Luces de Navidad, frío y salir de la residencia para hablar de la vida
Entre el lunes y el miércoles la iniciativa ‘Un nadal, un somriure’ vuelve a conceder a los mayores de cinco residencias de Ibiza la oportunidad de recorrer algunas de las calles para ver el alumbrado y visitar la decoración navideña de Vara de Rey. La actividad ha empezado este lunes con los mayores de Sa Residència Colisée.

Luces de Navidad, frío y salir de la residencia para hablar de la vida / Vicent Marí

Once taxis con un gorro de Papá Noel esperan a las 17.30 a la entrada de Sa Residència Colisée. Algunos conductores también lo llevan, no viene mal para el frío que desde este fin de semana cala hasta los huesos. Por este motivo, los mismos gorros también los reparten entre los mayores que van a recoger para mostrarles el alumbrado y la decoración navideña que hay en el centro de Ibiza. Se trata de la primera jornada de este año de la iniciativa ‘Un Nadal, un somriure’ que organiza el gremio de taxistas de la isla.

Voluntarios y mayores pasean entre las casetas de Vara de Rey. / Vicent Marí
En total, entre este lunes y el miércoles tienen previsto «mover a 117 personas», cuenta Lolo Ruiz, uno de los taxistas que participa en la actividad. Como él, se han presentado «cerca de 80 taxis como voluntarios», detalla el conductor, antes de indicar que con 28 vehículos tienen suficiente «para cubrir la necesidad en las cinco residencias» por las que van a pasar.
Entre estos coches, sin embargo, son «principales los taxis para minusválidos» porque algún que otro adulto se desplaza en silla de ruedas o se ayuda con un andador. Con o sin estos, los mayores que salen de Sa Residència se dirigen hacia los coches, algunos con confusión en su expresión y otros quejándose del frío, pero también hay quienes salen alegres e incluso preparados para la ocasión, como una mujer que aparece sonriente, con un abrigo elegante y los labios pintados. Ella refleja la ilusión de lo que se puede esperar de esta salida y su alegría encaja a la perfección con los cambios de las coloridas luces de Navidad que también hay en en el interior de los taxis.
Contar su historia
En cada coche entran entre tres y cuatro personas y todos van a llegar a Vara de Rey para pasear entre el alumbrado y la decoración navideña. En el trayecto, Ruiz señala que siempre hablan de algo: «De la Navidad, del alumbrado, de qué han decorado este año, de qué actividades hay... Y luego algunos nos cuentan su vida, su historia»

Paseo para ver el alumbrado y la decoración navideña en Eivissa. / Vicent Marí
Hablar de su vida es algo que los mayores también acostumbran a hacer con los voluntarios que les acompañan en el paseo que van a dar por el icónico centro de la ciudad. Como en anteriores ocasiones, este año la Associació de Voluntaris d’Ibiza se ha sumado a esta iniciativa.
Una de sus voluntarias, que prefiere no dar su nombre, opina que «los mayores estarán como locos por salir [de la residencia]».
Este hecho se confirma cuando bajan de los taxis, lamentablemente teniendo que esquivar las ramas de algunos árboles que han sido podadas y que han quedado justo delante de la parada que hay cerca de Vara de Rey. «¿De dónde es usted?», «¿En qué idioma prefiere que hablemos?», empiezan las diferentes conversaciones cuando se juntan voluntarios y mayores.
Hasta el lugar también se han acercado algunos familiares para acompañar a sus seres queridos, como Susana Gavilà Vals, que camina junto a su madre Ana, que ha entrado este año en la residencia. «Todo lo que sea salir les anima», señala Gavilà, que considera que la decoración de Navidad de este año es una de las más bonitas: «Está precioso», indica.
En este entorno es una pena que esté cerrada la casa de Papá Noel, cuyo alrededor está incluso precintado y obliga a los mayores a caminar por uno de los laterales del paseo. Se dirigen así hacia ‘Il Gelato del Marchese’, una heladería que reparte de manera gratuita chocolate caliente a los mayores.
Nos han tocado los guapos
«Entonces usted es ibicenca de toda la vida», comenta una voluntaria a una de las mayores, mientras empuja su silla de ruedas. Animada, la anciana le cuenta que está aquí porque destinaron a su padre a la isla.
Otros de los mayores se van parando a hablar entre ellos, con la confidencialidad de quienes se ven a diario y hablan de lo que pasa en sus cercanías: «A las viejas nos han tocado los guapos», ríe con gracia una señora a otra, apuntando a los voluntarios que las acompañan. Una de ellas prefiere no dar su nombre pero apunta que, aunque le ha pillado la visita por sorpresa, es una actividad «muy agradable».
La otra mujer es Conchita Seguí Albau, que en el momento de abordarla está explicando a quien la acompaña que es valenciana y se mudó a Ibiza hace 50 años: «Mi marido empezó a trabajar en la escuela de artes y oficios como profesor», detalla, y cuenta que su pareja falleció hace cuatro años. Todo este tiempo ha estado de luto y este lunes es la primera vez desde entonces que sale a ver las luces de Navidad. Esta ocasión especial coincide con que ella sea la mujer que salía de la residencia arreglada y sonriente.
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