fue la tía Tere la que, en clave feminista, más impactó en el alma de su sobrina. En 1991, empezó a trabajar en una casa refugio para mujeres maltratadas de Orcasitas, uno de los barrios más deprimidos de Madrid.

«Eso fue seis años antes del asesinato de Ana Orantes y 23 años antes de que se aprobara la Ley de Violencia de Género. Conviene recordar de dónde venimos, que no hace tanto tiempo. Mi tía trabajó once años en esa casa, en una realidad ignorada. Las cosas que contaba eran escalofriantes y no salían en ningún sitio. A una de aquellas mujeres la mató su marido y de ese asesinato solo salieron cuatro líneas en el ABC. Desde aquello siempre me ha interesado todo lo que tiene que ver con la representación de la mujer en los medios», detalló.

Madre de dos hijos, la periodista reconoció que ella también se encontró ante «el punto de inflexión que supone la maternidad para todas las mujeres». «Para un hombre no tiene por qué representar un cambio en su vida laboral. Para las mujeres, sí», denunció, lamentando esa «socialización perversa de género» y todos esos «mandatos que surgen por muy feminista que seas».

La temible conciliación

En aquel momento crucial de su vida, llegó a plantearse dejar el periodismo, igual que hacen «tantas mujeres periodistas buscando horarios mejores». Si no lo hizo fue gracias a los consejos de tres personas a las que «siempre» estará agradecida: su madre, el padre de sus hijos y el antiguo director de Diario de Ibiza, Joan Serra. «No tenemos que ser ‘Superwoman’», indicó, antes de reclamar: «Nos ha costado horrores conquistar el espacio público, pero los hombres todavía tienen que conquistar el espacio privado».

En 2016, después de 21 trabajando en Diario de Ibiza, se convirtió en la primera directora en la historia del rotativo. Conoció entonces una manera nueva de ejercer el feminismo, desde una posición de poder que no siempre vio respetada por sus colegas: «Te encuentras personas que funcionan muy bien con un jefe y no con una jefa. Eso da mucha rabia. No tengo ningún problema con que alguien me lleve la contraria, pero sí si me la lleva solo por ser mujer. Y a veces tienes que dar un puñetazo encima de la mesa».

Una muestra es el decálogo que, en 2004, cuando era redactora jefa, introdujo en la redacción para informar sobre violencia de género y que «algunas personas no entendieron» en aquel momento. También quiso aclarar que actualmente cuenta con «un equipo buenísimo formado por periodistas de raza y grandes fotógrafos».

A veces, el obstáculo provenía de las propias mujeres y de no escuchar de nadie ese «tú puedes» que puede ser «mágico», igual que oír lo contrario puede ser un mazazo. Así le ocurrió, por ejemplo, cuando empezó a buscar firmas femeninas para la sección de opinión de Diario de Ibiza.

«Me llevaban los demonios con que no hubiese mujeres columnistas e impuse que tenía haber una como mínimo. Me costaba encontrar mujeres que aceptaran y cuando llamaba a un hombre no ponía ningún problema. ¡Alguna mujer habrá dicho algo importante, vamos a buscarlas!», rememoró.

A la hora de citar a sus referentes, Cristina Martín Vega, que tenía claro que quería ser periodista desde los doce años, nombró a Rosa Montero, Maruja Torres y Pilar Bonet. Y a la hora de seleccionar un libro que le ha marcado, señaló ‘La revuelta de las putas’, de Amelia Tiganus. «Si después de leerlo alguien todavía piensa que la prostitución es un trabajo... Aprovecho para decir que hay que abolir la prostitución», pidió, arrancando los aplausos del público.

Finalmente, Pilar Ferrero, primera presidenta de la asociación, le entregó el premio: «Lo mejor de todo es que ahora firmas con tus dos apellidos». «Cuando era becaria firmaba con el segundo...», contestó la galardonada. Cerró el acto la música del grupo Itaka Obert, en cuyo repertorio se coló ‘Pongamos que habló de Madrid’, la ciudad donde comenzó la aventura periodística de Cristina Martín Vega.

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