Turismo

La huida imposible de la masificación en Ibiza

El aumento del número de visitantes en Eivissa se deja sentir no solo en los lugares más turísticos, sino también en aquellos puntos que hasta ahora habían permanecido más ocultos o desconocidos. La influencia de Instagram ha sido clave para que cada vez sea más difícil encontrar lugares que escapen de esta vorágine.

Masificación en el mirador más conocido de la isla.

Masificación en el mirador más conocido de la isla. / Zowy Voeten

David Ventura

David Ventura

Encontrar refugios de tranquilidad en Ibiza se ha convertido en una misión imposible, al menos entre los meses de abril y octubre. A los espacios masificados y que, de siempre, han sido un foco de atracción de visitantes, hay que añadir ahora rincones insólitos y más escondidos que durante décadas han permanecido al margen de las guías, pero que ahora se convierten en lugar de peregrinación gracias a aplicaciones como Instagram y al papel de algunos influencers que señalan los lugares que, en teoría, nadie debería perderse cuando visita la isla.

A estos parajes hay que añadir también otros puntos más acostumbrados a recibir turistas, pero que se han visto desbordados por el aluvión de visitantes que ha tenido la isla durante estos últimos años. Este es un pequeño recorrido por todos estos puntos de la isla donde la tranquilidad se ha convertido en algo imposible.

Las playas

«Una señal de que un sitio lo empiezas a perder es cuando los instagramers le cambian la toponimia», explica Agnés Torres, bióloga marina y responsable de las campañas Conciencia Plástica de recogida de plásticos en las playas de la isla.

«Hay muchísimos sitios que antes eran muy tranquilos y que ahora son imposibles», señala Torres, que pone el ejemplo de Platges de Comte: «La playa principal siempre ha estado llena, pero te apartabas un poco y sabías que en el Racó d’en Xic podías estar tranquila. Pero desde que pusieron allí un chiringuito y se convirtió en ‘Cala Escondida’, este lugar también lo hemos perdido».

Otro espacio cercano a Platges de Comte que también se ha masificado es la cueva de sa Figuera Borda, que se ha popularizado a través de redes sociales y que está privatizado de facto por las empresas que organizan actividades en su interior: «Llegas y te encuentras que, sin permiso, han ocupado todo el espacio».

El acceso a las playas en vehículo privado, los colapsos que comporta y el riesgo de que estos vehículos taponen la salida en casos de emergencia, han provocado que se tomen medidas para controlar el tráfico en algunos de estos puntos calientes. Algunos ejemplos son los de Platges de Comte, Cala Salada y Cala Saladeta o s’Aigua Blanca, donde se han habilitado aparcamientos disuasorios y los bañistas deben acceder a la playa a pie o con transporte público. Una situación que también se repite en Benirràs los días en que se produce la concentración de los tambores.

«Unlugar donde también se debería poner una limitación es la playa de Cala d’Hort», comenta Joan Carles Palerm, presidente del GEN-GOB: «En la playa no hay espacio para aparcar y los coches ocupan el espacio de un torrente, lo que es muy problemático. En caso de incendio, tiene una salida muy conflictiva».

Masificación en el mirador más conocido de la isla. | IG

Mosaico de fotos del nuevo mirador de es Vedrà. / IG

El mirador de es Vedrà

Otro punto que está soportando una enorme presión humana es el mirador de es Vedrà y toda la zona de sus alrededores. Cuando el mirador tradicional —el que está situado justo debajo de la torre des Savinar— se empezó a masificar, se habilitó un segundo mirador en un punto más cercano a la playa para que la muchedumbre se repartiera. No obstante, todos los intentos para evitar la congestión de la zona han fracasado ya que, en temporada alta, centenares de personas se concentran junto a los miradores, que se convierten en una especie de zoco. «Se ve a gente que se forra vendiendo mojitos y que luego lo llenan todo de plástico. La presión que sufre esta zona, que está protegida, es insostenible», comenta Agnès Torres.

«Lo peor de todo es que la masificación es como una mancha de aceite que no deja de expandirse», explica Jordi Serapio, naturalista y fotógrafo. En los dos últimos años, algunos influencers descubrieron otro punto desde donde realizar una foto alternativa a la típica de es Vedrà, y ahora se desplazan hasta una zona un poco más elevada y apartada, en la que hay una oquedad en la roca con forma de corazón.

«Se ha generado un itinerario en el Cap des Jueu y más allá, donde hay una roca agujereada que buscan los instagramers, y llegan hasta Roca Blanca, y ya se está detectando la degradación que sufre esta zona», explica Serapio: «El aumento del tránsito de la gente provoca una erosión del terreno, se pisa vegetación. Se trata de un lugar supersensible, con una flora que no hay en ningún otro lugar de la isla y que se supone que debería estar protegida».

También en es Amunts

La masificación y sus consecuencias no solo se deja sentir en los puntos más turistificados de la isla, sino que también se percibe en lugares a priori más tranquilos como toda la zona de es Amunts.

«Hacia Cala Aubarca, cuando la época del covid, empezó a desfilar una cantidad de gente impresionante», explica Pepita Cardona, licenciada en Ciencias Ambientales y vecina de la zona, que señala como punto crítico el camino de acceso a s’Ullal de na Coloms: «Te puedes encontrar a vehículos cuatro por cuatro a toda velocidad, destrozando los caminos. He visto filas de siete y ocho todoterrenos intentando subir esas cuestas, y todo con el riesgo de incendio que comporta y con la afectación que tiene sobre la fauna».

«Solo hay que ver las constantes noticias de bomberos que tienen que rescatar a excursionistas en Cala Aubarca. No es que dude de la preparación de la gente que acude, pero lo cierto es que hasta hace poco estos espacios naturales tenían una tranquilidad que han perdido», resume.

Uno de los rescates del año pasado en es Ullal de na Coloms. | ZOWY VOETEN

Una silla instalada frente al mirador de ses Margalides. / D.V.

Un punto de vista con el que coincide Jordi Serapio: «Cada día que pasa se masifican lugares nuevos y es Amunts es uno de ellos. Cuando terminó el confinamiento hubo un auge del excursionismo. Seguro que la mayoría de gente acude con buena intención a disfrutar de la belleza de esta zona de la isla, pero muchas veces, por falta de conocimiento o por inconsciencia, se daña el entorno».

Desde grupos de excursionistas que hacen sus propias rutas con aplicaciones como Wikiloc, grupos de nordic walk o empresas que organizan actividades de descubrimiento de la naturaleza en temporada baja, lo cierto es que el número de visitantes que reciben las zonas naturales del norte de la isla se ha multiplicado en los últimos tres años: «En muchas ocasiones, los caminos no están señalizados. Quizás, tampoco se ha hecho el esfuerzo de transmitir correctamente los valores ambientales, pero hemos detectado un impacto innegable en la zona».

Serapio señala la zona de ses Baladres y sa Penya Esbarrada, en Santa Agnès, como la más castigada por estas visitas. Unos acantilados que, evidentemente, cuentan con un magnífico mirador —en este caso, sobre ses Margalides— que también hace las delicias de los instagramers. «Lo de la gente que va a ses Baladres es una cosa tremenda», confirma Hazel Morgan, presidenta de Amics de la terra.

Precisamente, desde esta asociación han impulsado un proyecto que consiste en contactar con las empresas que organizan excursiones en esta zona y ofrecerles charlas de concienciación sobre los valores naturales de este espacio.

«Hay mucho turista alemán y francés que hace hicking, que es una práctica muy saludable, pero en muchas ocasiones no son conscientes de lo que pueden provocar», explica Morgan, quien recuerda que en es Amunts hay «endemismos que hay que respetar».

Reconoce también que las cosas no se han hecho bien y que falta señalización y pedagogía: «Ves los carteles que ha instalado el Govern en las zonas que son Xarxa Natura y prácticamente no tienen información, son un desastre», y explica que las administraciones públicas deberían realizar campañas en redes sobre las zonas protegidas de las isla.

Pero es Amunts, además de excursionistas con buenas intenciones y otros inconscientes, también sufre el problema de la vivienda. Es habitual encontrar en plataformas como Booking o AirBnb particulares que alquilan cabañas o chamizos en pleno bosque de esta zona protegida. Una situación que también ha vivido Pepita Cardona: «En un terreno de unos familiares encontramos un tinglado hecho con palés, alfombras, un sofá, mesas, sillas, toldos, una zona chill out y una hoguera». La presión por la falta de vivienda está llegando a todas partes.

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