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Diario de Ibiza

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Alquileres en Ibiza: muchos trabajadores se quedan en la calle tras pagar fianzas de pisos que no existen

Hay empleados que con contrato han optado por no venir

Imagen de archivo.

Lisa Mangue y su pareja viven en Valencia y, en principio, llegan esta tarde a Ibiza. No es seguro porque ayer se enteraron de que el piso que habían reservado para vivir durante la temporada no será para ellos. En apenas 15 días les han estafado ya dos veces.

La primera a finales de abril, cuando se pusieron en contacto con un supuesto arrendador que publicitaba el alquiler de una casa en internet. «Nos cuenta que para firmar el contrato va a llevar a un abogado y que tenemos que pagar, por adelantado, 50 euros por sus honorarios. Como no estábamos encontrando nada, confiamos y le ingresamos el dinero. A partir de ahí, esta persona desapareció y bloqueó nuestros teléfonos», relata.

El segundo traspiés lo han sufrido esta misma semana. «Vimos otra casa que, por las condiciones, era asequible para nosotros. El señor, de unos cincuenta y pico años, nos enviaba fotos y llegamos, incluso, a hacer una videollamada. Todo el rato estaba atento, muy majo. Nos pidió 100 euros para reservar la casa, pero después de lo que nos había pasado no nos fiábamos. Se lo dijimos y nos mandó hasta el DNI, así que se lo ingresamos», explica. «Íbamos a entrar este domingo, pero ayer [por el jueves] le llamé para decirle que llegaba el sábado [por hoy] por la noche y que me quedaba en un hotel para ir ya a la casa al día siguiente. No cogía, no cogía… al final, descuelga el teléfono y nos empieza a mentir, que si le han okupado la casa porque en abril no le pagaron y excusas absurdas», añade.

Esto se traduce en que han perdido 150 euros y no tienen dónde dormir. De hecho, Mangue ayer todavía dudaba si venir a la isla. «Tiene más sentido perder el dinero del vuelo y de la noche de hotel que ir, pero a ver si en estas 24 horas encontramos algo», dice esperanzada. Eso sí, se niega a pagar las cantidades estratosféricas que le piden. «Me han ofrecido compartir un trozo de habitación por 800 euros, ¿estamos locos?», critica.

Imagen de la conversación de Vanesa para alquilar una habitación. DI

A Vanesa Asenjo no le han estafado, pero lo intentaron, aunque de otra manera. Llegó hace unas semanas a la isla para trabajar de temporada en un hotel y encontró una habitación de la que se tuvo que ir por las malas condiciones higiénicas que había. Dejó todas sus cosas hacinadas en el coche y se fue a un hotel un par de días. «Con todo este lío perdí mi trabajo», cuenta, aunque ya ha encontrado otro. En ese momento colgó en diferentes páginas de internet un anuncio en el que exponía que buscaba habitación de manera urgente; si no la encontraba, se volvería a la península.

«Te mando foto de lo que me decían», explica refiriéndose a la imagen que acompaña esta información. Le pedían 1.200 euros por una cama en una habitación compartida, que se la rebajaban a 1.000. «Y encima tenía que dar gracias», añade. Pero a pesar del dineral que pedían, le prohibían cocinar y tenía que atravesar el salón sin poder usarlo, ya que allí dormía la familia que lo estaba alquilando con sus mascotas.

Ahora vive en una «caja de cerillas» en la que dice que entra «de lado» de lo diminuta que es y por la que paga casi 600 euros mensuales, más la misma cantidad de fianza. «Y yo tengo suerte», asegura. Y es que tiene amigos a los que están echando de sus casas después de años residiendo en la isla. «Familias que están aquí todo el año, de repente, tienen que irse. Y todo es porque quieren rentabilizar más esas casas y alquilarlas por días sueltos», lamenta.

Andrés Martín ha pedido ‘auxilio’ en redes sociales. «Soy un chico de 25 años de Galicia. Es mi cuarta temporada aquí y vengo para quedarme todo el año. Llevo un mes en Ibiza, de casa en casa, semana por semana. Tengo trabajo y no doy con el alojamiento», lamenta. «Estoy ya muy agobiado y necesito encontrar algo cuanto antes. Me haríais un gran favor si alguien sabe de cualquier cosa. Soy ordenado, limpio y no tengo malos rollos, me dedico a viajar y hago deporte. Me doy unos días más, no me doy por vencido todavía», añade.

Formentera

Hace escasos siete días que Lisa Fernanda desembarcó en Formentera y, lejos de pisar tierra en el paraíso, lo ha hecho en el infierno. Duerme en una habitación en la que hay cuatro camas (dos aún sin ocupar) por la que paga 300 euros, gastos aparte. «Y me tengo que ir a finales de mes», subraya. Es de Barcelona y no descarta regresar al ver en lo que se ha convertido la isla. «Se van a quedar sin nada porque hay mucho trabajo, pero no tenemos sitio. ¿Quién va a atender a los turistas de los que viven todo el año?», zanja.

Más contundente ha sido Valeria Fiorentino, que tras año y medio viviendo en Formentera, junto a su pareja y su pequeño ha hecho las maletas para volver a Cataluña. «Queríamos hacer nuestro proyecto aquí, nuestro hijo estaba súper feliz, pero después de meses buscando vivienda hemos visto a propietarios de casas (de la isla y de fuera) que buscan la máxima rentabilidad o que prefieren dejar las casas vacías», indica.

«Entiendo que hay mucha especulación, pero creo que es importante entender que ganar un poco menos de alquiler a lo mejor deriva en mejores servicios, buenos médicos, mejores profesionales, gente que se quiera quedar todo el año aquí...», sostiene. Espera que la tendencia de la avaricia cambie porque, a su juicio, «al turismo de masas le quedan los días contados».

Perder el viaje

También son muchas las personas que, a pesar de tener acordado su puesto de trabajo, todavía no se han desplazado a la isla por falta de alojamiento. Una de ellas es Lidia Sánchez, que vive en Sevilla con su pareja. «Él tiene un puesto importante de encargado en un restaurante, así que en cuanto pisemos la isla empieza a trabajar», dice. ¿Y cuándo será eso? Ni ellos lo saben.

A la dificultad de encontrar una vivienda asequible, «de máximo mil euros», se suma que tienen un bebé (al que tienen que pagar la guardería), dos gatos y un perro. «Esto ya lo hace imposible», lamenta. Han llegado, incluso, a ponerse en contacto con otras parejas y familias para ver si, al juntarse, pueden compartir piso.

Todo apunta a que Tecla Gallardo tampoco vendrá esta temporada. «Tenía trabajo y muchas ganas de ir, pero sin alojamiento», explica. «Estuve buscando por diferentes sitios y no pude encontrar nada y cuando veía algo que me podría encajar, me pedían cifras muy altas», añade.

«Me han ofrecido, literalmente, una cama pegada a otra que ya estaba alquilada, así que no. Puestos a pagar lo mínimo es tener un poco de privacidad», dice al tiempo que recuerda que este es el motivo por el cual se ha quedado a trabajar en la Costa Brava.

Ibicencos en contra del negocio

«Soy natural de Ibiza, por lo que nunca he pagado alquiler en la isla gracias a los bienes de mis padres, pero me indigna que el precio de la vivienda en las islas sea tan sumamente caro». Palabras de Manuela García, quien denuncia la situación a pesar de no sufrirla en primera persona.

«Alquilan habitaciones e incluso balcones con derecho a baño y un poco de cocina por 600 euros mínimo... Por ejemplo, cuando pisas la península, ya por ese precio encuentras un apartamento más digno», insiste. «Conozco casos de personas que viven del alquiler y no trabajan», añade.

Por ello, pide que, «con urgencia», haya más inspectores en activo que acaben con este tipo de «fraudes». Y urge a que se apruebe una normativa en Balears que «regule los precios de alquiler, ya que un piso por 1.500 euros mensuales también es una barbarie y abuso», concluye.

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