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Diario de Ibiza

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Subir a un autobús en Ibiza: pasajeros sin rumbo y encomendados a san Google

Las paradas de autobuses en el área turística de Cala de Bou ofrecen una información deficiente y confusa a los usuarios, lo que propicia que muchos se pierdan y tomen líneas equivocadas

En la avenida de Sant Agustí las aceras son tan estrechas que es imposible poner marquesinas. Toni Escobar

Las paradas de bus en Cala de Bou se pueden dividir en dos áreas: las de la zona ‘noble’, que son las que se ubican en la calle de es Caló, y las de la avenida de San Agustí, que acumulan todas las deficiencias imaginables. Empezamos este repaso por la mejor parada de bus de Cala de Bou, la que se ubica junto a la playa de Pinet: marquesina sombreada, espaciosa -gracias a la reforma de la calle de que se acometió durante la legislatura de 2007-2011-, y un tótem con una información impecable de las líneas, trayectos, horarios e incluso un código QR que permite descargar en el teléfono móvil toda la información sobre el transporte público de la isla. Un pequeño milagro.

Esta parada y la siguiente en dirección a Port des Torrent son, por desgracia, la excepción. Las dos que encontramos después son muy sorprendentes: hay marquesina y sombra, en el suelo está pintada la parada ‘Bus’ pero no hay nada más. Cero información. Ni mapas ni indicación de las líneas que pasan ni absolutamente nada de nada. Desconcertadas, Adriana y Martina, dos turistas napolitanas, esperan no saben exactamente qué. «Queremos ir a Comte», comenta una de ellas, todavía incrédula: «Pensábamos que habría por lo menos un mapa». Al encontrar la nada más absoluta, han echado mano de Google Maps: «Aquí dice que tiene que pasar uno».

Marquesina desnuda, sin ninguna clase de información. David Ventura

Adriana y Martina, dos turistas napolitanas que intentan ir a Comte. David Ventura

Lo peor está todavía por llegar. En la avenida de Sant Agustí las marquesinas han desaparecido y, en su lugar, sólo un solitario tótem informa a los usuarios sobre las líneas y las frecuencias. Eso si hay suerte, porque hay paradas, como la que se ubica en la esquina con el hotel San Marino, donde todo está mal: el tótem está vandalizado y la información que se ofrece es incorrecta ya que indica que por allá solo circula la línea 9 -Sant Antoni, Sant Josep, Aeropuerto-, cuando en realidad también circulan las líneas 4, 5, 6 y 7. El mapa de la línea 9 también es confuso, ya que el nombre de las paradas es una relación de hoteles con los que no todo el mundo está familiarizado y es imposible saber si el autobús va o viene.

«No sé qué parada es. Estaría bien que indicara dónde estamos», comenta Gloria Salisi, trabajadora de un restaurante. «En el cartel pone que esta línea va al aeropuerto, así que espero», dice la mujer, que se refugia del sol tras la escuálida sombra que proyecta el tótem. Sin embargo, está esperando para nada. El autobús 9 pasa por allí, en efecto, pero de regreso del aeropuerto y en dirección a Sant Antoni. La parada hacia el aeropuerto está a dos manzanas en dirección contraria. La información del tótem es confusa y ella no llegará a su destino.

Una hora más tarde, a mediodía, no hay ninguna sombra al alcance y esperar el bus es una prueba de resistencia. Claire y Corentau, una pareja de turistas franceses, se han refugiado del bochorno emboscados bajo un árbol. Se manifiestan sorprendidos por la deficiente información y la dejadez general y explican que ellos también han echado mano de Google: «Nos descargamos la aplicación de BusIbiza pero los datos son incorrectos, así que hemos ido a Google, y pone que por aquí pasa la línea 6». Justo en este momento llega un autobús, pero es el 7. Ellos se quedan estupefactos, dudan si subir o no al bus y, finalmente, éste pasa de largo.

Corentau y Claire se protegen del sol bajo un árbol. A sus espaldas se aprecia que en la parada de bus no hay ninguna sombra. David Ventura

Baile de responsabilidades

La gestión del transporte público en Cala de Bou tiene diversas parcelas: las líneas son competencia del Consell, las paradas pertenecen al Ayuntamiento de Sant Josep y las empresas de autobuses también tienen la responsabilidad de colaborar en ofrecer una información adecuada.

Sant Josep asegura que ya han reservado un presupuesto de 6.500 euros para instalar una marquesina en la parada situada frente del centro de salud de Cala de Bou, y que también está previsto reparar los desperfectos en otras dos marquesinas. Sin embargo, el principal problema está en las que se sitúan en la acera sur de la avenida de Sant Agustí: «No podemos instalar marquesinas porque las aceras son tan estrechas que se cortaría el paso a las personas con movilidad reducida», explican desde el Ayuntamiento, «en estos casos, solo se puede poner un tótem informativo, de lo que se encarga el Consell».

Por su parte, el Consell explica que «las empresas que prestan el servicio de autobús se comprometieron en renovar la cartelería para esta temporada», algo que, al menos en Cala de Bou, se ha hecho de manera incompleta y deficiente. Sobre la mejora de las condiciones de las paradas, el Consell recuerda que las de Cala de Bou no son de su competencia, y que el pasado mes de abril presentaron un plan para mejorar las 340 paradas que sí son de su titularidad -y que se quiere pagar con los fondos del Convenio de Carreteras- en el que también se «invitaba» a los ayuntamientos a mejorar sus paradas facilitándoles recursos económicos.

Aquí la parada es un cartel pegado con cinta adhesiva a una señal de tráfico. Toni Escobar.

«¡El servicio es asqueroso!»

Los rótulos de los tótems están pensados para el público local, pero resultan ininteligibles para los foráneos. En esta ronda efectuada por Cala de Bou he tenido que corregir a tres turistas distintos que cometían el mismo error: querían ir hacia una dirección, pero estaban en una parada que les llevaba en sentido contrario. Es el caso de Marlene, una mujer belga que quiere ir a Vila, pero que se encuentra en la parada que va en dirección hacia Sant Antoni. «Me he liado», confiesa, y siguiendo mis indicaciones cruza la calle hasta la acera del centro de salud, donde está la parada que sí la llevará a su destino.

«Voy a Vila», afirma Markus, un turista de Suiza a punto de subir a un autobús que le llevará a una dirección que es justo la contraria. Cuando le advierto de su error, responde muy contrariado: «La información que pone aquí es errónea», pero ha confundido el mapa de carreteras con el de líneas de autobuses: «Voy a tener que mirar qué dice Google», concluye.

En la parada de s’Estanyol, bajo un sol inclemente, James, un jubilado de Leeds, espera con paciencia su autobús y suda copiosamente: «No me molesta el sol. ¡He venido aquí por él!», comenta. Sin embargo, su buen humor desaparece cuando llega el autobús de la línea 9 y, sin más explicaciones, pasa de largo: «¡El servicio de autobuses es asqueroso [awful]!», proclama indignado.

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