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Turismo

Es Canar echa mucho en falta a las familias con niños

La ocupación hotelera en el resto de la isla se mantiene homogénea y a niveles similares a 2023, pero sufre una acusada caída en la zona de Santa Eulària

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Josep Àngel Costa

Josep Àngel Costa

Es Canar

Las cifras de la última encuesta de la Federación Empresarial Hotelera de Ibiza y Formentera (Fehief), correspondientes al mes de agosto y publicadas este domingo, han llamado poderosamente la atención por el desajuste que se produce en una zona concreta. Mientras que en el conjunto de la isla la ocupación promedia en los establecimientos reglados apenas ha bajado un punto con respecto al año anterior, en la parte de Santa Eulària ha caído un 7,2%.

De esta manera, se confirma y se acelera considerablemente una tendencia a la baja que ya se notó en 2023 cuando en el municipio de Santa Eulària la ocupación hotelera en agosto cayó un 3,3% respecto a 2022. Por contra, Sant Josep obtuvo mejores resultados y los otros tres municipios apenas experimentaban un ligero descenso.

En es Canar, el principal núcleo turístico de Sant Eulària, no ha pillado a nadie por sorpresa este fenómeno. Desde principio de temporada se palpa falta de ambiente en la calle. No solo por la reducción de visitantes, sino también porque estos gastan menos en la oferta complementaria.

Entre los afectados, todos coinciden en que la reconversión de buena parte de la planta hotelera en establecimientos de cuatro y cinco estrellas no acaba de cuajar. Y no son pocos los que creen que es Canar no es un destino para captar a ese perfil de visitante, más aún cuando han vivido durante décadas del turismo familiar más tradicional.

"Los niños son los mejores clientes que tenemos, porque entran atraídos por las colchonetas y quieren de todo, pero cada vez se ven menos", lamenta Patricia Bonet, del souvenir Ibicana Shop. En mayo ya empezó a notar un notable bajón respecto al año pasado que no ha remontado el resto del verano.

Para septiembre no tiene mejores expectativas, sino que advierte que la caída está siendo aún más acusada. Sus 30 años de experiencia en este núcleo turístico le avalan cuando achaca el problema a los precios de los hoteles. "Se han inflado muchísimo", apunta Bonet.

Encarecimiento

"Muchos hoteles ahora son solo para adultos. Aquí prácticamente ha desaparecido el turismo familiar", sentencia Joan Marí Torres, el responsable del Bar 2TT. En su caso, no se queja de los resultados del mes de mayo y junio, pero admite que la temporada alta ha sido una decepción comparada con la del año pasado.

Además de la caída del número de visitantes, constata que estos dejan menos beneficios. "En los hoteles dan habitación y desayuno y después los clientes alquilan muchos coches. Suelen ir todo el día de playa y comprar algo en los supermercados, con lo que a los bares nos ha afectado bastante", detalla.

"No se ha visto el volumen e gente que había antes por las calles. Ni tan solo los miércoles, cuando se celebra el mercadillo, y en temporadas anteriores apenas se podía pasar. Está muy triste", explica Ana Moreno, de Rapid Supermercado.

"Los comercios hemos notado muchísimo este bajón y lo llevamos comentando todo el verano", apostilla. Igualmente, también se repite de manera constante que el encarecimiento de los hoteles empuja a sus clientes a reducir sus gastos.

"Estos precios acaban afectando a todos. Los turistas antes salían y compraban de todo, ahora se llevan un agua", indica. Moreno lleva 17 años en la zona y confirma que el modelo tradicional que conocía ha quedado arrinconado. "Se ven muchísimas menos familias, cada vez es peor. Los turistas que antes repetían varias veces por verano, ya no vienen o solo lo hacen una vez", observa.

Pese al cambio de modelo que ha emprendido la mayoría de la planta hotelera, aún quedan alojamientos que conservan la esencia de es Canar. Salta a la vista en el Mar y Huerta, un acogedor hostal de dos estrellas, renovado sin pretensiones, donde conservan estos visitantes que solían regresar año tras año. Incluso durante el mismo verano.

"Tenemos clientes británicos que pueden repetir escapada dos y tres veces durante el verano", precisa el director, Gabriel Noguera. Su abuelo, uno de los pioneros de la zona, fundó el negocio en 1958. Entonces era una pensión y solo había otros dos establecimientos en torno a la playa.

Negocios familiares

"Cada vez quedan menos sitios como este para familias a precios razonables", apunta Noguera. Por estas fechas, el precio medio de una habitación doble en es Canar supera los 200 euros, mientras que en el Mar y Huerta cuesta entre 120 y 130.

"Hay más hoteles solo para adultos o de cuatro y cinco estrellas. En parte, nos ha beneficiado, porque hay antigua clientela de esos sitios que ahora nos viene a nosotros", admite Noguera.

De hecho, los resultados tanto de agosto como de toda la temporada alta confirman que este hostal familiar sale mucho mejor parado que la mayoría de sus vecinos. "Julio y agosto nos ha ido muy bien. Hemos bajado un 2%, pero es que 2023 fue buenísimo", precisa Noguera.

No pueden decir lo mismo los taxistas. Pablo Sosa aguarda en la parada a que llegue algún cliente. Es su primera temporada en el gremio, pero no se ha encontrado con la actividad que preveía. "Todos mis compañeros dicen que este verano han facturado entre un 20 y un 30% menos que el pasado", comenta.

Igualmente, este es el primer año para Luna García en el Vudoo Apache, aunque ya trabajó el año pasado en Santa Eulària. Cada día oye los mismas comentarios en el bar. "No hay nada de gente. Todo el mundo dice que se debe a que los precios son muy altos, al todo incluido y que la gente no sale del hotel", explica.

Con la proliferación del adults only, "apenas hay niños, que son los que arrastran a sus padres a la tienda", comenta Nieves Ferrer en su souvenir. Ella ha mantenido los números en agosto, pero a cambio de dedicar "muchas más horas, pero septiembre está siendo un batacazo". Calcula que este mes puede estar facturando un tercio menos que el año anterior.

Beatriz Bonet y Marga Roselló atienden en el estanco de la avenida Cala Nova. Sorprenden cuando explican que, tradicionalmente, en su negocio agosto y julio son los meses más flojos. "Mayo y septiembre tenemos mucha más actividad", revelan. No obstante, perciben el desánimo en los negocios de conocidos de la zona. "Una amiga solo ha tenido una reserva en su hostal para septiembre", lamenta Bonet.

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