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Apuntes

Un jardín submarino de posidonia en ses Salines de Ibiza

El proyecto de Vellmarí y el Imedea ha plantado cerca de 24.000 plántulas.

Su objetivo es inspirar a cuidar, preservar y proteger más el fondo marino y las praderas de posidonia.

Estela Torres Kurylo

Estela Torres Kurylo

Ibiza

Praderas verdes, abundantes y sin vacíos, como las de esas explanadas que se ven cuando se pasa con el coche cerca del campo, pero debajo del mar y de posidonia oceánica. Esta es la misión del proyecto ‘La gran pradera’, dirigido por la Asociación Vellmarí y el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Imedea), que este año ha plantado cerca de 24.000 plántulas de posidonia oceánica en el Parque Natural de ses Salines.

Su objetivo es restaurar zonas dañadas del fondo marino en las que se contemplan claros, que son fruto de un ancla mal tirada o un muerto colocado sin permiso: «No queremos que se extienda el mensaje de que somos como la naturaleza, que somos capaces de sembrar posidonia y por lo tanto no importa seguir destruyendo. Eso es un error. Este proyecto es más de educación que de restauración. Es para mostrar lo fácil que destruimos y lo que nos cuesta restaurarlo. Tiene que inspirar a cuidar, preservar y proteger más», explica el biólogo marino y explorador de National Geographic Manu San Félix en una llamada telefónica a once horas de diferencia con Ibiza.

Plantar posidonia

San Félix acaba de atracar en el puerto de Honiara, la capital de las Islas Salomón, tras aproximadamente un mes en el mar. «Estoy a casi 17.000 kilómetros de casa», señala. Se encuentra en su expedición número 52 con el proyecto Pristine Seas, que viaja a lugares remotos para inspirar su protección. Igual que en éste y más cercano, el proyecto que se desarrolla en Ibiza también tiene el objetivo de «intentar aportar datos para un mejor conocimiento de la restauración y la biología de la posidonia», indica San Félix sobre el proyecto que cuenta con los científicos Jorge Terrados e Inés Castejón del Imedea, considerados «referencia científica en restauración, siembra y plantación de posidonia».

Para entender cómo se planta la posidonia, San Félix apunta que hay que pensar como en jardinería: «La posidonia no es un alga ni se parece a un árbol, pero se asemeja a cualquier hierba que tenemos en tierra e igual que hacemos con un geranio, que podemos sacar esquejes y plantarlos, hacemos con la posidonia».

En el caso de la posidonia, en lugar de plantarse esquejes, se trata de fragmentos que se pueden conseguir de dos maneras. Por un lado, se recogen frutos de posidonia que llegan a las playas, se sacan sus semillas y se germinan: «Esperamos uno o dos meses a que salgan las plantas, de algo menos de un palmo, y las plantamos», indica San Félix. Por otro lado, se recogen fragmentos de plantas maduras que se desprenden de forma natural de las praderas. Conseguidos de una manera u otra, su plantación es «un trabajo absolutamente artesanal. Es como si a alguien le estuviésemos restaurando la cabellera pelo a pelo», apunta el biólogo marino.

Mil metros cuadrados

Este año este trabajo minucioso lo ha liderado Ismael Cerezo, biólogo marino de Vellmarí, que además ha contado con la participación de grupos de voluntarios de la asociación. Entre todos, de mayo a noviembre de este año, han plantado en un claro que había en el fondo marino de ses Salines: «De unos mil metros cuadrados, donde había pradera de posidonia pero sobre la que se puso un fondeo ilegal hace unos diez años», cuenta San Félix. «En el momento en el que la planta desapareció las corrientes se llevaron la arena que había, por lo que hemos plantando sobre roca caliza pelada», detalla y añade que «en el monitoreo del futuro, si la posidonia sigue creciendo, será muy interesante ver cómo empezará a capturar el sedimento de nuevo».

Para asegurarse de que esta aguante, por el momento se utilizan alambre y clavos para «luchar contra la inmensa e infinita energía del oleaje». Porque «el año más crítico es el primero. Si las plantas sobreviven, baja la mortalidad», indica San Félix, que sabe que la plantación de 2023 tuvo «una supervivencia del 75 por ciento» pero que se muestra más ambicioso con los resultados de ésta y la siguiente: «Me gustaría plantar más de 30.000 plantas. Hay que ser ambicioso en la protección y en la restauración porque tenemos problemas grandes y hay que poner soluciones grandes».

El coral más grande

Manu San Félix se encuentra en las Islas Salomón en una expedición con el proyecto Pristine Seas, dedicado a la conservación del medio ambiente. En el viaje actual, los científicos han descubierto el coral más grande del mundo conocido hasta el momento. El ejemplar tiene 34 metros de ancho, 32 de largo y cinco y medio de altura, y podría tener más de 300 años de antigüedad.

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