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Diario de Ibiza

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Entrevista Paz Merino Exjefa de la UCI del Hospital Can Misses

Paz Merino: «Estar ingresado en la UCI es como vivir un huracán»

En estas casi tres décadas asegura que no ha tenido problemas para contratar médicos

Paz Merino, durante la entrevista en sus últimos días en su despacho de la UCI de Can Misses. JA RIERA

Se ha programado las despedidas. Para no dejarse a nadie. Ni a los que se marchaban de vacaciones ni a los que, por turnos, no iba a poder ver. Paz Merino, quien durante 28 años ha dirigido la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital Can Misses, ha organizado su despedida, tras cinco años posponiendo su jubilación, como lo ha hecho todo en la unidad: con tanta alma y corazón como cabeza. E insistencia. Algunas de sus peticiones suman cientos de informes antes de recibir el aprobado de los responsables sanitarios. Llegó a la isla, donde montó la UCI, por cuestiones personales. El momento más duro de su vida profesional hasta que llegó la pandemia, que puso en jaque a sus pacientes y a sus trabajadores. Esta semana ha vivido sus últimos días al frente de la unidad y ha llorado más que nunca en el hospital. Su cabeza está ya en Madrid, su ciudad, a la que regresa con varios objetivos claros: pasar tiempo con sus hijos y sus nietos, matricularse en la universidad, perderse en museos para disfrutar del arte, su gran pasión, seguir trabajando en la Sociedad Española de Medicina Intensiva Crítica y Unidades Coronarias (Semicyuc) y viajar. Sobre todo viajar.

¿Pensaba realmente que el día de su jubilación iba a llegar?

He ido madurándolo. No podía plantearme pedir una prórroga, a los 70 te tienes que jubilar sí o sí. He ido haciendo un destete del hospital y el trabajo, despidiéndome de todos los servicios. Tras 28 años aquí no quería desaparecer de repente. Me he ido despidiendo poco a poco y me he volcado mucho en Madrid, en lo que me voy a encontrar. Soy de allí, mis hijos y nietos están allí y la ciudad me ofrece cosas que quiero hacer. Quiero ir a la universidad y seguir trabajando con mi sociedad científica. Me he ido preparando, pero eso no quiere decir que el día de la despedida no vaya a estar llorando.

¿Ha llorado más estos días que en toda su jefatura?

Es que, por el trabajo, no he llorado nunca. Ahora sí.

Si no fuera obligatorio jubilarse, ¿habría seguido?

Creo que no. He perdido mucho tiempo con mis hijos y mis nietos. Tengo 70 años y me planteo, en el mejor de los casos, cuántos años voy a estar en condiciones de disfrutar.

Cuando desde Madrid piense en la UCI de Can Misses, ¿qué es lo primero que le vendrá a la cabeza?

Pues que seguirá funcionando muy bien porque la persona que se quede tendrá toda mi confianza. Lla unidad seguirá creciendo y es lo que quiero, lo que deseo y lo que estoy segura que pasará. Recordaré los buenos momentos que he pasado aquí. Me he encontrado gente extraordinaria y he podido disfrutar. Y los malos, que también forman parte de mi vida profesional. Todos con muchísimo cariño. Ibiza me ha dado unas oportunidades que no hubiera tenido si me hubiera quedado en Alicante. Había mucha gente por encima y llegar a la jefatura era más complicado.

Paz Merino, durante la entrevista en sus últimos días en su despacho de la UCI de Can Misses. | JUAN A. RIERA

¿Se jubila satisfecha?

Sí, quizás los resultados podrían haber sido algo mejores, pero he hecho todo lo que he podido y eso me deja tranquila, aunque hay cosas que no he conseguido. Hemos estado en tres UCI diferentes y todo han sido retos, pero lo recordaré con cariño.

¿A pesar del covid?

Incluso ahí he tenido momentos muy buenos. Cómo se ha trabajado, cómo nos hemos unido, cómo se ha afrontado una situación extremadamente compleja e inesperada...

¿El covid ha sido su peor época profesional?

Sí, con diferencia. Ha sido la peor época de mi vida. Bueno, hubo otra, mala, cuando llegué aquí y me encontré con una unidad con muy poca estructura, tecnológicamente deficiente y muy poco personal. Lo único bueno era enfermería, que funcionaba muy bien. Venía de un hospital de tercer nivel, de una UCI reciente con toda la tecnología y el salto fue mortal. Ese momento fue malo, pero lo del covid ha sido de tal envergadura... No era sólo lo profesional, es que salías a la calle... No sólo te afecta porque estás viniendo a trabajar a la UCI en unas condiciones muy malas, es que conoces gente que se está arruinando, que ha perdido el trabajo... Ha afectado a todas las esferas de mi persona. Y no podía ver a mis hijos y nietos porque no se podía viajar. Ha sido lo peor con diferencia.

¿Volvería a venir a Ibiza ahora?

Me vine por motivos personales, pero creo que sí. Ibiza me ha dado oportunidades importantes y aquí han nacido mis hijos. En lo personal y en lo profesional hice muy bien viniéndome. No sé qué me hubiera pasado en Alicante, igual allí hubiera tenido otras oportunidades y hubiera sido más feliz, pero no lo puedo saber. Lo que sí sé es que venir aquí fue positivo.

¿Ha tenido problemas para contratar médicos?

La verdad es que no. Empezaron a venir médicos, Eduardo Escudero y Elena Bartual de los primeros, y de ahí en adelante la fuga de profesionales ha sido escasa. Se han ido por cosas muy concretas, porque les han llegado ofertas en sus lugares de origen y cerca su familia. La mayoría se han quedado. Incluso en esta época tan mala han venido Walter y Manoli. No ha habido mucha dificultad ni antes ni ahora, y eso que salen puestos constantemente.

¿La UCI de Ibiza tiene buena fama?

Sí. Además, la gente va conociendo los proyectos que hemos hecho de certificación y la verdad es que no tiene mala imagen.

¿Se marcha con alguna espinita?

Alguna. Pero no la puedo decir. Hay cosas que me ha costado años conseguir. Y ahora estoy peleándome con algunos problemas estructurales y un incremento de plantilla, porque tenemos las quince camas abiertas. Hay proyectos que seguirán adelante, como la UCI extendida. O la consulta Post UCI que vamos a implantar ahora. Unas están muy cerca y otras, aunque les falta recorrido, se harán.

¿Hay cosas que pensaba que no conseguiría?

Pues casi todo. Sobre todo si pienso en cuando llegué. Había momentos durillos, en los que no quería ni pensar. Hasta que vinieron Elena y Eduardo y empezamos consolidar la dinámica de intensivistas.

¿Cuáles han sido sus grandes retos?

El traslado al nuevo hospital fue todo un reto. Formé parte del comité tecnológico y no fue trasladar sólo la UCI. Y otro reto ha sido colaborar con el plan estratégico.

Le gusta estar en todo, ¿no?

No me da tiempo, pero sí. Durante un tiempo pensé que tenía que aprender alguna técnica para decir que no porque me proponen las cosas y aunque pienso que no me dará tiempo, como me gusta, pues lo hago. ¡El problema es que me gusta casi todo lo que me proponen! [Ríe]

Le pilló la pandemia en edad de jubilación, pero trabajando, ¿hubiera preferido no estar en activo?

Si hubiera estado jubilada me hubiera pillado en Madrid y habría estado angustiada por cómo lo estaban pasando mis compañeros aquí. Seguro que en algunos momentos hubiera pensado «menudo problemón me he quitado», pero en otros, «si estuviera llí podría ayudar». Si en algún momento hubieran pedido jubilados, habría colaborado. Quizás no en primera línea, pero en lo que fuera. En el fondo, me alegro de haber estado aquí porque he podido vivirlo con ellos. Trabajamos todos a una, hicimos un esfuerzo psicológico y físico, nos ayudaron otros servicios, vinieron intensivistas del 061 de Mallorca, un residente de Interna prolongó su estancia con nosotros, nos ayudaron los anestesistas... Todo esto es de agradecer.

Los momentos críticos unen a la gente o la separan. ¿Qué efecto ha tenido en la UCI?

Ha sido positivo, la gente se ha unido. La voluntariedad ha sido extrema. Nos hemos ayudado unos a otros, hemos hecho equipo, la gente trabajaba más horas y el personal de limpieza ha colaborado al máximo.

¿Se quedarán formas de trabajar adoptadas durante la pandemia?

Sí, mejoraron mucho los aislamientos, la sedación de pacientes, la ventilación mecánica en el paciente con distrés... Ahora tenemos mucha experiencia. También se compraron nuevos equipos y se ha potenciado la fibrobroncoscopia, que ya se hacía, pero no tanto.

¿Qué retos le deja a su sucesor?

Tendrá que decidirlo él, pero creo que hay uno muy importante: el plan estratégico de la unidad para 2024-2026. De ahí saldrá todo. Si sabes qué quieres ser en tres años ya vas creando las líneas para conseguirlo.

Siempre ha abogado por una UCI abierta.

Sí, quitando el periodo covid, ésta es una UCI abierta. Se deja a los familiares venir en función de sus necesidades y las del paciente. Hay unos horarios fijados, pero mucha libertad para las visitas. Estamos haciendo los paseos que curan, sacar a los pacientes a la calle, y uno de los pacientes que se benefició del Dogspital estaba en la UCI. Queremos poner vinilos con paisajes para que los espacios sean más amables e incorporar televisión en algunos boxes, para pacientes que se están recuperando pero que pueden pasar un mes aquí. Es algo que nos piden. Nos dimos cuenta de lo importante que era lo que estábamos haciendo de abrir la unidad cuando, con el covid, los familiares dejaron de poder pasar. Luego ya vimos que se podía ser más flexible, pero al principio teníamos miedo todos.

Esto de despertarse de la UCI como si nada...

Sólo en las películas. Son pacientes a los que les quedan secuelas. Los de covid, por ejemplo, que han estado con respirador durante meses, salen con muchas. Además, la parte más aguda la pasan aquí, pero luego, en planta, necesitan rehabilitación, dietista... Estar en la UCI es como un huracán. Ya ha pasado, pero deja un destrozo. Parte se recupera aquí, pero muchos pacientes siguen tiempo con rehabilitación. A veces hay secuelas muy graves. Depende de muchos factores: la patología, la edad, las comorbilidades... Lo de despertarse y a los dos días como si nada, en las películas.

¿Cuál ha sido su mejor momento aquí?

Esta última época, en la UCI nueva, con más plantilla, con nuevas prestaciones... Con lo básico hecho y con la posibilidad de crecer. También participar en la Unidad de Seguridad del Paciente, con la que hemos conseguido varios premios, especialmente por el Dogspital, que nos ha permitido ver la cara de los pacientes cuando se reencontraban con sus mascotas.

¿Los primeros años perdían pacientes porque faltaban recursos?

Más que perderlos, teníamos que trasladar a muchos. Morirse porque no les pudiéramos atender no, pero sí que había que trasladarlos, con el riesgo que supone un traslado para los pacientes y los problemas para la familia. Ahora se han reducido. Muchos son por especialidades que no creo que nunca haya aquí, como cirugía cardíaca o radiología intervencionista.

Ha visto pasar muchos gerentes y consellers. ¿Los políticos entienden lo que pasa a pie de hospital?

Hay de todo. Desde el que no entiende nada hasta los más cercanos, que comprenden cuáles son tus problemas. Llevo muchos años y los he visto de todos los colores. Hay gente muy profesional y otros que no saben hacer nada. Hay quien me ha entendido y ayudado, otros con los que ha habido buen diálogo, independientemente de si han visto necesarias o no las cosas que pedía, y los hay también que ni me han mirado.

¿Le ha tentado la política?

Me lo han ofrecido muchas veces, pero no. A mí me interesaba estar cerca de los profesionales, de los clínicos, de la UCI. En ningún momento me he sentido tentada de pasarme a la política.

¿Se ha enfadado mucho?

¿Enfados? ¡Claro! Cuando ha habido problemas serios. Cuando debíamos consolidar la plantilla, cuando estábamos en aquella UCI con pocos recursos... Enfado en el sentido de luchar por lo que creía que era necesario. Soy muy perseverante. Cuando tengo algo en la cabeza me pongo y no paro hasta conseguirlo. Si me dicen que no, insisto. No suelo aceptar el no.

¿Le han hecho ofertas para irse a otros sitios?

No, a hacer de intensivista, no. Tampoco tuve tentaciones de irme. Al principio estaban mis hijos, teníamos aquí la vida organizada y cuando se fueron ya era demasiado tarde. Me daba pereza empezar en otro sitio. Cuando eres jefe es difícil bajar un escalón. Tampoco pensé que me iba a quedar aquí tanto tiempo. Ni que me iba a jubilar tan tarde.

¿Qué es lo más importante para dirigir una UCI?

Sobre todo saber trabajar en equipo, saber que tan importante es un médico como la persona que limpia y buena comunicación. Eso, además de tener competencias: conocimientos, habilidades y aptitudes. También saber delegar que es, de hecho, saber trabajar en equipo. Es importantísimo darle a cada uno la parcela de reconocimiento que le corresponde. Como Toñi, que estuvo limpiando en la época más dura del covid, metida en los boxes y todo el día con el epi.

¿Qué es lo que más ha cambiado en estos 28 años?

La estructura del servicio, la tecnología, el número de profesionales y las formas de hacer. También la cultura de calidad y seguridad, que cuando empecé ni se hablaba de ello. Hemos conseguido algo importantísimo: un residente. Eso da un vuelco a un servicio. Te reactiva. Además están viniendo residentes de otros hospitales a rotar en ecografía. Es un proyecto que lleva Gaspar Tuero. Seguro que ese proyecto se seguirá desarrollando.

¿Sabrá estar jubilada?

Sí, sabré. Estaré en Madrid que tiene mucha oferta cultural. Si no voy a un museo voy a una conferencia. Quiero ir a la universidad, presencial, para mayores de 65 años, que ahora sale la convocatoria. Hay cursos y módulos de pintura, filosofía, economía, historia... Estaré con mi familia, seguiré trabajando en la sociedad. ¡Y viajaré más, ahora que ya no hay covid!

¿En qué viaje está pensando?

Nueva Zelanda en autocaravana. No tendré problema de tiempo, cuando me rote, me voy. Podré quitarme esa mochila emocional que llevas como responsable de un servicio. Supongo que cuando esté sin esa cosa de «qué pasará hoy» encontraré la paz. Si me quedara aquí, lo tendría complicado, pero es una ruptura. Me pueden llamar, pero no es como si estuviera aquí.

¿Ha sufrido más por sus pacientes o por sus profesionales?

Por los dos. Van unidos. Una cosa afecta a la otra. Si un trabajador está mal, afecta al paciente. Y si el paciente está muy mal afecta al personal.

¿Saldrá del grupo de whatsapp?

Sí, por respeto a ellos. Crearé otro grupo, sin temas de UCI, para cuando les quiera comentar «mirad Nueva Zelanda qué bonito». Si me quedo parecería el Gran Hermano.

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