Obituario
Obituario: Gabriel Villena, el diseñador tranquilo
El diseñador Gabriel Villena, que ha trabajado durante años diseñando carteles para la discoteca Amnesia, falleció el pasado jueves 23 de enero a los 46 años de edad.

El diseñador Gabriel Villena. / Cedida por la familia.
Jonatan Gutiérrez Fernández
Una vez, en una de esas conversaciones envueltas en humo espeso, me preguntaron qué eran los clubs de Ibiza. Imbuido por el espíritu de la trascendencia, de una forma pedante respondí que eran organismos vivos, una compleja estructura de individuos que interactúan para conseguir un fin común. Más allá de una programación envidiable, de una constelación de estrellas musicales, la clave del éxito de un club en Ibiza se basaba en la calidad profesional y humana de sus trabajadores. Se habla mucho en estos días de Amnesia, de la pérdida de alguna de sus fiestas y de sus artistas más punteros, pero la jodida, dura, cruel, incomprensible realidad es que su mayor pérdida se ha producido hace unos días, con el fallecimiento de su diseñador Gabriel Villena. Una ausencia insustituible no solo por su talento, sino sobre todo por cómo era Gabri como persona y como compañero..., un alma pura, un tío de puta madre que te hacía la vida más fácil, un diseñador tranquilo que transpiraba paz y buen rollo por cada poro de su piel.
Cuando me enteré de la noticia no me lo podía creer, primero vino la negación, después la tristeza y por último la rabia y la culpabilidad. ¿Por qué no hablé más con él? ¿Por qué no le visité más a menudo? ¿Por qué no compartí más tiempo con él? Por desgracia así somos los seres humanos, no somos conscientes de lo que tenemos hasta que lo perdemos. Vivimos inmersos en una falsa burbuja que nos hace creer que todo es infinito y que siempre habrá tiempo.., y la puta realidad es que no lo hay.
Mi historia con Ibiza no tendría sentido sin Gabriel, mi historia en el mundo del clubbing no tendría sentido sin él, porque fue mi compañero de batallas durante muchos años
Mi historia con Ibiza no tendría sentido sin Gabriel, mi historia en el mundo del clubbing no tendría sentido sin él, porque fue mi compañero de batallas durante muchos años en aquella pequeña oficina de Amnesia sin ventanas, mi compañero de viaje durante tantos días de camino al curro y de vuelta a casa. Gabri además fue el que me enseñó la verdadera isla, el que me hizo darme cuenta de su magia, de su espíritu, de que había mucho más que las luces de neón y el postureo vacío. Me enseñó que la belleza se encontraba en sus pueblos, en sus acantilados, en sus rincones perdidos. Pero sobre todo me enseñó a tomarme las cosas con calma, sin prisa, huyendo de los conflictos y del estrés que te atrapa cuando estás trabajando en un entorno tan complicado como el de un club ibicenco.
Las anécdotas y los momentos vividos con Gabri son tantos que podría escribir un libro. Los pitis prohibidos en el vestuario de las gogós refugiándonos del sol de verano, la tensión cuando aparecía el gran jefe y las sonrisas cómplices cuando se iba, las disparatadas historias del día a día de Amnesia y las conversaciones de lo humano y lo divino en su destartalado coche. Los comienzos de su relación con su gran amor Meritxell, las interminables partidas en su apartamento de Sant Miquel, los conciertos en el Ibiza Rocks, las fiestas de Sant Joan, aquel viaje en barco con el mazapán mágico, aquella cena en el jardín de mi casa con las estrellas de testigo en la que descorchamos un Vega Sicilia extraviado y en la que cometimos un acto de rebeldía haciendo un calimotxo con el último culo de aquella botella de mil euros.
Ibiza no llora la pérdida de uno de los suyos, no llora la pérdida de Gabriel, porque si realmente perteneces a ella tu alma se fusiona con la energía de la isla, esparciéndose en cada grano de arena, en cada grieta de la corteza de sus olivos, en el polen de sus flores, en la raíz de la posidonia y en el salitre que se pega en la barca de los pescadores. Gabriel ya es Ibiza, y ha pasado de diseñar sueños para Amnesia a diseñar atardeceres estremecedores. Por eso, a partir de ahora, si te sientas a ver una puesta de sol y te sientes abrumado por su belleza, ten en cuenta que ahora es Gabri quien sostiene el pincel que dibuja el cielo.
Gracias por todo, nunca te olvidaré.
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