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Diario de Ibiza

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Ser residente con trabajo y contactos tampoco asegura un alquiler asequible en Ibiza

Andrei Harche, que vive en Ibiza desde 2006, tiene que dejar el piso en el que vive con su familia y no descarta irse de la isla al no encontrar una solución

Imagen de archivo de búsqueda de anuncios. DI

Residir en Ibiza desde hace más de una década y trabajar en la isla los doce meses del año no es sinónimo de tener facilidades para encontrar un alquiler asequible. Ni siquiera sirve tener contactos. Un ejemplo de ello es Andrei Harche, aunque hay decenas de personas en la misma situación. Se estableció aquí en 2006 y, aunque él y su mujer son brasileños, su pequeña nació hace ocho años en Ibiza.

«Me acuerdo de que, al principio, veníamos solo a hacer la temporada y encontrábamos piso en seguida y con precios justos. Me refiero a viviendas de tres habitaciones por 750 o, como mucho, 900 euros mensuales», cuenta. «Ahora Ibiza se ha vuelto inviable», añade.

Llevan dos años en un piso que el propietario acaba de vender, por lo que apenas tienen dos meses para encontrar otro sitio donde vivir. «Estamos en una situación muy crítica porque los precios están desorbitados, no solo este año, pero ahora mismo son imposibles de pagar», lamenta. Habla de que por un pequeño piso de dos habitaciones piden «mínimo 1.500 euros»; una cantidad que, asegura, no es compatible con los sueldos de su familia.

De hecho, su mujer trabaja solo media jornada para poder quedarse con la pequeña por las tardes, mientras que él, que siempre se había dedicado al sector de la hostelería, ha apostado por darse de alta como autónomo. Dio el paso hace apenas un mes, cuando puso en marcha una pequeña empresa de mantenimiento de villas. A pesar de que acaba de arrancar, dice que, «por suerte, va bien».

Una buena noticia que queda empañada por la situación habitacional en la que se encuentra su familia. «Los precios que hay son imposibles de pagar, lo que hace que cada vez más residentes se vayan de la isla o directamente no vengan más», espeta. Si la cosa no cambia, «nosotros también nos tendremos que ir».

De momento está gastando todas las balas posibles antes de tirar la toalla. Está contando su situación por diferentes canales (amigos, WhatsApp, redes sociales y boca a boca) con el objetivo de encontrar una solución que le permita seguir viviendo en la isla. «Al final es injusto», indica. «No digo que los trabajadores de temporada tengan que vivir esto porque no es justo para nadie, pero que nos toque también a los que llevábamos años aquí es terrible», concluye.

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