Manu San Félix, biólogo marino, impulsor del proyecto Reserva 30 Mediterráneo: «Para que la pesca sea productiva hay que reservar un 30% de las aguas»

El nuevo proyecto del biólogo marino y colaborador de National Geographic Manu San Félix, Reserva 30 Mediterráneo (wwwreserva30.org), no dejará indiferente a nadie. Propone reservar de manera urgente el 30% de las aguas del Mediterráneo para que no se pesque nada en ellas. Pero nada de nada, ni un pececillo. San Félix cree que es urgente actuar porque las actuales reservas marinas ni son eficaces ni cumplen su papel. 

Manu San Félix en las instalaciones de Diario de Ibiza. | MARCELO SASTRE

Manu San Félix en las instalaciones de Diario de Ibiza. | MARCELO SASTRE

José Miguel L. Romero

José Miguel L. Romero

El reconocido biólogo marino y explorador de National Geographic Manu San Félix asegura que en el 95% de las actuales reservas marinas «no hay diferencia sustancial con las zonas no protegidas» y que sólo el 0,23% de esas áreas está realmente acotado a la pesca. Reconoce que su propuesta supone «un cambio de mentalidad» y que contradice el discurso defendido durante los últimos años por las instituciones y algunas cofradías, que aseguran que sí funcionan, son eficaces y favorecen que haya «peces más grandes y en mayor número», como afirma el director general de Pesca del Govern. Pero para San Félix, decir que son beneficiosas es «como hacerse trampas al solitario».

El biólogo marino durante la entrevista. | MARCELO SASTRE

El biólogo marino durante la entrevista. | MARCELO SASTRE / José Miguel L. Romero

Me choca lo que usted propone. Administraciones y pescadores presumen de las reservas marinas que hay actualmente. Le leo lo que se indica al respecto en una página del Govern: «El efecto reserva supone el incremento del número de individuos y de las tallas. Después de años de funcionamiento, los resultados positivos son significativos». ¿No es eso cierto?

Las zonas marinas en Balears son un veintipico por ciento…

Según informe de la Fundación Marilles, en Balears las áreas marinas protegidas suponen el 21,46% (1.642,74 kilómetros cuadrados) del mar balear. Así las cosas, todo iría según el plan y quedaría poco para llegar a ese 30% que usted propone.

Cerrada a la pesca sólo está el 0,07% de las aguas del Mar Balear. Y en el Mediterráneo, el 0,23%. Son porcentajes bajísimos. La palabra, para mí, que define ese porcentaje es ridículo. Eso significa que no estamos siendo ambiciosos con la protección. Creamos una zona marina protegida, como la de es Freus, pero las diferencias entre lo que puedo hacer pescando dentro y fuera de ella no son significativas.

Eso es, entonces, bluewashing. O una gran mentira.

Nos falta ambición para proteger. Si miramos el contexto internacional, lo que está sucediendo en otros países, estamos a la cola. Hay porcentajes altos sin pesca en otras zonas. Si no dejas de pescar, si en más de un 90% del mar faenas sin límites, es literalmente imposible que se recuperen las especies. Eso lo dice el sentido común.

Pues hace pocas semanas, el director general de Pesca del Govern balear, Antoni M. Grau, decía en un acto celebrado en Eivissa por el 25 aniversario de la primera reserva marina de interés pesquero de Balears, la de es Freus, lo siguiente: «En las reservas marinas hay más peces, son más grandes y abundan especies difíciles de encontrar fuera de ellas». ¿Es así?

Conozco a Toni Grau desde hace muchos años y ha hecho un gran trabajo en la creación de zonas marinas protegidas siempre velando por los pescadores locales. Sobre los datos que dan de la reserva la verdad es que es algo que no sigo de cerca. Sí puedo decir lo que yo veo. Llevo buceando 32 años, miles de inmersiones, en la reserva marina más antigua de Balears, es Freus. Cada día me sumerjo allí. Tengo una visión que no tiene nadie. Y lo que puedo decir es que no tiene nada que ver lo que había cuando hice mi primera inmersión, en octubre de 1992, con lo que hay ahora. Nada que ver. Buceaba y veía muchos meros de gran tamaño. Y muchas cigalas, un montón de langostas, roges, cientos de roncaores… El fondo de arena estaba literalmente, no exagero, plagado de raors y rayas. De todo eso no queda nada. Nada. Pienso que en el momento que estamos toca revisar la protección que tenemos para que podamos recuperar lo más rápido posible lo que había aquí hace décadas. Y todos juntos podemos lograrlo.

¿Lo que propone sería una reserva cerrada a cal y canto, una reserva integral no take zone o incluso algo más?

En la conferencia mundial de Biodiversidad de las Naciones Unidas celebrada en Montreal en diciembre de 2022, 196 países, entre ellos España y la Unión Europea, firmaron el compromiso de reservar y proteger el 30% del mar para el año 2030. En el mar, proteger es dejar de pescar. La Unión Europea ha dicho que de ese 30%, un 10% será de protección estricta. No consigo saber claramente lo qué quieren decir con eso, pues para mí reservar todo ese 30% sería importante para dos cosas. Una, recuperar la pesca local, que en el caso de las Pitiusas y de Balears está agotada. No tiene nada que ver lo que se extrae ahora con lo que se atrapaba en 1960, cuando volvían cargados de grandes meros. Llegaban a sacar redes llenas de centollos, que entonces no se vendían porque se consideraban comida de pobres. Entonces sí era pesca artesanal. Hoy, con ayuda de motores para extraer los aparejos, navegando mucho más lejos, echando muchos, muchísimos más kilómetros de artes, se pesca infinitamente menos. Y en segundo lugar, para salvar el Mediterráneo. Lo que queremos con la campaña Reserva 30 es que haya un cambio de mentalidad. Quizás se perciba como algo contra la pesca, pero reservar es absolutamente lo contrario. No es contra la pesca, es a favor de la pesca. Si queremos que sea productiva, tenemos que reservar ese 30%.

Pero los pescadores y las instituciones creen que eso ya sucede. El propio Grau lo ha dicho hace poco. Lo que usted plantea choca frontalmente contra ese discurso.

En Estados Unidos, en Chile, lo que se hace es reservar dejando de pescar. En la zona marina protegida más grande del mundo, que podría ser la más dificultosa, la de Papahānaumokuākea, en Hawái (Estados Unidos), las capturas de atún en sus alrededores aumentaron, en cuatro años, un 54%. Es una barbaridad. Sin hacer nada. Detrás hay un porqué científico. En la isla Robinson Crusoe, hace 100 años se autoimpusieron el control por tallas de las langostas y una zona de veda. Allí están a 300 millas de la costa, no a 50 como en Balears. Pensaron que si no lo hacían, se morirían de hambre, por ser su único ingreso. Un siglo después siguen capturando langostas. Las hembras son enormes, de siete kilos, del tamaño de un perro. En el mismo muelle del puerto las ves. Si pescaran como en Eivissa, esa isla estaría ahora desierta.

Sí, lo entiendo, pero lo que veo difícil es que pescadores y algunos políticos acepten y asuman ese cambio de paradigma, entre otras razones porque piensan que ya lo están haciendo fenomenal.

Por eso nuestro objetivo real es que haya un cambio de mentalidad. Ya no se pesca lo mismo que hace décadas. ¿Cuántos meros grandes, de 30 kilos, entran en la lonja de Eivissa? Ni uno. Nuestra propuesta no es hacer un autopista o un aeropuerto, que los construyes y se quedan ahí. Puedes imponer el 30%, que no es el 90%, y probar durante dos años si da frutos. Si no funciona, lo cambias. Pongamos que reservamos entre es Daus y s’Espardell. ¿En qué repercutiría en la pesca? En absolutamente nada. En algunos lugares donde se ha hecho esto, hubo oposición de los pescadores. Pasados los años, ve a quitarles ahora esa zona de protección. En México, en el Parque Nacional de cabo Pulmo, la biomasa, los peces, se incrementaron un 400%. Esa zona la impulsaron los pescadores. Ahora diles que la vas a quitar. Ahora son más ecologistas que los de Greenpeace.

¿Ha consultado ya su idea con las cofradías de pescadores o con los políticos?

Mi papel es el de inspirar y difundir un mensaje de cómo se hacen las cosas bien. Trabajo en un proyecto que se llama Pristine Seas, una iniciativa de National Geographic liderada por Enric Sala que comenzó en 2009. Viajamos por el mundo para impulsar e inspirar zonas marinas protegidas. Vamos con este discurso, que es muy sencillo y muy de sentido común. Del océano protegido en el mundo, más del 70% ha sido gracias a este proyecto. El deseo es beneficiar a las comunidades de pescadores y turismo local.

Y hacer de Pepito Grillo.

¿En la ganadería hacemos lo mismo que en la pesca, eliminamos el 90% del ganado? No. ¿Qué reservamos en el ganadería? Ese 30%. ¿Qué cuidamos más? A los reproductores. En el caso del mar serían los peces grandes. A un ganadero jamás se le ocurriría matar a un reproductor macho o hembra, pues tiene un valor incalculable. En el mar hacemos lo contrario: a esos peces grandes son a los primeros que queremos matar. Matamos a meros de 40 kilos que liberan cientos de miles de huevos. Así, ¿cómo va a haber más meros? Campañas como la de ‘pezqueñines’ fueron un error. A quien hay que proteger es a las mamás y a los papás, pues gracias a ellos hay pezqueñines.

Pues nos han hecho creer otra cosa durante lustros.

Llevamos siglos sacando y sacando del mar, como si este no se agotara nunca. Pero ahora, más del 80% del pescado que consumimos en estas islas procede de fuera. Si pides una paella de bogavante, ¿en dónde crees que lo han pescado? En Canadá. ¿Eso es lógico? Por eso la pesca local necesita las ayudas, porque ya no hay producto suficiente, sin ellas un pescador lo tendría muy difícil. Si les quitaran esas ayudas, al 99% no le saldrían la cuentas porque hay pocos peces para capturar y volver con el barco cargado al puerto.

¿Dónde establecería ese 30% en las Pitiusas?

Con esta campaña queremos recoger medio millón de firmas y llevárselas, con representantes de National Geographic, al presidente del Gobierno para que se reserve ese 30%. ¿Qué 30%? Ahí es donde todos debemos sentarnos en torno a una mesa y tratar el tema. Tenemos un punto de partida magnífico, una publicación de Enric Ballesteros, investigador del Centre d’Estudis Avançats de Blanes, que ya hizo un planteamiento. Es un referente y uno de los máximos expertos del Mediterráneo. Hay que reservar aquellas zonas que son especialmente productivas, los establos del mar. En el caso de Eivissa, una de las zonas estaría situada en su suroeste, en na Xamena (un bajo situado entre es Vedrà, la Bota, sa Conillera…) donde hay bosques de gorgonias que son como incubadoras. Es un hábitat increíble para generar vida. También, sitios donde hay praderas de posidonia.

Que frecuentemente sufren daños.

La de Talamanca está prácticamente destrozada. Era una de las más bonitas del Mediterráneo. El arrecife barrera más grande de este mar, formado a lo largo de miles de años, un auténtico monumento natural. Pero hemos destrozado Talamanca con anclas, de las que hay todavía decenas sobre la posidonia. Eso es un atentado. Dentro de unas generaciones, nos maldecirán, se preguntarán qué hicieron esos animales, que somos nosotros. Es como un arrecife de coral por su belleza, por su delicadeza, por la vida que encierra y por lo lentísima que es su formación. Necesita miles de años. Si esa bahía estuviera preservada como hace medio siglo, sería un acuario maravilloso. Estas islas son un lugar bendecido por la naturaleza, pero lo estamos destruyendo. Se puede entender que haya sucedido, pues décadas atrás se pasaba hambre aquí, la vida era dura. Con el progreso se buscó el confort, que es humano, pero al hacerlo no nos fijábamos en la huella, en el impacto que dejábamos. Ahora es el momento de parar y reflexionar con el objetivo de que en el año 2030 el Mediterráneo y las Pitiusas se parezcan a como eran en 1950.

James Blunt y varios colegas suyos de National Geographic (Silvia Earle, Enric Sala y Mike Fay), además de Jane Goodall, se han sumado a esta iniciativa de Reserva 30.

Goodall nos ha grabado un video. Este año estuve un par de días con ella. Es una persona que enamora por su brillantez, por su sensibilidad, por la pureza de lo que hace y por su sentido común.

¿Cómo convenció a Blunt?

Medio vive en Eivissa. Le gusta bucear. Es famoso, pero es una persona normal a la que le encanta la naturaleza y el mar. De vez en cuando venía a bucear conmigo y fuimos haciendo amistad. Él y su pareja, Sofía, como muchas personas con sensibilidad, ven el impacto que sufren las Pitiusas y el Mediterráneo. Tiene mucha vinculación con Blue Marine Foundation, en el Reino Unido, y con National Geographic. Quiere ayudar para conseguir una Eivissa mejor. Esta no es una campaña contra nadie, sino a favor de todos, sobre todo a favor de la pesca artesanal. Los pescadores deben saber que esto no va contra ellos, sino a favor de la pesca.

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