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Historia

Memoria histórica de Ibiza: 'Cardonet', el alcalde ‘perdido’ de Sant Josep

Antonio Cardona Riera fue el primer edil ‘josepí’ entre el 9 de agosto y el 13 de septiembre de 1936, en plena Guerra Civil, pero no existía constancia documental porque los republicanos la quemaron. Su nieto ha conseguido demostrar que fue alcalde

Toni Tur Cardona, nieto de Antonio Cardona Riera, ojea los documentos que ha encontrado sobre su abuelo. Vicent Marí

13 de septiembre de 1936. Los republicanos deciden huir de Ibiza tras aniquilar a decenas de prisioneros en el Castillo. Temen represalias. En Sant Josep, las autoridades queman papeles comprometedores. Del libro de actas desaparecen las hojas del periodo comprendido entre el 9 de agosto y ese fatídico 13 de septiembre. Una parte de la historia de ese municipio queda sumida en las tinieblas… que, en parte, Toni Tur Cardona ha iluminado tras ocho años de investigaciones.

«Tu abuelo, Antonio Cardona Riera, fue alcalde de Sant Josep», le repetía insistentemente Antonia Cardona Cardona. Toni Tur pensaba que deliraba: «Mamá, el abuelo no aparece en la placa de alcaldes», le respondía. Pero ella seguía, erre que erre: «Mi padre fue alcalde».

Toni Tur, nieto del alcalde ‘perdido’ de Sant Josep. | VICENT MARÍ

Empezó a dudar. ¿Y si fuera verdad? Primero escribió, para consumo interno, un resumen de lo que sobre su abuelo encontró en la prensa de la época y lo que le contó su familia. Luego, en 2015, empezó a profundizar. Halló documentos sobre su abuelo en los archivos militares de Guadalajara, de Ávila y, sobre todo, en Palma, donde en el Juzgado Togado Militar nº 33 conservan la Causa General pitiusa (437/37) y todo el proceso que se siguió contra Toni Cardonet, el alcalde ‘perdido’ de Sant Josep, el que no sale en esa placa y del que, de momento, no hay ningún retrato en el salón de plenos: Antonio Cardona fue el primer edil de esa localidad entre el 9 de agosto y el 13 de septiembre. Fue la elección de Alberto Bayo, que comandó las fuerzas que en agosto de 1936 recuperaron las Pitiusas para la República. ¿Por qué él? «Porque era moderado», cuenta su nieto que le ha explicado el historiador Antonio Viñarás. Cardonet, de la Izquierda Republicana de Manuel Azaña, formó parte de la junta gestora de Sant Josep en mayo de 1936 como teniente de alcalde, bajo las órdenes del alcalde Vicent Marí Ribas, Xic. Destituido tras la rebelión del 18 de julio por los militares nacionales (regresa entonces a la alcaldía José Serra Serra, que fallecería el 13 de septiembre), Bayo lo recuperó tres semanas más tarde.

De su papel al frente de la alcaldía no queda constancia documental, salvo los testimonios que aparecen en el juicio por el que se le procesó y fue condenado a cadena perpetua, e incluso por la referencia que al respecto hace el fiscal del caso. Y la insistencia de su hija, la madre de Toni Tur.

Tras una reunión que celebra en Can Petit «con gente del partido», Cardonet huye a Castellón, como muchos otros, aquel sangriento 13 de septiembre en el que unos exaltados masacran a decenas de inocentes (sacerdotes, empresarios, agricultores, militares…) en el Castillo. «Pensó que estaría en Castellón tres meses… y permaneció allí dos años y medio», cuenta Tur. Ante la llegada de las tropas nacionales, vuelve a huir, esta vez hacia Valencia, primero, y más tarde hacia Ibiza, donde el 20 de abril le arrestan miembros del Cuerpo de Investigación y Vigilancia, que en sus primeros documentos le cambian de nombre y lo llaman Juan.

Cuando Toni Tur encuentra en Palma los primeros documentos sobre su abuelo, se emociona. Su madre tenía razón: en efecto, Antonio Cardona había sido alcalde de Sant Josep. «Cuando los tuve en la mano me entró llorera»

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Cuando Toni Tur encuentra en Palma los primeros documentos sobre su abuelo, se emociona. Su madre tenía razón: en efecto, Antonio Cardona había sido alcalde de Sant Josep. «Cuando los tuve en la mano me entró llorera», confiesa. Tenía ante sí la firma de su abuelo, la huella de su dedo índice, enorme, dice: «El mío, que es grande, baila al posarlo sobre el suyo». Él llora, pero a su madre, al saber lo que ha encontrado, le vuelven «los fantasmas de su infancia», de aquella niñez en la que «la maltrataron» en la escuela porque era hija de un rojo: «Nos traerá problemas», advierte a su hijo. Vuelve a recordar cuando sus compañeros la apedreaban, cuando, con apenas cinco o seis años, el maestro del colegio público de Sant Jordi la obligaba a sentarse en un rincón, lejos de los demás: «La trataban como a un saco», explica su hijo.

En la celda de la esquina

Cardonet pasa dos años y medio encerrado en la cárcel de Ibiza, en el claustro del antiguo convento dominico, el que se conocería como hotel Naranjo. Su mujer (Margarita Cardona Juan, de ses Casetes, Sant Rafel) y su hija le van a ver: su celda está en una esquina, la que le señala su madre durante una visita al antiguo Ayuntamiento de Vila.

En 1941 le envían a Mallorca, a la prisión provincial, junto a Ramón Gonell Massot (antiguo miembro de la junta gestora de Ibiza), al que finalmente condenarán a muerte (aunque le conmutarán la condena). En la prisión vuelve a ver a Juan Gómez Ripoll, Campos, al que conoció en Cuba. Incluso aparece en algunas fotos que hacen a Campos en compañía de su hija. Gómez sería ejecutado poco después junto a otro ibicenco.

El 5 de diciembre se celebra el Consejo de Guerra en Palma. Cardonet se niega a asistir. Le condenan por «auxilio a la rebelión», argumento empleado por los vencedores de la Guerra Civil para intentar ocultar lo obvio y reescribir la historia, es decir, que quienes se habían alzado en armas no habían sido ellos, sino los republicanos. Le acusan de ir armado por Ibiza, de detener a personas, de colaborar, como albañil, cuando se desmontó la campana de la iglesia de Sant Josep, de pertenecer a la «guardia roja de ses Salines», de la que nadie sabía de su existencia… Cadena perpetua: 30 años más un día y accesorias. Llega a ser reo de la colonia penitenciaria de Formentera: «Casi al final, cuando la desmantelaron», especifica su nieto. A veces podía salir del campo para «construir casas», como las de las monjas de Formentera.

Agasajado

En 1944 le otorgan la libertad condicional: cada mes debe dar cuenta en Palma de qué hace, de dónde está, como miles de expresidiarios de los que el Estado no pierde ojo. Vuelve a Ibiza y lo primero que hace es sacar a su hija del colegio público e ingresarla en el de las monjas de Sant Jordi. Antonia Cardona, que además puede, al fin, hacer la comunión como dios manda, con su padre al lado, respira aliviada. El día en que Cardonet regresa a la isla «todo el pueblo acude a su casa para agasajarle, incluso gente que había maltratado a su esposa y a su hija», relata su nieto.

«Mi madre aún se pregunta por qué encerraron a su padre».

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Recibe el indulto (como tantos otros españoles encarcelados) el 17 de enero de 1946. El indulto sobre la pena a cadena perpetua, pero no las accesorias, lo que le causa un grave problema patrimonial. En Ibiza encuentra rápidamente trabajo, lo que no era usual entre quienes estaban tachados de rojos: «Debía ser un crack como mestre d’obres», cuenta Tur. Que fuera recibido por tanta gente nada más llegar también explica que el concepto que tenían sus vecinos sobre él no era malo, pese a que hasta entonces habían tratado como unas apestadas a su esposa y a su hija: «Para ti, roja, nada», le contó su madre que decían a Margarita de ses Casetes.

Contratado enseguida

Coroner, un constructor, contrata de inmediato a Cardonet, que participa en la obra del Sagrado Corazón de Montecristo, en la del instituto Santa Maria, en el cambio de farolas del puerto… Aun así, aunque había sido indultado, las fuerzas policiales mantenían una vigilancia exhaustiva sobre él y otros republicanos de la isla. Un mes antes de que el ‘generalísimo’ Francisco Franco visitara Ibiza, «un comisario reunió a todos los expresidiarios republicanos y les advirtió de que o alguien daba la cara por ellos o durante su estancia los metía a todos en la cárcel», detalla Tur, que añade que «los Guasch», los famosos (algunos se habían tomado la justicia por su mano) guascos, «avalaron» a su abuelo, un hombre «respetuoso, educado, culto… y muy fuerte».

Cardonet falleció en 1965 en Mallorca, a los 70 años de edad, justo el día previo a que lo operaran. Yace enterrado en su tierra, en Sant Jordi. El próximo 21 de octubre el Ayuntamiento le rendirá homenaje, recuperará este episodio de su historia que durante casi nueve décadas ha permanecido oculto, pero no podrá resarcir a todas las víctimas: «Mi madre -señala Toni Tur- aún se pregunta por qué encerraron a su padre».

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