Entrevista | Irene Francolí Cómica
La humorista Irene Francolí: «Lo que hago con mis chistes es quitarle el maquillaje a Ibiza»
Las Pitiusas, y en especial Ibiza, su tierra, son protagonistas de buena parte del material cómico que Irene Roig-Francolí cuelga en sus redes o emplea en sus monólogos. Conocida artísticamente como Irene Francolí a secas, la humorista y guionista ibicenca utiliza sus chistes como altavoz para «quejarse fuerte» de todo lo que le indigna y destapar las miserias de unas islas que se venden como un paraíso del lujo y glamour.
Uno de los problemas que aborda con su humor ácido y crítico es el de la vivienda

La cómica Irene Francolí (Eivissa, 1993), en una gala contra el cáncer celebrada en el Teatro Maravillas, en Madrid. / RUBÉN LOBATO

Metida en la piel de una empleada de hotel en Ibiza y con un cojín en una mano, Irene Roig-Francolí, conocida artísticamente como Irene Francolí, empieza a contar a cámara que le alquilan para dormir un árbol a 20 euros la hora. Es solo el comienzo de un vídeo, colgado hace cinco días en sus redes sociales, en el que relata con humor e ironía una verdadera tragedia: «El infierno» de conseguir vivienda en Ibiza.
No es la primera vez que aborda el asunto esta cómica ibicenca, que empezó en el oficio «en noviembre de 2020, cuando todavía había limitaciones en los bares» y los cómicos solo se podían quitar la mascarilla en el escenario tras colocar «una funda al micro». El salto a la comedia lo dio después de ejercer de profesora de catalán y de descubrir que la docencia no le llenaba. Entonces decidió dejar Barcelona, donde residía, para irse a Madrid y estudiar teatro, disciplina en la que había hecho sus pinitos desde bien joven en grupos amateurs. Allí es cuando empezó a hacer lo que se conoce como stand up o comedia en vivo y se dio cuenta de que era lo suyo.
«La gente muchas veces se cree que lo que decimos en nuestros monólogos es verdad, pero aunque parezca verosímil, es tan ficción como si estuviera haciendo un monólogo de Shakespeare», comenta a Diario de Ibiza en una entrevista telefónica desde Barcelona, donde últimamente trabaja bastante. También habla de lo que le ha costado llegar donde está. Reconoce que la comedia es «un mundo complicado», que «las actuaciones se pagan poco» y que hay que estar continuamente produciendo material «hasta conseguir que alguien llame a tu puerta». Ella, por fortuna, lo ha logrado.
En sus últimos ‘posts’ en Instagram aborda uno de los problemas más acuciantes de las Pitiusas, la vivienda. Aunque el tema es para llorar, prefiere tratarlo con humor…
Exacto. ¿Qué voy a hacer? Ya hice un vídeo más largo, que no era serio porque también tenía chistes, el verano del año pasado o el anterior. Aquel tuvo su recepción, pero pasó un poco desapercibido. Este año el tema está en auge, me refiero a las manifestaciones en sitios como Balears, Málaga, Canarias o Cataluña contra el turismo masivo y al hecho de que la vivienda turística sea prácticamente todo lo que tenemos y que la gente que trabaja no tenga dónde meterse, incluso si trabaja en el sector turístico. Llevábamos años arrastrando esto, pero este año la gente ha abierto los ojos y doy las gracias por ello. Así que ahora es el momento de quejarse fuerte y mis vídeos, en el fondo, son mi forma de hacerlo.
¿El problema de la vivienda es lo que más le indigna?
Sí, es uno de los que más. En general a Ibiza le ha gustado mucho ceder todo al turismo. Es lo que se dice matar la gallina de los huevos de oro. Les hemos dado todo, incluidas nuestras casas, y ahora no encuentran alojamiento ni los trabajadores que vienen aquí a hacer la temporada, que muchos están en caravanas, ni profesionales como profesores o personal sanitario. Lo de la doctora de Formentera a la que le ofrecieron alquilarle una higuera es como para pegarse un tiro. Me cuesta hacer chistes porque me indigna demasiado.
«El humor me sirve para hacer consciente a más personas de que no podemos seguir así»
En todo caso, el humor puede ser una herramienta eficaz para denunciar problemas e injusticias.
El humor es mi altavoz, me sirve, sobre todo, para hacer consciente a más personas de que no podemos seguir así. Lo peor de todo es cuando hago chistes sin inventarme nada.
Sí, porque mucha gente que no viva y no conozca la realidad de Ibiza y Formentera y que haya visto el ‘post’ en el que saca titulares de prensa como el de ‘Hay gente que paga para dormir en terrazas y bañeras’ o el de ‘Ofrecen a una doctora dormir debajo de una higuera’, que ha mencionado antes, deben pensar que se los inventa como si fuera El Mundo Today.
Y son todo titulares reales...
Explicaba antes que cuando hace un año o dos tocó en otra publicación en redes el tema de la vivienda pasó más bien desapercibido. En este caso ¿cuáles han sido las reacciones?
Me han empezado a seguir ibicencos en manada, lo que es muy curioso porque, como se dice, nadie es profeta en su tierra. Muchas personas han compartido este contenido no solo porque haga gracia sino porque se dan cuenta de que es tal cual lo cuento. También me ha empezado a seguir gente de zonas donde les pasa lo mismo, como Málaga o Valencia. En realidad, es un problema generalizado de toda España. En Madrid lo de los pisos turísticos es igual de exagerado, hay bajos a los que se les da ese uso cuando deberían acoger un negocio y no están hechos para que viva nadie.

Irene Francolí en un 'open' en el Golfo Comedy Club. / ByFotoRojo
¿En sus monólogos Ibiza está tan presente como en sus publicaciones en redes?
Sí, es mi tema, también porque la gente no está acostumbrada a ver a nadie de Ibiza o se la imaginan como Pocholo.
Aparte de la vivienda, ¿a qué otros temas vinculados a las Pitiusas le gusta sacarle jugo?
Al comportamiento de los turistas italianos e ingleses y al balconing, evidentemente.
Me imagino que después de sus monólogos la gente sale con otra imagen de Ibiza, muy diferente a la de la isla de lujo y ‘glamour’ que se vende.
Exacto. Yo lo que hago es quitarle el maquillaje a Ibiza y, después de eso, lo que queda es un poquito más crudo. Son chistes, pero en el fondo lo que digo no es para todos los públicos.
¿El humor que más le gusta y practica es el crítico y satírico?
Es al final el que más me sale. Algunas personas me dicen que tengo, a veces, un humor un poco negro, aunque yo no creo que eso sea tan exacto, pero sí tengo chistes que son muy bestias. En el fondo también es que el folclore ibicenco tiene mucha escatología y mucha negrura, es algo con lo que me crié y quizás por eso a mí personalmente igual no me escandaliza tanto.
El 26 de junio empezó su ‘tour’ veraniego por diferentes ciudades españolas arrancando en Zaragoza. ¿Qué tal está yendo?
Tuve que cancelar un par de bolos porque me contagié de covid. La mayoría de lo que estoy haciendo es dentro de las ‘Noches de Verano’ de CaixaForum, acompañando a Andrés Fajngold, un cómico argentino residente en Barcelona con un humor absurdo y blanco. En los shows él entraba con un tema de la banda sonora de ‘La lista de Schindler’ y yo con una canción de las Spice Girls . El contraste era épico.
Después de actuar en diferentes comunidades autónomas, ¿ha detectado que el sentido del humor varíe mucho según el lugar?
Para mí no es tanto el sitio como la edad. Yo triunfo entre personas que tienen entre 25 y 35 años, básicamente mi quinta. Si me voy un poco más para arriba ya la gente se siente un poco más ajena, excepto cuando toco ciertos temas que siempre hacen gracia.
¿A qué temas nos referimos?
Al del sexo, por ejemplo. Ese hace gracia a todos. Puede escandalizarse más o menos, pero un buen chiste sobre el satisfayer una abuela lo disfruta. También es verdad que por ser mujer te miran mal por decir cosas que si las contara un hombre estarían bien. Me pasa al hablar abiertamente de temas como este. Hay gente que dice que las cómicas solo sabemos hablar de sexo. No, perdona, de sexo hablamos todos, lo único que pasa es que antes las tías ni hacían comedia ni se atrevían a hablar de ciertos asuntos, pero todos los cómicos tienen material sexual. Lo que pasa es que si lo digo yo con mi carita de niña buena la gente se escandaliza más, ahora, si me llamara Manolo y tuviera 53 años le daría igual porque está acostumbrada. En cambio, el público de mi quinta no piensa eso de que esta chica no debería estar diciendo estas cosas y eso hace que me sienta un poco más libre. Aunque, más o menos, me las he podido apañar con público de todas las generaciones.
Estuvo en Ibiza con ocasión del 8M. ¿Para cuándo otra visita?
Me encantaría repetir, quiero volver a jugar en casa. Estuve en el 8M y me gustó mucho, porque además fue la primera vez que actué en ibicenco y eso supuso un cambio. Antes, cuando actuaba en Barcelona, como viví allí muchos años, estaba acostumbraba a cambiar el acento, era algo que lo tenía súper automatizado. A partir del 8M cuando he actuado en catalán ya siempre lo he hecho con mi acento, incluso la sección que hago en TV3 la hago así porque en Cataluña saben cómo suena el mallorquín, pero no el ibicenco.
¿Qué proyectos tiene a la vista?
Además de seguir actuando por el mundo, a partir de septiembre empezaré a colaborar de forma regular con el programa de TV3 ‘Està passant’. Saldré dos veces al mes. Además, sigo en la radio de IB3, colaborando con el programa matinal ‘Primer Vol A Formentera’.
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