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Recursos hídricos

La puesta en marcha de la nueva depuradora de Ibiza se retrasa un mes más

El gerente de Abaqua, Emeterio Moles, desconoce los plazos administrativos pero confía en recibir la gestión de la nueva planta de Ibiza a lo largo de los meses de octubre o noviembre

Imagen de archivo de las actuales instalaciones de la planta depuradora de Eivissa.

Imagen de archivo de las actuales instalaciones de la planta depuradora de Eivissa. / Toni Escobar

Bea Roselló

Bea Roselló

Ibiza

El Ministerio de Transición Ecológica no asumirá la entrega de la obra de la depuradora de Sa Coma por parte de la constructora hasta finales de septiembre, según ha informado a la conselleria balear del Ciclo del Agua por escrito.

Una vez que se haga efectivo este trámite, el Ministerio de Transición Ecológica deberá ceder la estación de depuración a la Agencia balear del Agua y la Calidad Ambiental (Abaqua), según ha informado el gerente de este organismo, Emeterio Moles.

Actualmente, y de forma paralela, Abaqua ya ha puesto en marcha el proceso de licitación del contrato definitivo que deberá regir la gestión de la planta de aguas residuales.

Moles señaló que desconoce los plazos que pueden conllevar estas tramitaciones administrativas, aunque confió en que puedan estas listas a principios de octubre o, incluso, de noviembre.

En un principio, el Ministerio tenía previsto ceder en agosto la gestión de la nueva depuradora a Abaqua, aunque desde el Ejecutivo autónomo se pidió esperar para realizar esta transferencia al señalar que agosto es un mes crítico en plena temporada alta.

En relación al periodo de pruebas al que se ha sometido la planta depuradora en estos últimos meses, el gerente de Abaqua se mostró confiado y apuntó: «Habrán ido bien porque de lo contrario no nos la entregarían».

La EDAR actual

En cuanto a la actual planta de aguas residuales, Moles señaló que esta infraestructura se «eliminará» en el momento en que la depuradora de Sa Coma «se ponga en marcha de forma completa». Indicó que, en un escenario inicial, compartirán «algunos elementos», pero en el «plazo corto» la actual planta de depuración «debe dejar de operar».

La nueva estación de Vila, ubicada en las proximidades de Sa Coma y cuya construcción se remonta al año 2017, podrá tratar a pleno rendimiento un caudal de 25.000 metros cúbicos diarios. Esta cifra equivale a las aguas residuales que genera una población de 187.000 personas. Su puesta en funcionamiento también acabará con los muchos problemas de contaminación de la planta actual de la ciudad, completamente obsoleta, que causa el 99% de las aguas residuales sin tratar que llegan al mar en la isla.

Emeterio Moles [ver entrevista en las páginas 3 y 4], señaló que actualmente la situación hídrica de la isla de Ibiza carece de un factor importante para poder «cerrar el círculo» del ciclo del agua y que pasa por la reutilización de todo el caudal: «Tiene que ser el objetivo, un interés potente y en lo que todos pongamos esfuerzo», precisó.

Para el responsable de Abaqua, si se deja de sacar agua de los acuíferos, éstos se recuperarán «poco a poco», pero si además se pone a disposición de los regantes agua reutilizada, «contribuiremos más y se podrán hacer recargas sobre los acuíferos».

La desalación

Al ser cuestionado sobre si la desalación es la solución a la situación actual, aseguró que, ahora mismo. «no hay otra», aunque reconoció que habrá que «buscarla».

Moles destacó la importancia del riego porque, por un lado, se evita «tirar una gota de agua al mar» y, por otro lado, se pone a disposición del regante agua que no sale del subsuelo y, por tanto, se reemplaza este recurso. Por último, añadió que parte del agua que emplea el regante vuelve al acuífero, haciendo una «doble recarga: la que no sacamos y la que regresa» al mismo subsuelo.

El objetivo del gerente de Abaqua es que se consideren estas aguas «como un recurso que hay que poner por delante y quitarle el apellido de residual». En este punto, hace una comparación con Ca na Putxa, donde trabajó como gerente casi cuatro años cuando solo era vertedero y no existía aún la planta de residuos, y de la que dice que les aventajan «en mucho». Hace hincapié en que ahora, a un plástico o a una botella se le da una segunda vida: «Pero al agua no la estamos dando una segunda vida con esa contundencia que creo que necesita», concluye.

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