Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

De la monodosis a la ‘litrona’ industrial de gas de la risa en Ibiza

Como en el día de la marmota, todo sigue igual en la noche de Sant Antoni. Una temporada más se sigue traficando con gas de la risa en plena calle y el suelo acaba lleno de globos al amanecer. Sólo hay un cambio: han desaparecido las monodosis de NO2, reemplazadas por las bombonas industriales de ese gas.

Un envase de óxido nitroso abandonado a un lado de la calle Santa Agnès, en el West de Sant Antoni

Un envase de óxido nitroso abandonado a un lado de la calle Santa Agnès, en el West de Sant Antoni / J.M.L.R.

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
José Miguel L. Romero

José Miguel L. Romero

Sant Antoni

Sin novedad en el frente. A las cinco de la mañana, el Passeig de ses Fonts y el West ofrecen el mismo aspecto de los últimos años: la acera está alfombrada por cientos de globos de colores reventados y los camellos que ofertan el gas de la risa son los dueños de la calle a esas horas… Y durante toda la noche. Desde s’Arenal hasta el West, instalados en los lados, lo ofrecen sin descanso al transeúnte.

En la esquina del paseo con la calle Ramón y Cajal, los turistas hacen cola a las puertas de un comercio para comprar una hamburguesa o cualquier cosa con la que saciar el hambre a esas intempestivas horas. La mayoría lleva un globo en las manos que de vez en cuando se echa a la boca para inhalar su contenido, óxido nitroso. A cuatro metros de ellos hay varios subsaharianos que, como buitres al acecho, controlan la zona y que aguardan a que les reclamen una nueva dosis. Cerca, una británica va pidiendo cinco euros a todo el que se la cruza, incluso a este redactor. Diez minutos después está sentada con otros dos turistas en un banco, globo en mano.

En el camino hacia el West, lo de siempre. Restos de comida, botellas y vasos pegados a la pared o tirados por el suelo y, sobre todo, globos, muchos globos, de todos los colores, como si acabara de celebrarse una fiesta infantil multitudinaria. Hay, eso sí, un cambio fundamental respecto a los anteriores años: en la alisada calle Santa Agnès no se ve ni una sola cápsula metálica, esas que hasta hace dos años era inevitable pisar o dar puntapiés mientras se caminaba por allí. Su consumo se ha reducido drásticamente en detrimento de la más práctica bombona de NO2, que aunque pesa más de un kilo, es más fácil de manejar que una bolsa llena de cartuchos monodosis.

Es más práctico y económico manejar una bombona que las cápsulas monodosis

Camellos en s’Arenal

Tras la sesión de medianoche, en la que venden gas de la risa a quienes caminan por s’Arenal con destino a un beach club que hay en el paseo o a los bares de la zona, toca el turno de vender globos a los que regresan bastante perjudicados de las discotecas, a los que buscan algo de comer desesperadamente y a los que ya empiezan a echar de una sala que hay a escasos metros del mar. Los camellos comienzan a tomar posiciones y, con total descaro, ofrecen los chutes a todo el que se acerca. Realmente, no hace falta que canten su mercancía: llevan un globo en la mano y el pesado dispensador (todos con un atractivo diseño que llama la atención) en la otra. Está claro. Uno de esos camellos de la risa porta un bidón que tiene el curioso nombre de ‘Miami Magic infusion’. En la bombona, cuyo contenido es de 640 gramos, se advierte en letras menos llamativas pero legibles de que no se debe utilizar «para uso médico» ni «para inhalar». Sus clientes no hacen ni caso, y eso que el letrero es visible y está escrito en inglés, idioma familiar para la mayoría de ellos. Es decir, si no se enteran de que lo que están haciendo perjudica seriamente su salud es porque no quieren. Gold Whip (en envase de color cobre), Infusionmax… Será por marcas. Las hay de todo tipo tiradas en la calle e incluso en la arena de la playa.

Botella óxido nitroso tirada en la playa de s'Arenal.

Botella óxido nitroso tirada en la playa de s'Arenal. / J.M.L.R.

El óxido nitroso, que en repostería se emplea para emulsionar nata, también se utiliza en odontología como sedante, para relajar al paciente que, por ejemplo, siente aversión a las extracciones de piezas dentales. En la calle lo dispensan sin control médico, ni siquiera el de un pastelero. Y las dosis dependen del deseo del cliente, hasta que este, si llega el caso, cae redondo. Que caen.

En el envase se advierte que no se debe utilizar «para uso médico» ni «para inhalar»

Una botella, 167 dosis

Hacerse con ese material (incluso con grandes cantidades) es sencillo. En Amazon, sin ir más lejos, es tan fácil como comprar un alicate. Por ejemplo, bombonas «desechables» de óxido nitroso de 1,25 kilos. Se trata de cilindros de acero inoxidable que, asegura la marca, son «100% desechables y reciclables», aunque no da detalles del coste que eso representa. Ese único envase equivale a «167 cápsulas de nata». Eso permite a los subsaharianos que venden el gas de la risa no tener que ir cargados con aparatosas bolsas llenas de cápsulas: una sola botella equivale a 167 dosis. Es más práctico y más económico para ellos. Este sistema empezó a imponerse en 2022, creció en 2023 y este verano ya ha desplazado totalmente a las cápsulas.

Y sí, les resulta mucho más rentable. Basta echar mano de la calculadora para conocer la razón. Por ejemplo, el precio de uno de esos cilindros que se vende en Amazon es de 47 euros, de manera que cada globo inflado en la calle con NO2 sale a 0,28 euros. Si cada cliente paga de tres a cinco euros por inhalación, los beneficios resultantes son enormes: más de diez veces el coste del frasco.

En Amazon se puede adquirir por 47 euros una botella que contiene 167 dosis

Y aún más lo pueden ser si en vez de adquirir una sola botella, los dealers se hacen con grandes remesas. La misma marca ofrece en Amazon comprar tres bombonas a 135 euros (con un ahorro de dos euros por unidad), seis a 254 euros (con un ahorro de casi cinco euros por botella) o 12 a 468 euros (cada envase sale a 39 euros, ocho menos que si el pedido es de sólo uno). En este último caso, cada chute sale a 0,23 euros. Y encima no tienen que hacerse cargo de los gastos de reciclaje, pagados con los impuestos de todos. Negocio redondo.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents