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Ofrenda floral

Festes de la Terra: Un ruego a Santa Maria de les Neus por el derecho a la vivienda en Ibiza

El obispo de les Pitiüses, Vicent Ribas, hace un llamamiento a la humanidad anta la "prevalencia de los beneficios económicos"

Josep Àngel Costa

Josep Àngel Costa

Ibiza

Subir por Dalt Vila en pleno agosto puede convertirse en un auténtico suplicio. A las seis y media de la tarde, las calles empinadas no invitan a pasear a pleno sol y sin apenas brisa. Los turistas escasean a esas horas, pero destacan sobremanera los pocos que deambulan por la plaza de la catedral. Sus pantalones cortos y camisetas de playa contrastan frente a un numeroso grupo de autoridades, resguardadas a la sombra del palacio episcopal.

A los hombres de esa comitiva política les cuesta hacer frente al bochorno enfundados en trajes y corbatas, mientras que las conselleres y concejalas se refrescan con abanicos. El presidente del Consell de Formentera, Llorenç Córdoba, tiene la cara empapada en sudor. Aun así, parece el más locuaz de todos sin la presencia de otros representantes de la pitiusa menor.

A falta de un cuarto de hora para la misa de fiesta, una decena de balladors de sa Colla de Vila forma un pasillo de bienvenida frente a la entrada del templo. A continuación se colocan los obrers de las parroquias de Ibiza con sus respectivos pendones. Toman posición por orden de antigüedad. A la Sagrada Familia de Can Bonet, erigida en 2018, le toca encabezar esta representación del resto de pueblos de la isla. Aunque Santa Maria de les Neus ahora solo sea festivo en Vila, es la patrona de las Pitiusas al completo.

Entre la multitud destaca un hombre al que todos miran sorprendidos. Luce una capa de caballero templario. Explica que se llama Francesc Ribas y que es el vicecomendador en Balears de La Soberana Orden Templaria de San Bernardo de Claraval, de Valencia.

La misa

Con el repique de campanas, la Colla de Vila acelera el ritmo de sus castanyoles y tambors y se adentran en la catedral, seguida del resto de la comitiva institucional. Dentro ya hace rato que los feligreses han tomado asiento, rodeados de numerosos ventiladores.

El Cor Ciutat de Ibiza, dirigido por Miguel San Miguel, entona sus cánticos y un grupo de 19 religiosos se dirige hacia el altar, encabezados por el obispo, Vicent Ribas. Como es habitual en él, tras los ritos iniciales, el prelado saluda educadamente a todas las autoridades y representantes de diferentes entidades.

Dedica unas palabras de elogio a la colla de balladors por llevar la vestimenta tradicional a pesar del calor sofocante. También saca unas sonrisas entre la audiencia al mencionar que es el cumpleaños del alcalde de Sant Josep, Vicent Roig. Y no se olvida en sus felicitaciones del protagonista de la jornada, el historiador Pere Vilàs, que tras la misa recibirá la Medalla d’Or de la Ciutat d'Eivissa. Pero tras el saludo cordial, llega el turno de poner de relieve la cruda realidad.

El obispo inicia su homilía recordando el valor del hogar, hasta el punto de «denominar a la gente por el nombre de su casa» en las Pitiusas. «Pero se ha convertido en algo inasumible hoy en día para muchos. El materialismo nos ha tomado el corazón», lamenta.

Apelando a la hospitalidad tradicional de las Pitiusas, hace un llamamiento para «proporcionar viviendas asequibles» y advierte de que se ha llegado a «una situación de gran injusticia, donde prevalece el beneficio económico sobre la humanidad».

Tras su repaso, el obispo recuperará su campechanía para concluir la misa. Aprovecha para agradecer al Consell y al Govern por financiar la restauración de las vidrieras y los contrafuertes de la catedral. Antes de dar paso a la ofrenda floral, se despide con un anuncio: el 7 de diciembre vendrá el nuncio apostólico en España, Bernardito Auza, para bendecir el órgano restaurado y libre de carcoma.

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