Sant Antoni

De Miami a Sa Punta des Molí en busca de sus raíces ibicencas

Marta y Héctor Bibiloni Boned, nietos del que fue el último molinero de sa Punta des Molí, Juan Boned Costa, viajan con su familia desde Miami a Ibiza para conocer el espacio cultural municipal que alberga la casa donde creció su abuelo, que emigró a Cuba en los años 20 del siglo pasado

Maite Alvite

Maite Alvite

Durante la visita al Espacio Cultural Sa Punta des Molí, en Sant Antoni, Héctor Bibiloni Boned repite en varias ocasiones lo «emocionado» que está de poder entrar y conocer estas instalaciones. No es para menos, está pisando por primera vez el que antaño fue el hogar de su abuelo, Juan Boned Costa, «el último molinero de sa Punta des Molí», que emigró a Cuba en los años 20 del siglo pasado siendo un veinteañero. Le acompañan, felices de compartir este momento, su hermana Marta, que nunca antes había estado en Ibiza; su mujer, Bárbara Aguilera; sus hijos, Gabriela y Héctor, y la novia de este, Emily Velázquez.

Vienen de muy lejos, desde Miami, donde residen actualmente, para cumplir con «un sueño de muchas generaciones». Han viajado hasta Ibiza en un crucero que partió del Reino Unido y que este mediodía (el de ayer) atracó en el puerto de Vila un poco antes de la hora programada.

La escala en la isla inicialmente iba a ser de ocho horas, pero, al parecer, la duración se ha recortado, con lo cual en esta ocasión no tendrán la oportunidad de encontrarse con los familiares que aún conservan en la isla. «El sitio que más no importaba visitar y el que menos tiempo nos dejan al final para ver», se lamentan. A pesar de ello, están aprovechando al máximo la estancia en Ibiza. Lo primero que hicieron cuando la embarcación arribó a puerto, fue dirigirse a Sant Antoni, a sa Punta des Molí, donde hace aproximadamente una hora les ha dado la bienvenida el concejal de Economía y Hacienda del municipio, Antoni Marí Marí, después de oficiar una boda civil en el espacio cultural.

El edil les acaba de regalar como recuerdo, en nombre del Consistorio, una guía de Sant Antoni; y dos libros de fotografías, el de ‘Ibiza, la isla perdida de Walter Bejamin’, de Cecilia Orueta; y el de ‘Viatges a Eivissa’, con fotografías de Pere Català i Roca y textos de Vicent Marí Costa.

Antoni Marí Marí entrega a Héctor Bibiloni Boned tres libros de recuerdo.

Antoni Marí Marí entrega a Héctor Bibiloni Boned tres libros de recuerdo. / Vicent Marí

Antes les ha hecho de guía por todo el complejo. Les ha mostrado el molino restaurado, el pequeño museo etnológico y la casa típica reconvertida en sala de exposiciones. Héctor está «feliz» de que «este centro cultural» le «dé vida» al lugar donde nació, creció y trabajó como molinero su abuelo.

Gracias a la información que sus familiares ibicencos les proporcionaron, han podido localizar en qué parte de lo que ahora es espacio de exhibiciones se ubicaba el dormitorio de Juan. «Durante años mi bisabuela mantuvo el cuarto igual que estaba cuando su primogénito se marchó a Cuba», comenta Héctor.

Juan Boned, como muchos ibicencos de la época, emigró a Cuba. Se convirtió en marino mercante y se casó con Caridad Martínez, a la que conoció en Surgidero de Batabanó, «un puerto de mar» situado al sur de La Habana, ciudad a la que se trasladarían después.

Juan tuvo ocasión de regresar a su tierra natal para ver a su familia «en algún momento» y volvió a Cuba «con dos baúles ibicencos», según recuerda su nieta. Su amor y su añoranza por Ibiza y sus recuerdos isleños le acompañaron siempre y los trasladó a sus hijos como si fueran cuentos que les relataba antes de dormir. Ellos, a su vez, los han transmitido a las siguientes generaciones.

Juan les hablaba del molino, que vivía pegado al mar y mencionaba a sus hermanas Inés y María. De hecho, a su hija mayor la bautizó con estos dos nombres.

A la cuarta va la vencida

El ibicenco falleció en 1948, con apenas 51 años, en un naufragio frente a Puerto Cortés (Honduras), dejando a su mujer viuda con cinco hijos, entre ellos Nilda Boned, la madre de Héctor, que tenía solo diez años cuando perdió a su padre. La imagen de un molino a la orilla del mar la guardó en su memoria como oro en paño con el anhelo de poder algún día conocer la tierra de su padre. El sueño lo pudo cumplir en 2010, con 72 años, gracias a su hijo pequeño, Héctor, que por su cumpleaños le regaló el deseado viaje a Ibiza, desde Miami, donde estaban instalados desde hacía diez años.

Antes, en el 2000, Héctor ya había tenido ocasión de viajar a la isla dos días como parte de una expedición de la Casa Balear de Cuba, después de haber ganado el primer premio Art Jove de Literatura con un relato en el que hablaba de su abuelo «y todos los baleares». En aquella visita no logró hallar ni el lugar donde había vivido su padre ni localizar a sus parientes.

En su segundo viaje, ya con Nilda, aunque también fueron a Ibiza pocos días, tuvieron más suerte. Fueron a buscar información al juzgado de Paz de Sant Antoni y gracias a la ayuda de los propietarios del Hostal Adelino, donde se alojaban, y de un vecino de la zona pudieron conocer a sus parientes ibicencos, entre ellos, a las hermanas de Juan: María, Inés y Antonia. Compartieron viejas historias del «alegre y fuerte» Juan y también fueron a la que había sido la finca familiar en Cala Salada, que era del bisabuelo de Héctor y Marta. En aquella corta estancia, Nilda y su hijo se quedaron con las ganas de ver por dentro el Espacio Cultural Sa Punta des Molí, que estaba cerrado. Tampoco lo pudo visitar Héctor, por el mismo motivo, cuando viajó de nuevo a Ibiza en 2015, en aquella ocasión acompañado de su mujer y de sus dos hijos.

Héctor Bibiloni júnior confiesa que en aquella ocasión escaló la valla del recinto para coger tierra y llevársela como recuerdo a su abuela Nilda, que lamentablemente falleció en 2020 sin poder ver por dentro la casa en la que se crió su padre. En su lápida se puede contemplar aquel molino a la orilla del mar del que tantas veces le habló Juan.

La lápida de Nilda Boned con el molino de sa Punta des Molí.

La lápida de Nilda Boned con el molino de sa Punta des Molí. / Archivo familiar

Aunque no han tenido tiempo para quedar con sus familiares ibicencos, ha sido en el que es el cuarto viaje a Ibiza de Héctor, ya con 53 años y acompañado de su seres más allegados, en el que, por fin, han podido ver por dentro el Espacio Cultural Sa Punta des Molí. Allí siguen, después de una hora de recorrido guiado por Antoni Marí, paseando y tratando de grabar en sus retinas este lugar tan especial que para ellos significa tanto. Por supuesto, no puede faltar la foto familiar con el molino detrás y el mar de fondo. ¿Cómo se sienten? La respuesta es obvia: «Como en casa». «De hecho, nos estamos planteando venir a vivir a la isla», dicen Héctor y Marta, que tienen cuatro hermanos más. Los dos primeros se llaman Juan Arturo y Juan Carlos, como herencia de aquel abuelo que marchó a Cuba, pero que nunca olvidó ni a su familia ibicenca ni su añorado molino.

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