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Educación en Ibiza: «Haremos huelgas hasta que Educación arregle el Xarc»

Más de un centenar de alumnos del instituto de Santa Eulària se concentran para denunciar la «dejadez» de la conselleria

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Varios alumnos, con pancartas durante la concentración, ayer, en la puerta del instituto. JUAN A. RIERA

Una red cubre por completo el techo del gimnasio del instituto Xarc, en Santa Eulària. Sólo hay que alzar la vista para comprobar que no es porque en el centro impartan clases de trapecio sino para evitar que las lamas se desplomen sobre las cabezas de los escolares. Y de sus profesores. El espacio huele a humedad, se ve su rastro mohoso en las paredes. Unos bancos, colocado estratégicamente en una de las esquinas, esconden el pavimento completamente levantado. Los desperfectos se aprecian también por fuera. Manchas de humedad, desconchones en las paredes y grietas a las que hace mucho que tanto alumnos como familias, docentes y equipo directivo miran con sospecha. Y con preocupación.

La situación del gimnasio no es excepcional. Los desperfectos están por todo el centro. Y hace tiempo. Una situación que hizo que ayer los alumnos se concentraran frente a la puerta del centro para exigir a la conselleria balear de Educación que realice las reparaciones necesarias. «Esto no viene de ahora. La protesta es porque vemos desde hace años una dejadez por parte de las instituciones con el mantenimiento y la infraestructura del instituto. Hay deficiencias y carencias que no son sólo visuales y estéticas, algunas comprometen la seguridad de la comunidad educativa», comenta Víctor Torres, presidente de la asociación de alumnos del centro y estudiante de cuarto de Secundaria, curso, junto con tercero, convocantes de la huelga.

«Tenemos sobre todo goteras, voladizos que se caen a trozos, cubiertas metálicas oxidadas que también pueden caerse, baños constantemente fuera de servicio y baldosas que se desploman en aulas y pasillos. También hay ordenadores que no funcionan bien porque son muy antiguos y las persianas y los parasoles de las ventanas tienen treinta años y cumplen su función porque no regulan la luz del sol como deberían», indica Torres mientras a su espalda se congregan más de un centenar de estudiantes. De los 170 de tercero y cuarto que estaban convocados a la huelga únicamente han asistido a clase tres, explica el presidente, que señala que los alumnos de primero y segundo no pueden, «por ley» convocar un paro, acción para la que tampoco presentaron una propuesta los estudiantes de ciclos formativos ni de Bachillerato. Muchos de estos últimos, sin embargo, están en la protesta, que encabeza una enorme pancarta en la que se lee «instalaciones dignas para una buena educación». Algunos enarbolan cartulinas con mensajes manuscritos: «Volem portes funcionals», «queremos luces que se enciendan», «arreglad las persianas ya»... «No se pueden hacer clases porque hace frío. A ver si nos escuchan, porque nadie hace nada», añade Aurora Jiménez, que también ejerce como portavoz de los estudiantes y que anima a los alumnos de otros centros de Secundaria a tomar la iniciativa y movilizarse si tienen algo que reivindicar. «Esto ha sido iniciativa nuestra, ni hay nadie adulto que nos haya dicho que lo organicemos», continúa.

Torres relata que la dirección del centro ha explicado la situación en varias ocasiones a la conselleria: «Responden detallando la actuación, pero lo de ponerse manos a la obra, que es lo que queremos, no llega aún. No queremos un presupuesto, sino una actuación de verdad, certera. Puede haber un proyecto y un presupuesto, pero si luego no hay algo real...».

La pancarta y el bombo

Suena el timbre y los escolares, que han mantenido un relativo silencio para respetar a quienes están haciendo clase, comienzan a corear sus consignas: «Què volem? Fer classe bé!», «arregleu les instal·lacions!»... «¡Grande, Hugo!, se escucha cuando uno de los alumnos, con una caperuza con crestas de colores, cruza la puerta con un sonoro bombo que se suma a la protesta. Los alumnos están dispuestos a seguir adelante con su lucha para que comiencen las reparaciones en el edificio. «Haremos tantas manifestaciones y huelgas como sean necesarias para conseguir lo que queremos, que la conselleria de Educación repare estos desperfectos y carencias. Hasta que no lo logremos esto no parará», indica Torres, que afirma que ellos estarían «encantados» de reunirse con representantes del Govern.

«Mira cómo está el baño», comenta una alumna de primero de Bachillerato mostrando una fotografía en el móvil. En ella se ve un inmenso boquete en el falso techo de uno de los cubículos del WC. «Mejor, si vas, no cerrar la puerta, porque luego no se abre», continúa una de sus amigas, que asegura que el edificio ya estaba así hace cinco años, cuando llegó, en primero de Secundaria, y que desde entonces no se ha solucionado. «La clase de primero de Bachillerato B es una sauna en verano», comenta otra de las chicas, que detalla que les da el sol toda la mañana. «Cuando llegué aquí desde el otro instituto [Quartó del Rei] no podía creerme cómo estaba éste», apunta otra de las alumnas de Bachillerato.

Desde la acera frente al instituto, varios docentes siguen la protesta de los estudiantes. Entre ellos se encuentra el director, Francisco Javier Moreno Martínez. Observan la concentración con cierto orgullo. «Está muy bien que sean reivindicativos y que piensen en lo mejor para el centro en el que están estudiando», comenta el director, que junto con el secretario destaca lo bien que lo han hecho los estudiantes, que a través de la recuperada asociación de alumnos se estudiaron la normativa y siguieron todos los trámites para solicitar la huelga. Por eso, indica, se autorizó la jornada de paro. «Les comenté que ya había unas intervenciones aceptadas por el Ibisec [Institut Balear d’Infraestructures i Serveis Educatius i Culturals], pero consideraron que debían promover esta manifestación», relata Moreno Martínez. Desde la conselleria balear de Educación matizan ayer que algunos de los desperfectos denunciados son «temas de mantenimiento», por lo que debe asumirlos el propio centro, «que cuenta con un presupuesto para acometerlos». Se refieren a «reparación de puertas, reposición de baldosas o teclados de ordenador». «Nosotros hacemos todo lo que podemos con la dotación de recursos para ir haciendo reparaciones, pero otras dependen de la conselleria», recalca el director mientras desde Educación reconocen que están presupuestados trabajos de reparación y reforma por casi 600.000 euros, aunque no matiza cuándo comenzarán, que es lo que interesa a los estudiantes, que cuentan con el apoyo de las familias y del centro. «Tienen nuestro apoyo para pedir que el instituto esté en las mejores condiciones posibles para que puedan estudiar», señala Moreno Martínez.

El director del centro asegura que las obras son compatibles con las clases. De hecho, como pensaban que comenzarían el pasado verano y se prolongarían durante el curso, habían previsto no ocupar una parte de las aulas y perimetrar el espacio en el que los obreros estuvieran trabajando. «Pero en verano no se llevó a cabo ninguna reparación, las que se hicieron fueron a cargo de la dirección del centro, no de la conselleria», apunta Víctor Torres, quien, tras dar las gracias a sus compañeros y dar por concluida la protesta, ejerce de guía en una ruta por los desperfectos del edificio.

Empieza señalando la grieta que deja una de las planchas metálicas de la cubierta del porche de la entrada y continúa por los parches de masilla en las paredes en las que se ha desplomado el alicatado, los hierros del forjado que quedan al aire tras varios desprendimientos y barandillas oxidadas. «Nos dijeron que no hiciéramos nada, que había que cambiarlas porque ya no cumplen la normativa, pero ¿cuándo?», se pregunta el secretario del centro, que acompaña al portavoz de los estudiantes. Él mismo explica, mirando una zona a punto de caer de un voladizo, que tienen previsto retirarla antes de que se desprenda y pueda hacerle daño a alguien. Desde el patio se ven las ventanas de buena parte de las aulas, todas ellas con lamas medio caídas, rotas o ausentes, señala Torres, que minutos más tarde muestra el agujero que, en una de las clases, ha causado una gotera. La última parada, el famoso baño con el enorme agujero en el techo.

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