Bernardo Caal en Ibiza: «Las hidroeléctricas de Guatemala son capaces de todo. He temido por mi vida»

«Es muy posible que haya un golpe de Estado porque los malos, los corruptos, ahí están, en los organismos judicial y legislativo del país»

Bernardo Caal Xol durante la entrevista.

Bernardo Caal Xol durante la entrevista. / Toni Escobar

José Miguel L. Romero

José Miguel L. Romero

Bernardo Caal Xol ni contesta con monosílabos ni es breve en sus respuestas. A cada pregunta responde de manera pausada y extensa, muy extensa, como si el tiempo no existiera. No duda en remontarse a décadas atrás, incluso a dos siglos antes, para explicarse.

Bernardo Arévalo ya es presidente de Guatemala, pese a que no fueron pocos los intentos de impedir su investidura. ¿Cree que su país puede cambiar con él, que logró el apoyo mayoritario del pueblo guatemalteco en las elecciones y el respaldo del Movimiento Semilla?

Según la historia de Guatemala y todo lo que ha acontecido desde hace doscientos años, un grupo de la élite que siempre se ha perpetuado en el poder y tiene controlados todos los órganos del Estado, desde la fundación del país…

Caal, que no responde con una sola frase, recuerda los 36 años de guerra civil que vivió Guatemala, de 1960 a 1996, «cuando se intentó rescatar este Estado con las armas, algo que no funcionó». Al contrario: «Provocó la muerte de más de 250.000 guatemaltecos, principalmente de los pueblos indígenas». La causa, que el «grupo de poder acusó a muchos líderes sociales, religiosos, sindicalistas y estudiantes de ser guerrilleros comunistas». Con ese eslogan «descabezó a toda la sociedad». Tras esa guerra «se planteó adónde habían ido hasta entonces los recursos de Guatemala, por qué no llegaban los servicios públicos a todas la comunidades indígenas. Y se señaló que, posiblemente, fuera por la corrupción. Los líderes sociales apuntaron a las mismas estructuras del Estado y pidieron la creación de una comisión internacional que investigara y verificara dónde residía esa corrupción». La Comisión contra la Impunidad y la Corrupción de Naciones Unidas «mostró que, en efecto, anidaba en los organismos del Estado». Otto Pérez Molina, expresidente del país (2012-2015), fue uno de los primeros en caer y ser condenados a prisión, junto a su exvicepresidenta, Roxana Baldetti: «Diputados, ministros, jueces y fiscales corruptos fueron a la cárcel como consecuencia de aquella investigación».

El líder guatemalteco.

El líder guatemalteco. / Toni Escobar

La venganza

Pero esos poderes «fácticos, corruptos», prosigue Caal, se «reorganizaron» y «expulsaron a ese comisionado de Naciones Unidas. Y sin la Comisión de la ONU ya no había nadie en quien confiar ni donde poner una denuncia, pues los corruptos lo tienen todo bajo su control». Comenzaron entonces una persecución, señala el líder guatemalteco, contra quienes colaboraron con esa comisión, contra «fiscales, jueces, líderes sociales…, muchos de los cuales tuvieron que salir del país». Fue su «venganza». Otros se quedaron, como el propio Caal o Virginia Laparra, fiscal que fue encarcelada: «Salió hace un mes en libertad, tras dos años de tortura carcelaria». Laparra había denunciado varios delitos de corrupción.

De las manifestaciones en la calle en 2015 contra la corrupción surgió el Movimiento Semilla. Su candidato para las pasadas elecciones, Bernardo Arévalo, ni siquiera aparecía en las encuestas oficiales, de manera que el hecho de que pasara a la segunda vuelta fue «una sorpresa». Arévalo tenía una ventaja sobre los demás oponentes: «Era hijo de un expresidente, Juan José Arévalo (entre 1945 y 1951), que casi no tenía tacha y fue un excelente presidente. Si su papá fue bueno, él también podría serlo, pensaron los guatemaltecos. No podía manchar el nombre de su papá». Al contrario que los demás candidatos, que «regalaban de todo a los votantes para ganarse su voto, Arévalo no ofrecía nada. Él sólo dijo que cerraría los chorros de la corrupción en las estructuras del Estado».

Volviendo a la pregunta del inicio, de sus palabras se deduce que cree que Arévalo puede acabar con la corrupción.

Puede ser. El problema es que lo tiene muy difícil. Posee el Ejecutivo, pero tiene en contra a los poderes legislativo y judicial del Estado.

Caal retrocede ahora un mes para explicar las trabas que ya ha tenido que salvar Arévalo tras su elección. Por ejemplo, a punto estuvo de no ser elegido presidente del 14 de enero debido a que el Congreso procuró torpedear su investidura. «Fue un intento de golpe de Estado. Tras la segunda vuelta se intentó anular las elecciones por fraude, pero los pueblos originarios salimos a la calle para evitar ese golpe». Fue una manifestación que duró 106 días, sin interrupción, desde el 2 de octubre de 2023 al 15 de enero de 2024: «Tenemos que aguantar, tenemos que resistir, nos decíamos».

¿Temen que ahora, ya como presidente, haya un verdadero golpe de Estado?

Es muy posible porque los malos, los corruptos, ahí están, en los organismos judicial y legislativo y en otras instituciones, como el ministerio público, que en vez de acusar a los verdaderos criminales persigue a quienes luchan contra la corrupción. Tanto es así que han planteado juicios contra Bernardo Arévalo y su vicepresidenta, Karin Herrera, contra los que han intentado emitir órdenes de captura. Hay muchas denuncias contra ellos. En cualquier momento pueden solicitar que se les abra juicio, como hicieron con [el expresidente] Pedro Castillo en Perú.

Arévalo lleva un mes en la presidencia. ¿Notan cambios?

Se está reuniendo con los distintos sectores. A ver qué sucede.

Caal en las instalaciones de Diario de Ibiza.

Caal en las instalaciones de Diario de Ibiza. / Toni Escobar

Lo que le preocupa ahora a Caal es el futuro de los diputados del Movimiento Semilla. Suspendido como partido, no se les permite formar bancada en la cámara y sólo pueden actuar como independientes: «Los golpes de Estado ya no se dan con carabinas y armas de todo tipo, sino con la legislación», advierte Caal.

«Los golpes de Estado ya no se dan con carabinas y armas de todo tipo, sino con la legislación»

Amnistía Internacional considera que usted fue un preso de conciencia y asegura que el proceso en su contra muestra patrones similares de criminalización al efectuado contra otras personas defensoras de derechos humanos en su país. Y no es el único. Está el caso de la exfiscal Virginia Lapa. O el asesinato de decenas de activistas medioambientales o que luchaban por los derechos humanos durante los últimos años. ¿En algún momento han intentado acabar con su vida?

Desde que empezamos a denunciar el desvío de nuestro sagrado río, el Cahabón, se inició una campaña de difamación, calumnia y descrédito contra mí por parte de las empresas que construían las instalaciones hidroeléctricas. A partir de ahí me di cuenta de que son capaces de todo. Por supuesto, desde ese momento he temido por mi vida.

Tras ser condenado a siete años por robar cables y herramientas de una hidroeléctrica, así como de retener a tres de su trabajadores, Caal fue ingresado en prisión: «Rodeado de criminales, pese a no cometer esos delitos. Me metieron en medio de esos presos durante cuatro años. Esa medida tenía un objetivo psicológico, al que denomino tortura carcelaria: criminalizarme. Pero yo vencí. No lograron ese objetivo. Pero quizás otro propósito fuera que, al estar rodeado de criminales, me pudiera pasar algo, pudiera morir».

Pero no le pasó nada. ¿Cómo fue la convivencia con esos presidiarios? Al parecer, resurgió el docente que hay en usted y acabó dándoles clases.

No tuve problemas porque me guardaban respeto, quizás al ver las numerosas visitas que recibía, la cantidad de correo que me mandaban y las campañas que en todo el mundo exigían mi libertad.

¿Qué les enseñaba?

Yo soy del territorio q’eqchi’. En 1870...

Caal se remonta a aquella lejana fecha para explicar por qué su tierra tiene tan altos índices de analfabetismo y pobreza. El culpable original fue el entonces presidente de Guatemala, Justino Rufino Barrios, que «convocó a los alemanes para que tomaran las tierras donde vivían los q’eqchi’». Barrio les facilitó la expropiación de las tierras comunales de los indígenas, dedicadas hasta entonces a cultivos de subsistencia. Con aquellos extranjeros surgieron las grandes explotaciones de café donde antes había pequeños huertos. «Los alemanes se repartieron todas las tierras, las convirtieron en cafetales y esclavizaron a las familias q’eqchi’. Desde que cumplían 10 años, los niños tenían que ir a trabajar allí», explica. Trabajo en vez de escuela, agotamiento en vez de educación: «Al sistema no le interesa que allí se eduque». Afirma que, vista la historia, Guatemala puede parecer un gran exportador de café, «pero lo es a base de esclavizar».

Sus padres huyeron y se dirigieron a las montañas.

Fueron escapando cada vez que los alemanes llegaban adonde vivían. Cada vez más dentro de la montaña. Por eso yo nací en una comunidad muy lejana del casco urbano. Mi papá [Manuel] no sabe leer ni escribir. Mi mamá [Carmen], igual. Ni mis abuelos o tíos. Todos crecieron bajo los cafetales.

Un gesto del maestro que lidera las protestas en Guatemala.

Un gesto del maestro que lidera las protestas en Guatemala. / Toni Escobar

Por eso (y vuelve a la pregunta sobre qué enseñaba en la prisión), la mayoría de los presos «no saben leer ni escribir, o muy poco». Y eso fue los que les impartió, lo mismo que a los niños de su comunidad: «Pero tuve que reinventarme porque eran adultos. Tuve que hacer didácticas las clases». Eso hizo recapacitar a los presos con los que vivía. Compartió celda con otros 150 reclusos, hacinados en un lugar «superpoblado, insalubre».

Y pese a esas condiciones, no le molestaron.

Muchos reos me estaban muy agradecidos por enseñarles.

¿Qué poder tienen las grandes empresas en su país? ¿Son todopoderosas? Por lo que cuenta, parece Guatemala S.A.

Dan financiación electoral ilícita, según concluyó la Comisión de la ONU. O toman a un candidato o ponen a los suyos propios. Cuentan con mucho dinero, con vehículos para movilizarse. Hacen fiestas en comunidades indígenas, donde regalan comida, uniformes deportivos, balones… Gastan un dineral para convencer a los votantes. Pero cuando ganan, los elegidos están al servicio de quien los financió.

Le condenan por robar cables y herramientas, pero usted acusa a las hidroeléctricas de robarles los ríos, el Cahabón y el Oxec.

Trataré de explicarme porque la historia es muy larga.

Todo empezó en 2015, cuando notaron la presencia inusual de maquinaria pesada en su territorio: «Excavaban en el río, jalaban grandes rocas, derrumbaban cerros…». Nadie sabía en sus comunidades a qué se debía aquel destrozo, pues «ni la autoridad municipal daba información. Nadie sabía nada». Hasta que preguntaron en el Ministerio de Energía y Minas: allí les dieron un «disco» con un archivo de 5.000 páginas donde descubrieron que aquellas obras disponían de licencias hidroeléctricas.

«Excavaban en el río, jalaban grandes rocas, derrumbaban cerros…». Nadie sabía en sus comunidades a qué se debía aquel destrozo

Las comunidades indígenas afectadas le nombraron entonces «vocero». Por una razón: «Sólo conocen el idioma q’eqchi’. Ni hablan ni escriben el español. En una comunidad, si no hablas el q’eqchi’ te ven como a un extraño, no te entienden». Dominar además el castellano era, en este caso, una ventaja. Caal lo hablaba desde los ocho años, cuando su padre lo mandó lejos, a vivir con otra familia, para que recibiera educación: «Hasta que me gradué de maestro. Estuve fuera 15 años». Regresó a su comunidad y la encontró igual que cuando se marchó, «sin escuelas, sin educación». Construyó una y el Gobierno le contrató como maestro.

Cobra, ACS, Florentino...

«Volviendo al tema…», dice tras la extensa digresión: «Logramos averiguar que había muchas empresas involucradas en los proyectos hidroeléctricos, y que la mayoría de la maquinaría que destruía el río era de Cobra, que formaba parte de ACS, la empresa de Florentino Pérez. ¿Qué hacía él allí? Encontramos fotos en las que estaba reunido con Otto Pérez Molina, el presidente de Guatemala que cayó preso y ahorita salió de prisión, no entendemos por qué, pues tiene muchos delitos de corrupción». Pérez Molina está además acusado «de masacres en las comunidades Quiché» durante la guerra de los 36 años, cuando era militar.

Las comunidades lograron que las cortes de Justicia guatemalteca reconocieran que se había vulnerado uno de sus derechos: «El convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre pueblos indígenas: el derecho a ser informados y consultados de manera libre y previa cada vez que se prevean medidas legislativas o administrativas susceptibles de afectarles directamente». En este caso, destruían el río sin consultarles previamente.

Les reconocieron ese derecho y suspendieron licencias: «Ese es el momento en el que se enojan todas las cámaras empresariales de Guatemala y desatan todo el peso de la persecución contra mí. Me di cuenta de que habíamos tocado lo más sensible de esas empresas». Poco tardaron en decretarse dos órdenes de captura contra él, una de ellas por estafa. La razón, cobrar indebidamente como maestro durante dos años sin haber dado clases. Él lo niega. Cuando se presenta, en enero de 2018, en el juzgado para demostrar que eso no es cierto, se entera de que además le acusan del robo de herramientas y retención ilegal de trabajadores de la empresa Oxec durante una jornada de protesta contra la hidroeléctrica.

¿De qué manera afectan esos proyectos hidrológicos a la población indígena q’eqchi’?

El Cahabón, que desemboca en un lago, tiene 195 kilómetros de longitud. De ellos, 50 kilómetros han sido desviados por las hidroeléctricas. Las familias que vivimos alrededor ya no tenemos acceso al agua. Algunas comunidades deben caminar varias horas para conseguirla. Las autoridades regalan grandes tinajas a las comunidades y dicen a las familias q’eqchi’ que las llenen con agua de lluvia. Esa es la solución que les dan. ¿Y si no llueve?

Tampoco reciben electricidad, pese a que les hayan «robado el río». En la casa de la madre de Caal no hay, ni en su poblado ni en muchas comunidades: «Se la llevan en cables de alta tensión a otros lugares».

¿Qué importancia tiene el río Cahabón o su afluente Oxec para los indígenas maya q’eqchi’?

Tenemos un libro, el Popol Vuh [que atesora los conocimientos y las tradiciones mayas], en el que se habla del Cahabón, escenario donde se desarrolla la historia de los gemelos Hunahpú e Ixbalanqué, personajes de nuestra mitología. Hablar de ese río es como hablar por estas regiones del Jordán, del Mar Rojo, del Nilo… Lo consideramos igual de sagrado.

¿Sigue sin poder trabajar de maestro? ¿Le amenazan aún con más causas judiciales?

Pasé los cuatro años en prisión [por la sentencia del robo de cables] sin que mencionaran la acusación por estafa. En 2022, cuando salgo en libertad de la cárcel, a los 20 días recibo una citación nuevamente por ese expediente. Lo tenían guardado, a la espera de que saliera libre para acosarme nuevamente y hacerme la guerra psicológica.

En abril de 2023 el juez le absolvió, pero un mes más tarde, el Ministerio Fiscal alegaba que, al no estar de acuerdo con esa sentencia, recurría y solicitaba que se repitiera el proceso: «Hasta que no concluya definitivamente, no puedo ejercer».

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