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Diario de Ibiza

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Problemas para alquilar en Ibiza

Vivienda en Ibiza: Un estafador alquila piso a nombre de un bufete de Madrid

Guillermo pagó 500 euros para reservar una habitación después de firmar un contrato que resultó ser falso | Yolanda ha interpuesto una denuncia en la Policía tras hacer un pago y no localizar al propietario

El contrato falso de Guillermo

La fuerte demanda para alquilar una habitación en la isla para esta temporada turística está haciendo que afloren los fraudes. Guillermo y Yolanda son solo dos de los casos denunciados en los últimos días; tras hacer el ingreso de la fianza, el supuesto arrendador ha desaparecido. Yolanda ha interpuesto una denuncia en la Policía Nacional, aunque «me han dicho que poco podían hacer».

Guillermo cogió el 2 de mayo un barco desde Gran Canaria a Huelva porque quería llegar a Ibiza con su coche. De Huelva iría a Dénia y, de ahí, se embarcaría en otro rumbo a la isla. Tenía una habitación reservada para entrar el día 3, incluso había firmado un contrato y pagado 500 euros de fianza para cerciorarse de que no se trataba de una estafa, pero no fue así.

Un estafador alquila piso a nombre de un bufete de Madrid

«El barco que le llevaba a Huelva sufrió una avería y estuvieron ocho horas a la deriva, por lo que no llegaba a coger el de Dénia y avisó al supuesto propietario de que en vez de llegar el día 3, lo haría el 4», cuenta su madre, Cristina García. Fue en ese momento cuando todo empezó a desmoronarse. «Yo ya había avisado a mi hijo de que, antes de pagar una fianza, mirara que todo estaba bien porque estaba escuchando que en Ibiza estaban estafando mucho», relata.

Guillermo, que llevaba ya varios días en contacto con el supuesto arrendador, le mandó un mensaje para comunicarle que llegaría más tarde. Le dijo que no había ningún problema y ante una nueva pregunta del joven, dejó de responder.

«Mamá, ¿me puedes hacer un favor? ¿Puedes llamar a mi casero?», leyó Cristina en la pantalla de su móvil. Entonces le pidió que le mandara el contrato que había firmado y pantallazos de sus conversaciones con él. «Veo que el contrato lo firma un bufete de abogados y busco una dirección. Les mandé un email contándoles lo que había pasado y que el casero no respondía, que estaba preocupada porque mi hijo iba a llegar a la isla y no tenía dónde meterse», dice.

Le respondieron. Es un despacho de Madrid que nada tiene que ver con este señor. «Sabíamos que estaba muy denunciado», palabras textuales del correo que recibió Cristina como respuesta. «Parece que ya les han llamado varias personas», lamenta.

Como no había solución aparente, Cristina reservó siete noches de hotel para que su hijo tuviera tiempo para buscar una habitación, pero como empezó a trabajar en cuanto pisó la isla, fue ella quien le encontró una oferta. «Le dejé claro que mirara bien, que se fijase en el buzón, que incluso preguntara en la tienda de abajo si eran los que decían ser [los que alquilaban]», relata. Ahora Guillermo ha conseguido una habitación por 600 euros. «Me parece caro, pero ha tenido suerte», añade la madre.

Denuncia ante la Policía

Yolanda (nombre ficticio) es docente en un instituto de Ibiza. Llegó a finales de febrero tras firmar el contrato y se instaló en una pensión cinco días. «Encontré rápido una habitación en un piso para vivir con la propietaria», explica. La convivencia se le está haciendo cuesta arriba, ya que dice que le pone «excesivas normas de convivencia», además de que no le quiso hacer contrato, por lo que no puede empadronarse. Por ello, a principios de mes contactó con un supuesto arrendador después de leer su oferta en Milanuncios.

«Ofrecía un apartamento en Vila por 700 euros al mes, gastos aparte. Le dije que solo lo quería para un par de meses, que es cuando acababa mi contrato, y me dijo que todo bien. Le dije que si me podía hacer contrato y así poder optar a ser residente y me dijo que sí», indica. Siempre y cuando le hiciera una transferencia previa de 300 euros. «Me dijo que había mucha gente a la cola y que así me lo reservaba», añade.

Una vez recibió el dinero, desapareció. Hace unos días se plantó en la comisaría de la Policía Nacional para denunciarlo. «Me dijeron que poco podían hacer», señala. De momento, seguirá en la casa actual, muy a su pesar, pero su única opción pasa por alquilar una furgoneta. «Y qué hago, ¿me ducho en el instituto?», se lamenta.

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