Taxis | Movilidad
Los taxistas proponen una aplicación de socorro por la «alta inseguridad»
La federación ibicenca del sector alerta de que los episodios conflictivos con clientes aumentan con el paso de los años y critican la falta de civismo que sufren, sobre todo en los servicios del turno de noche

Toni Roig, presidente de Fitie, junto a su taxi el pasado jueves. | VICENT MARÍ

«Con el paso de los años se vive una inseguridad muy elevada. No sabría decir qué lo explica, pero ocurre sobre todo por la noche (...) En ocasiones nos sentimos desamparados, porque te puede tocar vivir determinados episodios en cualquier punto de la isla en el que no tengas a mano ayuda de otra gente, de compañeros o incluso de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado». Son palabras de Toni Roig, presidente de la Federació Insular del Taxi de l’Illa d’Ibiza i Formentera (Fitie), al hacer balance de las situaciones conflictivas que los taxistas de la isla denuncian que viven a menudo. «Muchas veces tenemos al alcance a un policía o a un guardia civil, pero en otras ocasiones, no», advierte.
No es algo nuevo, pero piden que se tomen medidas. Roig ejerce como taxista desde hace unos 30 años y destaca que, aunque no es viable «poner un policía detrás de cada persona» y que «al fin y al cabo el civismo recae sobre uno mismo», plantea que las instituciones tomen nota. «Debido a que con el paso del tiempo se van registrando más incidencias, sería positivo que las administraciones, en los ámbitos autonómico e incluso insular, hiciesen una propuesta para facilitar que los taxistas contemos con una aplicación, o similar, que nos sirva de enlace directo con el 112 [en caso de vivir una situación de peligro], ya que somos un servicio público de interés general».
Episodios de conflicto
Además, el hecho de estar solos en sus respectivos vehículos puede generar inevitablemente sensación de desprotección ante clientes ebrios y drogados o que, aun sin estar bajo los efectos de estas sustancias, generan problemas. En los casos más graves, hay quienes arremeten contra el propio taxi y ocasionan daños materiales o, en casos más puntuales, cometen agresiones verbales y físicas, tal y como relatan profesionales de este sector [ver la página 4].
Algunos expresan, en conversación con este diario, que tienen claro que «nunca» trabajarían en el turno de noche. También hay quienes aseguran que las situaciones conflictivas no son un fenómeno exclusivo ni de la noche ni de la temporada turística. Ni siquiera necesariamente del consumo de alcohol y drogas. «No puedo elevar una crítica a específicamente nada, porque el civismo depende de cada persona. No sé cómo se puede solucionar, pero vivimos otra temporada donde suceden casos de agresiones», añade Roig, al tiempo que constata que hay quienes conciben Ibiza como «un lugar sin ley». «Hay que respetar a la gente y los servicios de esta isla».
Las situaciones que relata como presidente de la Fitie son de lo más variopintas: «Te encuentras con gente que libremente decide que no te paga el trayecto o que discute contigo porque le parece que el sitio en el que le dejas no es el destino correcto porque, debido a su estado, desconoce su propia residencia y llega a enfrentarse contigo». También puede haber problemas con algunos clientes por las esperas a la llegada del taxi, pero Roig apunta: «Esto es una isla y la inmediatez en cualquier otro tipo de servicio no existe; en el nuestro, tampoco». Afirma que también se han producido trifulcas entre usuarios que luego acaban «trasladándose al propio conductor». Habla de peleas en las propias paradas entre clientes para ver a quién le toca subir primero, otro «clásico».
Los daños colaterales
«La mayoría de las veces ocurre de noche y los daños colaterales acaban recayendo sobre nosotros: te pueden acabar rompiendo un cristal o deformándote una puerta. Esto luego supone invertir tiempo en poner denuncia, ver a quién tienes que reclamar, pedir un recambio y esperar a que llegue para volver a poner el vehículo en servicio».
En algunas de estas ocasiones, hay quienes piensan que «el taxi es de quien sube primero»: «A veces suben tres que no se conocen de nada, cada uno por una puerta».
«¿Que estas cosas las trae el beber y la noche? No lo sé, pero lo favorece», concluye. Con todo, Roig explica que «en el 95% de las cargas» del turno de noche, los clientes «han bebido y están contentos y alegres», pero que se les deja subir «siempre que no haya un comportamiento agresivo o que no se intuya que pasará algo anormal durante el servicio». «Por el hecho de ir bebido evidentemente nosotros no nos negamos a llevar a alguien, pero quiero recordar que sí podríamos: una de las cláusulas para negarse a dar un servicio es que el demandante no esté en condiciones óptimas, lo que se refiere tanto a cuestiones psicológicas y físicas como a que vaya cargado de arena hasta las orejas. No tiene por qué pasaren el contexto de la noche», añade.
Finalmente, subraya que el sector del taxi da un servicio de calidad y que hacen «todo lo posible para que, al terminar la noche, la gente vuelva a los hoteles y a sus casas».
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