El objetivo

Una lección de tetris

El nuevo punto de carga solar de Portinatx sigue en espera

El nuevo punto de carga solar de Portinatx sigue en espera / Todd Kolod

No queremos un mundo gobernado por las máquinas, advierten algunos expertos. Alertan sobre un presunto descontrol en el desarrollo tecnológico actual que podría llevarnos, dicen, a la extinción de la especie. Exigen más control y límites. En el otro extremo, los que apuestan por el aceleracionismo efectivo como solución a los problemas de la humanidad. Estos últimos han fundado un movimiento para luchar contra los que consideran enemigos del progreso digital. Hablan de disrupción y velocidad como la manera más eficaz de avanzar, asumiendo que se pueden romper algunas cosas en el camino. Entropía es su palabra fetiche. ¿Pesimistas versus optimistas? ¿Conservadores frente a visionarios? ¿Humanismo digital o feudalismo tecnológico? No está claro, pero asistimos a una suerte de polarización también en el mundo tech, posturas irreconciliables que parecen recrudecerse con la misma lógica irracional que ya hemos visto en otros ámbitos. De nuevo, la tensión entre la seguridad y la libertad mal entendidas, por unos y por otros.

A estas posturas extremas sobre el papel de la tecnología se unen otras más generales como el movimiento decrecentista o el colapsismo, visiones críticas y pesimistas con respecto al futuro de la humanidad y con las políticas públicas planteadas hasta ahora para combatir el cambio climático y otros retos de la agenda global, como la transición energética. No consideran que la tecnología sea la herramienta útil para evolucionar hacia modelos más sostenibles porque cuestionan esos modelos supuestamente más sostenibles. No reclaman ni controlar más ni innovar más rápido, sino todo lo contrario: hacer menos, dejar de hacer o incluso parar. Estas propuestas generan fricciones con otras más pragmáticas o menos alarmistas, incluso dentro del mismo espectro ideológico. ¿Es imposible ponerse de acuerdo? ¿Cómo avanzar?

Mientras tanto, en el arranque de este nuevo año, supimos que un niño de 13 años le ganó al Tetris. El mero enunciado de la noticia me pone contenta. En la foto, se ve a un niño feliz tras jugar y vencer a la máquina. Se llama Willis Gibson, es estadounidense y consiguió agotar a la computadora. Nunca antes un humano lo había conseguido. En su versión para Nintendo, el Tetris apareció por primera vez en los 80 y ha generado una enorme comunidad de fanáticos y expertos jugadores, analistas y teóricos en todo el mundo. La hazaña de este niño nos recuerda la humana propensión al juego y, sobre todo, nuestra fascinante capacidad de aprendizaje, individual y colectivo. Willis no ganó solo. Las estrategias para jugar y avanzar en el juego se han ido perfeccionando a lo largo de los años gracias a esa comunidad apasionada. La historia de Willis es un ejemplo de aprendizaje social y evolución cultural que nos pone delante del espejo de nuestras capacidades.

Suscríbete para seguir leyendo