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Entrevista | David Abril Profesor de Sociología de la UIB

«La ruta de Argelia a Ibiza y Formentera es la que hacían en ‘llaüt’ nuestros antepasados»

El docente, que además es investigador en el Observatorio Social de la Universitat de les Illes Balears (UIB), lanza una visión histórica de la ruta migratoria irregular entre las Pitiüses y Argelia, utilizada hasta la década de los cincuenta por los ciudadanos de las islas.

David Abril, profesor sociología UIB y experto en migraciones

David Abril, profesor sociología UIB y experto en migraciones / DI

Ibiza

En las últimas semanas, la cifra de migrantes que han llegado por vía irregular a las Pitiusas ha sido histórica, ¿la ruta desde Argelia está totalmente consolidada?

Los migrantes utilizan las mismas rutas que ya existían y que nuestros antepasados realizaban en llaüt en sentido contrario buscando oportunidades y trabajo. Las pateras ya llegaban a las islas antes del covid, durante la pandemia hubo un parón por la restricciones, que se aprobaron en casi todos los países, y luego los viajes se reactivaron.

O sea, que se puede decir que la inventaron los pitiusos.

Históricamente sí, hasta la década de los 50, cuando las islas empezaron a vivir del turismo. Solo que ahora se navega en sentido contrario y con un flujo constante de personas que están en situaciones desesperadas.

¿Hay indicativos de que este trayecto esté cogiendo cada vez más fuerza?

Hace dos o tres años que a causa de la guerra de Ucrania y la crisis del cereal, que ha afectado sobre todo a países como Mauritania, más migrantes se lanzan a hacer el viaje. Pero no hay solo una ruta hacia Balears, sino que de las quince que hay establecidas desde Argelia, ocho son con Balears, dos de estas con las Pitiusas. Del resto, cinco son con Mallorca y la sexta con Menorca. En el caso de las personas que arriban a Cabrera lo hacen accidentalmente, queriendo llegar al sur mallorquín, a la zona de ses Salines.

En comparación con otras rutas, ¿por qué se caracteriza?

La diferencia principal es el país de origen de las personas que la realizan. En el año 2022, hicimos un estudio comparando las dinámicas migratorias en distinas islas mediterráneas: el archipiélago balear, Malta y Chipre. Es decir, del Mediterráneo Occidental, Central y Oriental. A Balears llegan migrantes desde Argelia y Marruecos, mientras que a Malta lo hacen desde Libia y a Chipre, desde Palestina, Turquía o países asiáticos afines.

La mayoría de migrantes que arriban a Ibiza y Formentera son de origen argelino, ¿influyen las relaciones que mantiene el país con España?

Ese es otro de los factores que influye en el aumento de llegadas por vía irregular. En el caso de Argelia, a diferencia de Marruecos, no hay acuerdos acuerdos de devolución ni de regulación con España. También debido a la proximidad.

¿Qué realidad se esconde tras la huida masiva de los migrantes de Argelia?

Algo que tienen en común las personas que se embarcan en todas las rutas es que provienen de países muy empobrecidos y/o en conflicto.

Aunque son una minoría, también hay migrantes de otros países africanos.

Pasan por territorio argelino porque no hay control de fronteras, y los gobiernos de estos países tampoco establecen este tipo de controles.

¿Ha habido un cambio de tendencia, últimamente, en el perfil del migrante que llega?

Durante el covid venían más hombres de mediana edad en búsqueda de trabajo y también menores no acompañados. Después, igual que sucedía en prepandemia, la diversidad de perfiles ha aumentado.

Parece que cada vez se atreve más gente a hacer el peligroso viaje, mujeres con menores o incluso personas con discapacidad.

Sí, anteriormente no realizaban ese viaje pero los hombres, una vez arribaban a España, intentaban traerles mediante el trámite de la reagrupación familiar.

De todas formas, parece que el territorio español es sólo una zona de tránsito.

Balears, y España en general, son un lugar de paso hacia países en los que tienen familiares o contactos. Pasan por aquí como un relámpago. De hecho, como en las islas no hay un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE), enseguida son trasladados a Valencia o a Barcelona, donde estos recursos, por cierto, están también colapsados.

Se van a países con los que mantienen más lazos históricos y culturales.

Sí, igual que los españoles mantenemos más vínculo con Marruecos, ellos (los argelinos) se marchan a Francia o a Bélgica, sobre todo, donde también conocen la lengua y lo tienen más fácil. Algo que tiene, por otro lado, todo el sentido. ¿Dónde iríamos nosotros si tuviéramos que migrar? A cualquier lugar donde tuviéramos conocidos y donde pudiéramos comunicarnos con facilidad.

Se habla mucho de la crisis migratoria en Canarias, ¿deberíamos incorporar con igual importancia la crisis en Balears en la agenda política nacional?

Totalmente. Lo que debería haber, en realidad, es otra gestión de la inmigración, que seguirá aumentando mientras sigan aumentando también las desigualdades entre los países más ricos y los más pobres, como sucede en el caso de Senegal y los acuerdos de pesca.

En ese sentido ¿cuál podría ser la solución?

Mientras no haya acuerdos económicos y de cooperación justos entre naciones ni respeto por los derechos humanos, no se podrá llegar a ningún tipo de solución.

En cuestión de riesgos, ¿son equiparables las rutas entre los dos archipiélagos?

Las rutas entre Argelia y Balears son igual de mortíferas que las que hay en el Atlántico hasta el archipiélago canario. Aunque en cuestión de volumen no sean comparables, porque es verdad que a Canarias llega mucha más migración.

¿Existe la posibilidad de que Ibiza y Formentera lleguen, en algún momento, al punto crítico de Lesbos, en Grecia, o Lampedusa, en Italia?

El problema en los casos de Lesbos o Lampedusa no es de carácter crónico sino que se sufrió de manera puntual a causa de la guerra de Siria. Como en el caso del archipiélago balear, ha sido principalmente la crisis del cereal la que ha provocado que haya una tendencia al alza de llegadas, tanto en número de personas como en diversidad de perfiles.

Existe cierto miedo a que continúen llegando más y más migrantes a las islas, sobre todo ante la falta de algunos recursos.

Lo que hay que aplicar es la misma política para todo el mundo, no puede ser que para los habitantes ucranianos se abran las puertas de todos los países europeos y no se haga lo mismo, por ejemplo, con las víctimas palestinas que deja la guerra en Gaza. E incluso que hablando de la situación de los migrantes, se les llegue a criminalizar.

Se ha creado un debate público muy controvertido respecto al tema de la migración.

Hablar mal de la migración es lo más hipócrita y surrealista que puede haber, cuando dos cuartas partes de la población balear es extranjera. En el caso de las Pitiusas, una tercera parte de los ciudadanos han nacido fuera de España, no se puede hablar de los migrantes en tercera persona. Y mucho menos, diferenciar entre extranjeros ricos y pobres.

En cuanto a los menores no acompañados, ¿qué opina de que no haya salido adelante la modificación de la Ley de Extranjería?

Es solo una de las consecuencias de que se haya instalado la demagogia en la política, en el caso de los habitantes de Balears, la falta de recursos hasta la llegada del boom turístico nos obligó en muchas ocasiones a migrar hacia otras ciudades y países.

¿Y de los debates públicos que ha habido a raíz de este tema?

Criminalizar la migración daña gravemente la convivencia y me parece, por otro lado, un acto muy irresponsable.

Un 54% de los baleares percibe la inmigración como un «problema grave»

Más de la mitad de la población balear considera que la inmigración en el archipiélago es «un problema grave», como recoge el estudio ‘Dinámica migratoria en las islas europeas del Mediterráneo: impacto, diferenciación y retos para la gobernanza’ elaborado por David Abril junto con otros dos investigadores. El documento analiza la realidad de tres territorios insulares distintos del Mediterráneo Oriental, Central y Occidental: la República de Chipre, Malta y Balears. En el caso de los malteses, un 71% de ellos creen que la inmigración extracomunitaria es un problema.

El porcentaje de chipriotas que comparte esta opinión es todavía más alto: un 74%.A pesar de que un 45% de los ciudadanos de la Unión Europea (UE) tienen esta percepción, los habitantes en las islas del Mediterráneo son los que más opinan, con diferencia, que el recibimiento de migrantes de terceros países supone una amenaza. La migración entre países comunitarios también se valora negativamente, aunque el porcentaje de población que lo etiqueta como un problema grave es mucho menor, según plasma el estudio comparativo.

«No lo entiendo, porque en las islas falta gente para satisfacer la demanda de trabajo, no es un problema, sino quizá una solución», valora el profesor de la UIB. «Pero no me gusta, de todas formas, esta visión utilitarista, sino que lo que hay que hacer es tener respecto por los Derechos Humanos», apunta.

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