Exposición
La Ibiza perdida de los años 50 a través del objetivo de Per Lund
La muestra se enmarca dentro del 35 aniversario del Aisme y la celebración de la inauguración del Arxiu Històric d'Eivissa i Formentera (Aheif)

Dos de las fotografías de Lund que se podrán ver en la exposición.
Per Lund retrató la Ibiza de los años 50. Son esas fotografías de aquella isla en blanco y negro las que se muestran en la exposición que se inaugura este jueves a las ocho de la tarde en el refectorio del antiguo Ayuntamiento de Ibiza. Una muestra que ha sido posible por la donación de hasta 60 fotografías y negativos que la hija del fotógrafo hizo al Archivo de Imagen y Sonido Municipal de Ibiza (Aisme).
La muestra, que se enmarca dentro del 35 aniversario del Aisme y la celebración de la inauguración del Arxiu Històric d'Eivissa i Formentera (Aheif) «muestra Ibiza desde diferentes perspectivas sus comercios y establecimientos, Jesús, ses Salines, la vida de la Marina y sus personajes», indican desde el Ayuntamiento. En la muestra, además, se podrán ver tres retratos de él con su mujer, Lili, y su hija Anja.

La Ibiza perdida de los años 50 a través del objetivo de Per Lund | LUND
Precisamente ella es la autora del texto que acompaña la muestra y que sirve para conocer un poco más al fotógrafo: «Mi padre, Per Lund, nació en 1902 en Oslo. Fue pintor retratista, inventor y fotógrafo. Hijo del pintor Henrik Lund, que retrató a personalidades tanto nacionales como internacionales: Albert Einstein o los cinco estadistas vencedores de la Primera Guerra Mundial». Abandonó la pintura en los años 20 —«no quiso formar parte del circo del mundo del arte de la capital noruega»—, trabajó de extra en el cine en Estados Unidos, se alistó como marinero en un barco rumbo a Bali, viajó a Mallorca en los años 30, vivió en Génova y en Toledo y volvió a Oslo, donde vivió en aquella ciudad «gris y triste» la guerra y la posguerra. En febrero del 53 su mujer y su hija llegaron a la isla y en abril se les sumaba él. Desde entonces y hasta 1972, cuando murió, Per Lund se pasó la vida viajando entre Ibiza y Oslo. En el 59 adquirió una cámara Voigtländer «para preservar en la memoria la insólita y extraordinaria Ibiza de esos años, intuyendo que aquello no podía durar», escribe su hija, que detalla que el pintor nunca les dio importancia. «Alguna vez mi madre me enseñaba las recién reveladas. ‘¿No te parecen fantásticas?’», recuerda Anja Lund en el texto escrito para la muestra: «Ver con su mirada de pintor fue lo que les dio a las fotografías ese equilibrio de luces, de buena composición... Y sobre todo los temas. Encuadraban bien con su espíritu indagador, de inventor y de bohemio. Intuir, saber ver y captar lo extraordinario y lo sorprendente, lo intemporal y lo fugaz del instante. Y con sentido del humor».
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