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Diario de Ibiza

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Agricultura

Ser ‘pagès’ en Ibiza es zen y rentable

El productor ecológico Raimon Torres explica en una nueva jornada gastronómica de Ibiza Sabors ‘truquis’ agrícolas y cómo hace seis años abandonó su estresante oficio de camarero para rescatar la finca que su abuelo había cultivado hasta 2009

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Finca ecológica Tierra de Ibiza Vicent Marí

«Toda mi vida fui camarero», empieza a contar Raimon Torres. Lo fue hasta hace seis años. En 2016 cambió de oficio: se hizo pagès, a pesar de que sus padres le imploraban que no se dedicara a lo mismo que su abuelo. Pero le tiraba la tierra. Lo primero que hacía cada vez que regresaba de poner copas era acudir a su pequeño huerto, apenas una línea en la que sembraba algunos pimientos y tomates: «Aquí lograba desconectar del estrés de mi trabajo. Las plantas no me gritaban, ni me pasaban botellas rozando la cabeza». La hostelería, explica, «es muy intensa, muy agobiante». Pensó que ya tenía una edad (37 años) para dar un giro a su vida antes de que fuera tarde: «Quería calidad de vida». Y recuperó aquel terreno en Can Joan Miqueleta que había cultivado su abuelo y que tras morir en 2009 quedó abandonado. Primero media hectárea. Un par de años después, una y media. Este año, ya cuida de tres hectáreas. Se ha dado cuenta de que ser pagès es desestresante, zen y, asegura, «rentable».

«Aquí lograba desconectar del estrés de mi trabajo. Las plantas no me gritaban, ni me pasaban botellas rozando la cabeza»

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Torres explicó ayer cómo pasó de servir cañas a sembrar durante una visita guiada a la finca ecológica Tierra de Ibiza (que es la marca del terreno de Can Joan Miqueleta) en el marco de los gastroeventos que forman parte de las Jornadas Gastronómicas de primavera de Ibiza Sabors, organizadas por Pimeef. Tras la visita, Maribel Juan, presidenta de la Associació de Productors d’Agricultura Ecològica d’Ibiza i Formentera, ofreció un taller de semillas de variedades locales. Apaeef, que ya tiene 100 socios, ha superado este año las 1.000 hectáreas de producción ecológica.

Cultiva tres hectáreas, pero podrían ser 20. Los vecinos le han ofrecido esas otras 17 para que se puedan recuperar y sacar provecho de ellas, pero Raimon Torres quiere ir paso a paso y, además, advierte de que, como en otros sectores, «es complicado» encontrar mano de obra: «De momento, con tres hectáreas tengo suficiente», aunque si algún día acepta se decantará por plantar forrajeras o xeixa.

«Al principio fue difícil», admite. Una cosa es lo que sus abuelos le contaban sobre la faena agrícola y otra lo que se encontró: «No sabía el trabajo que había detrás». Le costó dos años «ver la luz». Labra el campo, pero además gestiona una tienda (desde 2018) de venta directa, que atiende en la misma finca de lunes a jueves por la mañana. El viernes va al mercado de la Cooperativa de Sant Antoni. El sábado, a Forada. Además es apicultor: recolecta 15 colmenas, más otras cinco que prepara y que piensa completar de inquilinas en cuanto le pidan que retire algún enjambre. Hace poco uno se metió, el solito, en una de sus colmenas.

«Mi media jornada es de 12 horas de trabajo», bromea Torres. Lo normal es que se levante a las seis y que acabe a las nueve de la noche. Su máxima es seguir las prácticas de su abuelo, muy semejantes a las de la agricultura ecológica. Por ejemplo, nada de sulfatos. Prescinde de productos como el archiconocido en Ibiza ‘15-15’, que es como el bálsamo de fierabrás de la pagesia. En su lugar, estiércol, de las cabras y de las gallinas, macerado, a ser posible, un año. Además de que el ‘15-15’ «degrada y quema el suelo», tercia Maribel Juan, es más caro: este año ha pasado de 20 a más de 40 euros, mientras el estiércol o sale gratis o sólo ha tenido una inflación de un euro, calcula Torres.

También sigue el calendario lunar, «que es el de los santos». Afirma que «influye». Por Sant Antoni siembra patatas: «Lo decía mi abuelo y yo lo hago». Y por Sant Joan, «un día que tiene algo especial», hay que recoger camomila y «hacer injertos». Experimentó con el santoral utilizando tomates: «Los más grandes fueron los que sembré cuando tocaba su luna».

Mientras Raimon Torres recorre su finca explica a los visitantes algunos truquis payeses, como la sustancial mejora de la productividad cuando hay tres variedades de aguacates, pues dice que facilita la polinización: «Se nota mucho». También la diferencia entre sembrar una o dos líneas juntas de pimientos. No hay más que ver el tamaño de las plantas: en una sola línea son más robustas y altas, y su fruto, «más grande». La razón: las raíces se expanden con más facilidad.

La tierra también es determinante. En la parte donde es «roja y arcillosa», los resultados no son tan espectaculares como en donde es «roja y arenosa». En esta última «el sistema radicular crece más libremente», pues el terreno no está tan «apelmazado» como el la tierra arcillosa. Eso sí, como retiene menos el agua, «hay que regarla más regularmente». Otra parte de la finca tiene tierra «arenosa». Allí ni siembra: es donde tiene las colmenas.

En su finca hay una zona dedicada a las plantas aromáticas. Tiene triple función: venderlas, atraer a las abejas y, sobre todo, disuadir a los ladrones

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En su finca hay una zona dedicada a las plantas aromáticas. Tiene triple función: venderlas, atraer a las abejas y, sobre todo, disuadir a los ladrones. «Cuando tenía allí puerros, pepinos o sandías, mucha gente aparcaba el coche al lado y se los llevaba. El problema es que a veces tiraban de la sandía y se llevaban, además del fruto, la planta», que extraían de raíz: «Si alguien necesita algo, me lo pide y se lo doy. Aquí hay de sobra. Pero que me rompan la planta...», exclama, aunque sin perder la sonrisa.

Desde que estalló la pandemia ha «doblado» su producción, quizás porque sirvió para que muchos se dieran cuenta de que el tomate de verdad no sabe como el «de piedra» que venden en los hipermercados. Tiene de todo: chirimoyas, maracuyá, puerros, pimientos, lechuga, berenjenas... Emplea su propia semilla, que obtiene «del primer fruto que sale, el más bonito. Ese es el que hay que guardar para aprovechar sus semillas, pues tiene más fortaleza que el tercero». Truqui: debe ser un fruto bien maduro. En el caso del pepino, debe estar «amarillo, tan amargo que ni apetezca comerlo». Después se deja secar en papel y se mete en la nevera.

Su producción ecológica da hasta para colmar sofisticados deseos culinarios, como arrancar las flores del calabacín, enormes y de un amarillo tirando a naranja: «A veces vendo más flores que calabacines»

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Para los tomates recomienda recoger la pulpa y depositarla en un vaso durante cuatro días, hasta que crezca moho en ella, pues asegura que esa película grisácea «protege a la semilla».

Tampoco elimina la flora y hierbas que crecen entre cada línea, pues ayuda a las abejas y facilita la existencia de fauna auxiliar. Hace poco tiempo, al descubrir una línea donde había berenjenas, observó que estaba totalmente «negra», plagada de pulgón. Pero también se fijó que cerca había mariquitas, su depredador natural, que se dieron un banquete con tanto pulgón. Ya no hay: «No es necesario sulfatar ni hace falta roturar la tierra para que quede bonita», concluye Torres. Así es más útil.

Su producción ecológica da hasta para colmar sofisticados deseos culinarios, como arrancar las flores del calabacín, enormes y de un amarillo tirando a naranja, para (tras extraer el amargo pistilo) introducir ricotta y albahaca y darle un par de vueltas en la sartén. El resultado es «meloso». «A veces vendo más flores que calabacines», asegura. Esto ni se lo imaginaba su abuelo.

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