Tradición al ritmo de los abanicos en Sant Joan

Vídeo: Día grande de las fiestas de Sant Joan

Aarón Benet

Aarón Benet

Aarón Benet

Misa solemne a cargo del obispo de Ibiza, Vicent Ribas Prats, procesión y ball pagès de los miembros de Sa Colla de Labritja. Así transcurrió durante la soleada mañana de ayer la celebración en Sant Joan de su fiesta patronal. La jornada, a pesar del asfixiante y agobiante calor, contó con una gran cantidad de público, que disfrutó de los actos tradicionales con paciencia y tirando de abanicos.

El inicio de la misa solemne estaba previsto para el mediodía. Pero aproximadamente 30 minutos antes, varios asistentes entraron con gran decisión en la pequeña parroquia para reservar un asiento que les permitiera disfrutar con mayor comodidad del acto litúrgico. Familias al completo, niños, jóvenes, ancianos o simplemente curiosos que andaban tranquilamente por la zona, se reunieron con rostros de alegría en los aledaños de la iglesia a la espera de que llegara el mediodía. Mientras tanto, muchos aprovechaban la eterna espera para saludar cariñosamente a otros de los presentes o sencillamente observar la indumentaria típica que llevaban los integrantes de sa Colla de Labritja, que esperaban refugiados en una de las sombras.

A pesar de la previsión de los asistentes, el sermón de Ribas no comenzó hasta unos pocos minutos después, pasadas las 12.15 horas. En ese momento no cabía prácticamente ni un alfiler en la iglesia de San Juan Bautista. De hecho, hubo quien se vio obligado a seguir la misa desde la entrada o de pie en uno de los dos diminutos pasillos laterales. Tras un breve canto del coro, Ribas inauguró el Día de Sant Joan agradeciendo su presencia a los representantes de las instituciones (consellers, concejales de varios Ayuntamientos, alcaldesa, Guardia Civil...), así como del resto de los asistentes, que escuchaban con gran atención desde sus bancos cada una de las palabras del obispo ibicenco.

Durante la ceremonia, que transcurrió sin sobresaltos, Ribas explicó las tres «lecciones importantísimas», que dejó el legado del apóstol San Juan: «En primer lugar, fue una persona que llevó una vida de austeridad, que es un símbolo de felicidad. Además, ayudó a dar a conocer a Cristo. Y por último, fue una persona sincera, ya que siempre dijo la verdad. Tanto es así, que le llegaron a cortar la cabeza por no querer mentir».

«Hacer pueblo»

A pesar de que la jornada estaba dirigida a todos los públicos, la mayoría de los que presentes eran residentes en la isla, tal y como lo evidenciaba el predominio de las conversaciones en ibicenco. Como Pepita Torres, que resumió su experiencia: «Vivo en Sant Joan y vengo con mucha frecuencia al día de la gran fiesta. Es una jornada para fer poble y pasarlo muy bien junto a amigos y seres queridos. Además, veo a gente que hace mucho tiempo a la que no veo». Sin embargo, también había visitantes acompañados de sus mapas o de sus coches de alquiler que no sabía muy bien que era lo que estaba ocurriendo ante sus ojos.

Uno de los momentos estrella de la misa fue la comunión, para la que se formó una enorme cola un tanto caótica de parroquianos que casi alcanzaba el patio exterior. Pocos minutos después finalizó la misa y dio comienzo la procesión del apóstol Sant Joan, que estuvo acompañado en todo momento por la animada música de la colla de Sa Colla de Labritja.

Cultura local

En un día así, no podía faltar un clásico como el ball pagès de Sa Colla de Labritja. Mariano Marí, un joven de 27 años integrante de la Colla desde que cumplió los cinco, explicó la importancia que tiene participar en este tipo de jornadas: «En una celebración como la de hoy, -ayer para el lector-, tenemos una excelente oportunidad para enseñar algo tan importante como es el folclore de Ibiza. Así, podemos mostrar el baile típico de la isla a la gente que por ejemplo, viene del extranjero». «Llevamos la cultura de Ibiza a todo el mundo y lo hacemos en una jornada en la que conseguimos reunir a residentes de la zona que hace tiempo que no nos vemos», agregó.

En la procesión participaron personas de todas las edades, de la misma manera que en la actuación de los balladors. Estos últimos llevaron a cabo un gran espectáculo que solo tuvo un fallo, cuando uno de los jóvenes integrantes se resbaló en una de las pequeñas escaleras de madera situadas en la salida de la iglesia. Aunque con disimulo logró que su error fuera prácticamente indetectable. Todo quedó en una anécdota más de la jornada festiva

La celebración de la mañana concluyó cuando los balladors llegaron al pequeño paseo del exterior de la iglesia, y Sa Colla bailó ante la atenta mirada de los asistentes que observaban con atención. Muchos de ellos optaron por inmortalizar el momento con sus teléfonos.

Suscríbete para seguir leyendo