Ibiza IN: «Las aulas Ueeco son como las televisiones en blanco y negro»
La asociación Ibiza IN defiende que todo el alumnado comparta espacios, de manera que los matriculados con diversidad funcional puedan formarse en aulas ordinarias que cuenten con el personal de apoyo necesario
Piden que los centros sean adaptados: «La discapacidad está en el entorno, no en uno mismo»

De izquierda a derecha, Carmen Roig, Susana Ribas e Irene Moreno de Ibiza IN. / Vicent Marí

Susana Ribas, Carmen Roig e Irene Moreno son tres madres involucradas con la asociación Ibiza IN, que lucha por la inclusión en todos los ámbitos, y firmes defensoras de que la mejor manera de educar en valores de igualdad a las nuevas generaciones es que todos los alumnos compartan los mismos espacios, independientemente de sus capacidades, de si tienen o no diversidad funcional. Ellas escolarizan a sus hijos o hijas en aulas ordinarias, aunque aseguran que no siempre es fácil conseguirlo, precisamente porque a veces se han encontrado con la situación de que tratan de persuadirlas para lo contrario. Se les presentan las aulas específicas como la mejor opción ante la falta de recursos para atender a todos en las clases ordinarias, afirman. «Respetamos mucho a los padres y madres que optan por llevar a sus niños a las aulas Ueeco [unidad educativa específica en centro ordinario], pero los niños tienen derechos y uno de ellos es la educación inclusiva. La ley lo dice», expone Ribas, que ejerce de secretaria en la asociación. «Nosotros pensamos que tal vez las aulas Ueeco son un poco como las televisiones en blanco y negro de antes. Cuando salieron al mercado, eran la bomba, porque era una mejora respecto a que no hubiese nada, pero ¿quién compra una televisión en blanco y negro hoy día? Nadie. Pero seguimos abriendo aulas Ueeco. Es segregación», añade Ribas. Son aulas específicas para los matriculados con necesidades educativas especiales y este curso la isla de Ibiza cuenta con algunas más.
Compartir espacios
Así, concluye que la inclusión es que todos puedan estar, con los recursos necesarios, en un aula ordinaria. «¿Y si separamos ahora, en el siglo XXI, a los niños de las niñas? ¿A los rubios de los morenos? ¿A los negros de los blancos? Pues mucha gente se llevaría las manos a la cabeza. Pero si separamos a las personas que tienen discapacidad de las que no, nadie lo hace», lamenta Ribas, quien, junto con sus compañeras, hace hincapié en la necesidad de que toda la sociedad se implique en las reivindicaciones para lograr un modelo 100% inclusivo. «Hemos reivindicado los derechos del colectivo LGTBI, de las mujeres... Ahora nos toca hacer lo mismo con el colectivo de las personas con discapacidad», subraya.
Si no se juntan todos en clase, Roig alerta de que a muchos les continuarán resultando «extrañas» las personas con diversidad funcional. Por el motivo de que nunca habrán tratado con ellas. «A veces te dicen que tus hijos estarán mejor atendidos en la Ueeco, cuando, en realidad, con los recursos que necesitan, están igual o mejor en los grupos a los que pertenecen por edad. El profesorado de mi hija me ha dicho que sus compañeros se benefician tanto o más que ella de su presencia en el aula ordinaria», valora Roig.
Las tres coinciden en que la falta de recursos para garantizar la atención a la diversidad en las aulas se agrava en los institutos y lamentan que el curso siempre empieza con personal por cubrir. Ribas defiende que compartir aula supone un aprendizaje para todos los estudiantes. Y añade que, cuando más se aprende de un compañero con diversidad funcional, menos medios hacen falta para atenderles. Lo explica con un sencillo ejemplo: «Si a alguno se le cae un bolígrafo al suelo, no hace falta que haya un profesor de apoyo para recogerlo. Ya está el compañero de al lado para dárselo». Además, señalan que el factor imitación juega un papel muy importante. Si ves que tus compañeros están todos escribiendo en el folio, «tú también lo harás y por tanto aprenderás con ellos».
«Queremos romper una lanza a favor de los centros que están trabajando con pocos medios y logrando muy buenos resultados. Porque no solo se trata de tener medios, también cuentan mucho la voluntad y el corazón», en palabras de Ribas.
Adaptación de los centros
En este sentido, hay centros que piden a la Administración que elimine barreras arquitectónicas, por ejemplo. Como algunos todavía no están adaptados, estas madres señalan que queda en entredicho la libertad para elegir centro. Y hacen referencia a las barreras para personas con movilidad reducida y a otras casuísticas: «Hablamos también de personas ciegas, sordas, con discapacidad intelectual, con autismo. No hay nada pictografiado, no hay nada adaptado con bucles magnéticos para las personas sordas, no hay nada adaptado en braïlle para las personas ciegas. La discapacidad está en el entorno, no en uno mismo». Ribas lamenta que a veces se encuentran con que tienen que luchar «incluso para que arreglen un ascensor»: «Son cosas obvias que tenemos que pelear porque, si no, la Administración lo eterniza todo. Y hay que arreglarlo cuando toca, no tres meses después». Carmen Roig destaca que los centros también se implican en pedir las mejoras necesarias, pero que los plazos se alargan. Por otro lado, resaltan que si no hay personal de apoyo suficiente para atender a sus hijos, los perjudicados no serán solo ellos, ya que los docentes ordinarios tienen que suplirlo, en detrimento de la atención al resto de la clase. Hay diferentes especialistas y personal de apoyo, como los ATE (Auxiliar Técnico Educativo), AL (Audición y Lenguaje), psicólogos, fisioterapeutas educativos o PT (Pedagogía Terapéutica). Ibiza IN señala que hay vacantes y que se necesitan refuerzos.
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