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Vicent Ribas, obispo de Ibiza: «Las empresas deberían preocuparse de saber dónde viven sus trabajadores»

El obispo visitó Can Rova y, al charlar con los asentados, algunos le dijeron que trabajan en empresas «buenas, incluso de lujo»

El obispo de Ibiza y Formentera, Vicent Ribas, en una imagen de archivo.

El obispo de Ibiza y Formentera, Vicent Ribas, en una imagen de archivo. / JA RIERA

Toni Escandell Tur

Toni Escandell Tur

Ibiza

Al obispo de Ibiza y Formentera, Vicent Ribas, aún se le encoge el corazón cuando recuerda la visita que realizó al asentamiento de Can Rova a principios de junio, aproximadamente, junto con Joan Torres, director de Cáritas en Ibiza. Allí pudo charlar con algunas personas y comprobar de primera mano las condiciones en las que estaban y destaca, como el resto de partes implicadas (desalojados, Administraciones y entidades sociales), que la mayoría son trabajadores. Principalmente, del sector servicios y de la construcción.

Por eso pide que los empresarios de la isla se responsabilicen de esta problemática: «Yo no puedo decir dónde están trabajando algunos, pero ellos me lo contaron, y son empresas buenas, incluso restaurantes de lujo y hoteles. Lo que no puede ser es que haya empresarios que tengan a empleados viviendo en condiciones infrahumanas».

En este sentido, defiende que ellos «también deberían preocuparse de saber dónde está viviendo la gente que trabaja para ellos y ayudarles». «Y si no se pueden tener tantas habitaciones abiertas, pues se tienen menos, pero que acojan a personal». Lamenta que esta situación «es muy dolorosa».

El obispo y el director de Cáritas se desplazaron hasta allí para conocer la situación. Pasaron unas «dos o tres horas», según recuerdas Ribas, durante una tarde. «Nos sentimos muy acogidos», repite a lo largo de la conversación con este rotativo. «Había niños pequeños y algunos me reconocieron de cuando había ido a su escuela por la visita pastoral a las clases de religión. Hablamos, por ejemplo, con dos madres que tenían niños recién nacidos y nos contaron su triste realidad, que muchos de ellos tienen trabajo, pero que no encuentran vivienda, y si la que encuentran es tan cara…». Algunas familias le explicaron que ya habían encontrado un plan B, pero otros decían que no tenían a dónde ir. «Hay mucha gente que está en situación irregular, que no tiene papeles, y esto también hace que se les cierren muchas puertas», lamenta.

Condiciones de inseguridad

Por otro lado, relata que había cosas «preocupantes» en el poblado: enchufes en algarrobos, muchos cables por el suelo, también mangueras, viviendas hechas de madera, de plásticos, de cartones… «Esto también era muy peligroso para esta gente. No nos podemos conformar con que esté viviendo en una vivienda infrahumana de esta manera, no podemos cerrar los ojos ante esta realidad, que es muy dura». Algunos asentados ya les conocían porque anteriormente habían acudido a Cáritas.

«En Can Rova vi gente sencilla, buena, con ganas de trabajar y tener una vida más digna y mejor; que se preocupa por sus hijos».

Al mismo tiempo, el obispo observa que en otros asentamientos «quizás no tanto en el de Can Rova, hay personas para quienes estar así es una opción de vida y no se plantean buscar una vivienda».

«Me preocupó mucho que, a principios o a mediados del mes de julio, me llamaron y dijeron que les habían cortado la luz y el agua, y todavía faltaban días para el 31 de julio, que era cuando se tenía que ejecutar la orden judicial. Aquello no me parecía justo, porque estamos hablando de personas, y cuando has visto una cara y unos ojos que te han explicado su realidad y su dura historia...», relata el obispo Vicent Ribas. Trabajadores de Cáritas estuvieron visitando la zona antes y durante el desahucio.

El albergue de Cáritas

«Ya dije que las familias más necesitadas, más vulnerables, viniesen al obispado para alojarse en el albergue que tenemos de Cáritas, donde ahora hay madres y menores de edad» que estaban en el poblado de Can Rova. «En este albergue también acogimos a una mujer que no estaba en este asentamiento, pero que estaba dentro de un coche y a punto de dar a luz. Ella quiere irse a la península, pero no sin antes haber tenido al bebé», relata Ribas.

Destaca que entre diferentes partes se está estudiando cómo apoyar a los desalojados, y recuerda que falta mano de obra en la isla: «La gente se queja de que no encuentra empleados y vemos que allí donde hay casa no hay trabajo y aquí hay trabajo pero no vivienda. Es una situación muy dura y no hemos de cerrar los ojos. Veo que las instituciones también se están volcando mucho, hemos tenido mucho contacto constante con el Ayuntamiento de Santa Eulària, el Consell, Cruz Roja y la asociación de Paraguayos».

Detalla que en el asentamiento de Can Rova predominaban las personas hispanoamericanas, según pudo comprobar durante su visita junto con el director de Cáritas: de Paraguay, Colombia, Ecuador, Argentina... y, en menor medida, algún magrebí y algún español. «Una chica española nos dijo que trabajaba de taxista, que no tenía casa y que estaba en una caravana», agrega.

El obispo y el director de Cáritas charlaron largo y tendido con parte de los asentados, pero lógicamente no pudieron entrevistarse con todos. De hecho, cuando ellos se iban (sobre las siete y media u ocho de la tarde, calcula Ribas) «iba llegando mucha gente que venía del trabajo».

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