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Diario de Ibiza

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Ricardo Bofill y su relación con Ibiza

Carlos Martorell narra en primera persona su amistad, recuerdos y viajes y la relación con la isla del arquitecto desaparecido este viernes

Ricardo Bofill y Carlos Martorell con los hijos del arquitecto, Ricardo Jr. y Pablo, en Ibiza. ARCHIVO CARLOS MARTORELL

Como íntimo amigo de Ricardo Bofill, desde los años 60, quiero contar la gran relación que este famoso arquitecto internacional tuvo con las islas Pitiusas. Ricardo hizo su primera casa, de estilo payés, en Cala Nova, el año 1956, inspirado en el folklore rural ibicenco, que le encantaba.

En 1967 Oriol Regás inauguró la famosa discoteca Bocaccio en Barcelona. Allí me veía muchas noches con Ricardo y con los intelectuales de la llamada Gauche Divine. La Izquierda Divina, de la que se decía que era más Divina que Izquierda…

Una noche de 1968, en el teatro Poliorama, la madre de Ricardo me llevó al camerino de la actriz italiana Serena Vergano y me la presentó. Serena fue la primera mujer de Ricardo y la madre de su hijo Ricardo. El hecho de conocer a Serena incrementó mucho mi amistad con Ricardo.

En Assuan, en un viaje a Egipto en los años 60. |

En 1970 les invité a pasar unos días en una casa de campo que alquilé, con otro amigo, cerca de la playa de ses Salines. Alquilamos unas motos Vespa y nos divertimos mucho por la isla. Un día monté a Serena al lomo de mi caballo y nos fuimos a la playa.

Una tarde, pasando por delante de la pequeña iglesia de Sant Francesc, que hizo construir el Rey Carlos III, Ricardo me dijo: «Quiero comprar esta iglesia para montar una oficina de arquitectura». Y yo le quité esa idea de la cabeza diciéndole: «Como te instales en Ibiza con un equipo de jóvenes, acabarán todos de juerga y no trabajarán». Eran los años hippys.

En los años 70, me encantó colaborar en el montaje de su oficina en París y presentarle a personajes de la sociedad parisina. Entonces no había mucho presupuesto y compartimos una habitación en el pequeño Hotel de L’Université.

"Como te instales en Ibiza con un equipo de jóvenes, acabarán todos de juerga y no trabajarán"

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En el verano de 1973 Ricardo vino a ver mi casa de Dalt Vila, y me diseñó dos pisos para construir sobre mi terraza. El proyecto lo firmó su padre el arquitecto Emilio Bofill, y el Ayuntamiento me dio el permiso de construcción. Pero, en el último momento, la vecina, que había dado su consentimiento para tapar una pequeña ventana de su casa, se echó atrás. Y no se pudo hacer la obra, pero conservo los planos.

Frente a la costa de Formentera en el verano de 2020.

Ricardo siguió viniendo a Ibiza y Formentera en vacaciones. Y recuerdo que pasó un verano en una preciosa casa en Cala Comte. Pero el éxito de Ricardo, cada vez más internacional, hizo que viniese a Ibiza con mucha menos frecuencia. Pasaron los años, y sus dos hijos Ricardo y Pablo (hijo de Annabelle D’Huart), se hicieron mayores, y también les encanta Ibiza.

Durante treinta y cinco años alquilé una casa payesa muy antigua, maravillosa y sin electricidad, para pasar los veranos. Aquella casa en Sant Carles fue publicada en revistas y filmada en televisiones. A Ricardo y a su última mujer, Marta Vilallonga, les gustaba mucho, y les invité a cenar en varias ocasiones. Y Ricardo Jr. y Paulina Rubio se instalaron, un par de días, para vivir en aquella casa payesa iluminada con muchísimas velas.

A Ricardo y a Marta los llevé alguna noche a Pacha. Y fueron a mi fiesta Flower Power VIP. Ricardo asistió a muchos de los eventos que yo organicé. Y posaba para los fotógrafos, consiguiendo una buena publicidad para mis clientes. En el verano de 2020, Ricardo y Marta me invitaron a navegar por las Pitiusas, en el barco ‘Legendary’, que alquilaron para pasar una semana.

Una noche de fiesta en Pacha Ibiza.

Viajero incansable

Mis mejores recuerdos, además de los tiempos en Ibiza, son de los fantásticos viajes que hice con Ricardo. Estuve con él en Nueva York, París, Moscú, y viajando por Turquía, Bali, Marruecos y Egipto, donde cabalgamos alrededor de las pirámides, cuando no había turismo, navegamos por el Nilo en una vieja faluca, y recorrimos desiertos.

Cuando conocí a Ricardo, en los años 60, yo no me podía imaginar que acabaría diseñando obras impresionantes en muchos países, como Francia, Estados Unidos, Argelia, Japón, China, Arabia Saudita y, por supuesto, España. Recibió, por ello, un montón de premios nacionales e internacionales.

Cuando hace unos meses fue investido Doctor Honoris Causa por la Universitat Politècnica de Catalunya, le vi en buena forma, y no pude imaginar su trágico final. Este incansable viajero, pocos días antes de su fallecimiento, se fue con Marta a las islas Maldivas, y tuvo que regresar a los dos días para ser internado en un hospital. Porque el covid, con 82 años, no perdona.

«Soy un nómada»

Nunca olvidaré a este genio, y gran amigo, que influyó muchísimo en mi mentalidad, con su inteligencia, cultura y sentido del humor. Ricardo afirmaba: «Soy un nómada. Y sigo siendo un nómada». Se le ve, y se le escucha hablar, en mi documental ‘Carlos Martorell Polifacético’, que está en YouTube.

Espero que sus hijos Ricardo y Pablo, junto a Marta y todo el equipo, continúen realizando el monumental trabajo del Taller de Arquitectura de Bofill, y que no dejen de venir a Ibiza en vacaciones.

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