Literatura | David C. Tur García Autor de ‘Okinawa’.
"Los residentes de Okinawa también sufren el problema de la vivienda que tiene Ibiza"
El ibicenco David Tur García, que lleva más de un lustro residiendo en tierras niponas, ambienta su segunda novela en la isla más meridional del país, uno de los destinos de vacaciones más populares entre los japoneses

David Tur García, autor de 'Okinawa', ayer en Tokio. / Jorge Rodríguez

David C. Tur García (Eivissa,1990) ha aprovechado su baja por paternidad de año y medio al máximo y en los ratitos que le han quedado entre biberones y pañales ha escrito tres novelas. La primera, ‘Tokio bajo el monzón’, la publicó el año pasado y la segunda, ‘Okinawa’, también autoeditada con Amazon y disponible ya en la librería Hipérbole de Vila, la lanzó el pasado 1 de mayo para poder participar en el certamen literario que organiza esta popular plataforma. La tercera, si su trabajo como subdirector de un hotel cápsula en Tokio se lo permite, saldrá en 2024.
La trama de su ópera prima estaba ambientada en Tokio, esta segunda novela, en Okinawa. Entiendo que un peso importante de sus historias reside en el espacio geográfico donde se desarrollan.
Sí. En mi primer libro me decanté por Tokio porque es una ciudad que conozco muy bien ya que vivo allí desde hace casi seis años, pero en Okinawa sólo he estado una semana así que tuve que hacer un poco más de trabajo de documentación sobre sitios y costumbres. También hablé con gente, como el abuelo de mi mujer, que, aunque es taiwanés, estuvo en las fuerzas armadas japonesas en la Segunda Guerra Mundial, tuvo su entrenamiento en Okinawa y tiene muchos amigos allí. Me contó muchas cosas y me habló de los americanos y de sus bases militares en la isla, que es un asunto polémico. Okinawa, pese a ser Japón, es muy diferente a Tokio. Elegí esta isla porque empecé a escribir en verano y me apetecía hacer algo más fresco.
¿Fue a Okinawa de vacaciones y le vino allí la inspiración para escribir la novela o viajó a esta isla a propósito con la idea de ambientar en este lugar la historia?
Fui allí de vacaciones, antes incluso de empezar mi primera novela, o sea, fui sin mentalidad de escribir sobre ella. Fue más tarde que tomé la decisión de ambientar allí la trama del libro, que realmente, en cierta manera, es una metáfora de Taiwán, porque las dos son islas y hay experiencias y personajes en los que me he inspirado que no sucedieron en Okinawa, sino en Taiwán, donde he estado mucho tiempo porque mi mujer es taiwanesa.

Portada de 'Okinawa', que ha realizado la ilustradora china Qingru Hu. / Amazon
¿Y por qué no optó directamente por escribir sobre Taiwán?
No me sentía tan preparado para escribir sobre Taiwán porque no conozco tan bien su cultura y sus costumbres, que son completamente diferentes a las japonesas.
¿Encuentra similitudes entre Eivissa y Okinawa?
Sí. Las dos islas viven principalmente del turismo. Todos los japoneses que quieren veranear y tienen algo de dinero, si no pueden permitirse Hawái, se van a Okinawa. La isla vive de eso.
¿También Okinawa está en riesgo de morir de éxito como Eivissa?
No tanto, pero sí que los residentes sufren el tema de la vivienda. Los alquileres son bastante caros comparándolos con los sueldos que cobran sus habitantes. El precio de los alquileres o de la compra de una vivienda es igual que en Tokio, pero los salarios son menores. Al final el turismo te da riqueza pero te quita otras cosas.
Esta novela, como la de ‘Tokio bajo el monzón’, vuelve a sonar a Murakami…
Sí. En el primer libro me inspiré bastante en él y en éste, pese a que intento darle una voz más propia, también se nota su influencia. Si tuviera que comparar ‘Okinawa’ con alguna obra de Murakami sería quizás ‘La muerte del comendador’. El protagonista, en su caso, es un pintor, y en el mío, un escritor, pero los dos sufren una crisis de inspiración. No es que me inspirara en él, porque mi libro lo empecé a escribir antes de leerlo, pero al hacerlo me di cuenta de que, salvando las distancias, había algunas similitudes. A pesar de ser muy fan de Murakami, no me gusta tanto ese elemento fantástico que tiene su literatura, prefiero su parte más realista, que es por lo que yo apuesto. Me gustan las emociones humanas y que los personajes sean lo más naturales posibles y tratar temas que, en principio, pueden parecer sencillos, pero a la vez son profundos.
El protagonista de su segunda novela es un escritor treintañero en crisis que recupera la inspiración con las experiencias que va viviendo al trasladar su residencia a Okinawa. ¿Usted, como Wataru, bebe mucho de la realidad?
En cierta medida, aunque sea vagamente, me inspiro en cosas que he vivido o personas que conozco. El protagonista, desde luego, está inspirado en mí bastante. No es que yo haya vivido los eventos que le han pasado a Wataru, pero sus reacciones y pensamientos sí que tienen mucha parte de mí.
«La escritura se ha convertido en una necesidad y en una especie de terapia para sacar lo que llevo dentro»
¿Usted también ha tenido, como el protagonista de ‘Okinawa’, crisis de inspiración?
No, para nada. En realidad escribo muy rápido, de momento no he tenido problemas de inspiración. Yo me siento en la mesa, me tomo un café y todo fluye fácilmente. De hecho, la escritura la veo en cierto modo como una forma de escapar de la rutina. Por ejemplo, este libro lo he escrito a ratitos durante una baja por paternidad de un año y medio en la que he estado haciendo una vida bastante monótona en casa, cocinando, haciendo la compra, ocupándome del bebé... La rutina no me quita la inspiración, me motiva más a salir de ella.
Aparte de ser una forma de huir de la rutina, ¿qué significa para usted la escritura?
Ahora he vuelto a trabajar y he tenido, de momento, que renunciar a la escritura, pero es lo primero que haría si tuviera un rato libre. De hecho, ya tengo una tercera novela, que escribí haciendo esprint antes de volver a mi trabajo para poder publicarla el año que viene. Antes hacía cortometrajes por gusto, para trabajar mi lado creativo, pero ahora la escritura se ha convertido en una necesidad y en una especie de terapia para sacar lo que llevo dentro.
¿En esta tercera novela sigue apostando por Japón?
Sí. En esta tercera novela trato un tema que me preocupa, la despoblación de las zonas rurales y cómo la gente se aglutina en las ciudades cada vez más. Si en España ya tenemos ese problema, en Japón es todavía más exagerado.
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