«Antes un pollo por Navidad era un lujo»

Seis personas mayores de Ibiza comentan cómo se celebraban las fiestas cuando eran jóvenes, qué suponen hoy en día y qué se ha perdido o ganado con los cambios acumulados en estos años

Joan Juan posa en el Esplai de Can Ventosa. | M.G.

Joan Juan posa en el Esplai de Can Ventosa. | M.G. / Miguel González

«Cuando yo era niño, era todo un logro si te regalaban un balón. Ahora las navidades están pensadas para comer y tampoco es eso», explica Juan Correa, que viene de La Puebla de Cazalla. Manuel Vázquez, que lleva 40 años en Ibiza añade que sus tres nietos tienen unas fiestas de Navidad infinitamente mejores que las que él tuvo de niño: «Cuando era pequeño, no se podía comprar porque no había dinero. Ahora la gente tiene más y puede comer marisco en más fechas que las de Navidad». «Ha cambiado todo, así que es lógico que las Navidades también sean otra cosa», razona Toni Suñer, que ha vivido en Ibiza toda su vida.

«Antes, un pollo por Navidad era un lujo. Te acostumbras a comer cosas que son demasiado caras. Yo no puedo comprar langosta todos los días: soy jubilado. Como varios días de todo, me acostumbro y después ¿qué?», reflexiona Eduard Martí, un barcelonés, sobre las grandes comidas navideñas. Asegura que en su ciudad natal, la gente sale de casa después de la cena de Navidad: «Siempre ha sido así allí, aunque ahora hay más peleas que antes».

Correa apunta que este ambiente no está en Ibiza, ya que se dedicó a la hostelería durante muchos años: «Aquí no se notan los días de fiesta porque los bares están cerrados». Suñer indica: «Antes había un espíritu de trabajo y hacer cosas para Navidad que ahora no lo tenemos. Son cosas que venían de la religión y de las costumbres».

Eduard Martí sentado en la Llar Eivissa. | M.G.

Eduard Martí sentado en la Llar Eivissa. | M.G. / Miguel González

Martí está de acuerdo: «Ahora los jóvenes están con el ordenador y juegan a la tablet. Antes todos salían a la calle a bailar y de fiesta». «Quizás es por la edad, pero cuando era joven me gustaban más estos días», señala Correa. Lola Guerrero, que reside en Ibiza desde hace 57 años, nació en Montefrío (Granada) y afirma que en su pueblo «salía con la zambomba por la calle a pedir el aguinaldo, pero aquí esto no se hace».

Joan Juan, que cambió Santa Eulària por Ibiza hace más de 60 años, destaca que «todos los niños tienen teléfono móvil» y que eso «debería estar totalmente prohibido». «Hablan de crisis por todas partes, pero si fuese verdad, los niños no tendrían móvil», reflexiona. «El abuelo tiene que ir con el bolsillo por delante, pero mientras podamos, bien vamos», bromea Vázquez.

Juan también subraya la cohesión de las familias de antaño: «Entonces había más unión que ahora. Antes la Navidad era mucho más familiar. Esa unión y amor que se tenían todos, ya no se ve». También recuerda que antes coincidía con todos sus conocidos en el camino a Puig de Missa.

Toni Suñer lee un libro de Joseph Conrad en Can Ventosa. | M.G.

Toni Suñer lee un libro de Joseph Conrad en Can Ventosa. | M.G. / Miguel González

Vázquez afirma que hay familias que todavía viven la Navidad con la religión y otras que no: «Yo no voy mucho a misa, pero me gusta ir a las procesiones y ver los Reyes Magos». Juan opina: «Todos los extremos son malos, antes había demasiada religión y ahora no hay nada».

En lo que algunos coinciden es en la mayor influencia de la Iglesia cuando eran jóvenes. Guerrero destaca que anteriormente acudía a la misa del gallo: «Aún voy de vez en cuando a la iglesia, pero me fui desengañando de la religión». Vázquez explica que, de joven, su madre le obligaba a ir a las misas de Navidad: «A mis nietos no los obligo, aunque a una sí le gusta ir conmigo. Voy a las procesiones y a ver a los Reyes Magos».

Varias personas juegan a las cartas en la Llar Eivissa. | M.G.

Varias personas juegan a las cartas en la Llar Eivissa. | M.G. / Miguel González

La llegada de Papá Noel a las celebraciones también llama mucho la atención de la gente mayor consultada. Guerrero señala que no le gusta: «Es una excusa para hacer más regalos. Hay gente que se pone hasta aquí –se señala el cuello– para poder pagar todo eso». Martí afirma que también prefiere a los Reyes Magos: «La gente viene ahora con Papá Noel. Es como con Halloween».

La decoración típica de estas fechas es otro elemento en el que se fija Juan: «A mí me gustan mucho las luces de Navidad, pero todo tiene un límite. Antes había muy pocas, pero ahora se pasan». Martí señala que, aunque ya había árboles de Navidad, hace décadas el centro de las fiestas era el pesebre: «Cantábamos delante del nacimiento».

Manuel Vázquez (a la izquierda) brinda con un compañero. | M.G.

Manuel Vázquez (a la izquierda) brinda con un compañero. | M.G. / Miguel González

Consumismo

Suñer piensa que el cambio en la ornamentación es a causa de los «movimientos económicos. No es porque llame más la atención lo de ahora». «Antes los pesebres no eran tan vistosos: eran para niños y ahora son para ganar dinero», opina. Asegura que esta manera de ver las cosas se aplica al «cambio de los Reyes Magos a Papá Noel». «Es para vender más y tener enganchada a la gente», defiende.

José María Cárdenas, que es de Andalucía, resalta los parecidos entre una época y otra: «Al final es siempre lo mismo. Las familias se juntan para cenar igualmente y no hay diferencias entre Ibiza y el pueblo del que vengo». Vázquez comenta que emigró a Alemania durante unos años y que pagó la novatada en sus primeras navidades allí: «Llegué un 1 de noviembre, aún no me había acostumbrado a los horarios y el día de Navidad me quedé sin cenar porque se me hizo tarde». Sin embargo, afirma con una sonrisa que aprendió la lección para el año siguiente: «Recuperé lo perdido. Alemania me cae bien, aunque son muy diferentes».

Suñer afirma que antaño también se hacían regalos por costumbre y que la Navidad sigue orientada a los niños: «Los pequeños son los que mandan y dirigen estos días. Sus padres les cuentan las mismas historias de siempre». Guerrero lamenta que las personas que faltan hacen que la Navidad no sea lo mismo: «A esta edad, todos tenemos sillas volcadas en la mesa».

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