Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Vino ibicenco | Temporada

La sequía y las torcaces golpean la cosecha de uva para vino tinto en Ibiza

La cosecha ibicenca de 2024 dará menos tinto porque sus uvas han sido las más perjudicadas por la falta de lluvias y las palomas

Imagen de archivo de la vendimia en una bodega. | DI

Imagen de archivo de la vendimia en una bodega. | DI

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Estela Torres Kurylo

Estela Torres Kurylo

Ibiza

Uvas picoteadas que del racimo caen al suelo, donde se secan y encogen hasta que lo único que queda de ellas es el rastro del saqueo que los viticultores pitiusos están acostumbrados a sufrir. Las palomas torcaces son un problema que afecta a todo el sector agrícola y, por este motivo, en el vitivinícola hay bodegas que están acostumbradas a pedir un permiso especial de caza para controlar la población de estas aves en sus terrenos. Durante esta temporada, el Consell de Ibiza llegó a declarar la emergencia cinegética para autorizar la caza de las torcaces en días concretos, entre el 21 de julio y el 24 de agosto, pero eso no evitó los daños ya avanzados. Como reflejó el decreto, además de las torcaces, la producción también se enfrenta a la sequía extrema.

La vendimia ha terminado y todos los viñedos de las islas han registrado pérdidas en el total de su cosecha, ya sea por mayor culpa de las torcaces o de la sequía. La reducción en los kilos recogidos no afectará a la calidad del vino, pero sí limitará la disponibilidad de tinto de esta añada, ya que su uva ha sido la más afectada.

Un esfuerzo titánico

«Modificaremos un poco el stock y habrá menos tinto de este año, pero nos enfocamos en el rosado y el blanco», explica David Lorenzo, enólogo y director técnico de Ibizkus. Para él, la cosecha de este año ha sido «la más corta de la historia con seguridad» y espera que no se vuelva a repetir: «Hemos tenido que vendimiar dos o tres veces cada finca para cosechar un 65% menos que el año pasado», afirma Lorenzo. La reducción no afecta a la calidad de las uvas: «La cosecha es buena, pero hemos hecho tres veces más esfuerzo que en una añada normal. El esfuerzo ha sido titánico para los pequeños resultados...», señala.

El enólogo recuerda que «desde octubre de 2023 hasta abril de 2024 todos los meses fueron más que secos... Por lo que las viñas tenían un punto de partida de sufrimiento». Lorenzo considera que este año «la sequía ha ganado a las torcaces, porque si no hubiera sido tan extrema hubiéramos tenido más uva, aún con la constante de las torcaces». Sin embargo, no olvida que ante estas aves son más vulnerables los que, como Ibizkus, controlan «muchas parcelas separadas, no pocas juntas. Algo que complica la gestión», indica.

Para la bodega Terramoll, la falta de lluvia también ha sido la principal culpable de los resultados de esta vendimia: «Tenemos todo el viñedo en secano», apunta José Abalde, enólogo de la bodega de Formentera. Abalde considera que su resultado también ha sido peor al de otros años: «Hemos perdido unos 5.300 kilos de uva, que equivale a un 30% de la cosecha». Este dato en concreto es el que se asocia al ataque de las aves: «No quiere decir que se coman las uvas, sino que las picotean y muchas caen al suelo, se secan, y ya no valen», señala el enólogo.

Sin fuentes de alimentación

Las cifras de la cosecha de este año son peores que las de 2023: «Porque las palomas no tenían otras fuentes de alimentación. Normalmente se pasan la primavera y gran parte del verano comiendo el cereal que sobra en los campos cuando se siega, pero este año, al no haber cereal, no tenían otra cosa que comer», señala Abalde.

Antoni Costa, de Can Maymó, coincide al describir la situación de las torcaces: «Son animales que se lo comen todo... Y no se ha puesto solución cuando tocaba, como en muchas otras cosas», indica. Su bodega también ha luchado para sacar la vendimia adelante y ha podido «salvar un gran porcentaje» de la cosecha, aunque han recogido un 30% menos de uvas que el año anterior.

Para Costa, la situación «es una lástima» porque piensa en los payeses que tienen pequeñas producciones para el autoconsumo y le han dicho «que no querían volver a podar porque llevan varios años sin cosechar nada», explica. Espera que esta situación empiece a cambiar, que venga una temporada de más lluvia y que también se pongan manos en el asunto: «Si no, el campo de Ibiza quedará vacío y mal cuidado, porque si no tienes rentabilidad tampoco tienes ganas de gastar dinero», añade.

Frente al cambio climático

La cosecha de Can Rich ha estado en la misma línea que las de las demás bodegas: «No ha llovido y la planta ha tenido un crecimiento limitado [...] Los racimos son más pequeños y la uva también», señala Álvaro Pérez, director técnico de la bodega. La uva tinta de su cosecha también ha sido la más perjudicada: «No así la de los blancos o la de rosado, que está en línea con lo que buscábamos», apunta Pérez.

De la uva que se ha tenido que desechar, el director calcula entre un 15% y un 20% de esta cosecha: «Porque están comidas». Por otro lado, en Can Rich han intentado combatir la sequía «sobre todo al final del ciclo al ajustar un poco con el riego gota a gota» para que la uva madure bien, señala Pérez. De ahora en adelante el director tiene claro que «con el cambio climático ya hay que hacer como en la Península. Hay que ajustar algunas cosas en la vinicultura para conseguir la madurez, que al final es lo que se llama uva de calidad.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents