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Diario de Ibiza

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Crisis de suministros

Sin hornillos ni linternas en Ibiza por la psicosis del ‘gran apagón’

El aviso de la ministra de Defensa de Austria de que «la cuestión no es si habrá un gran apagón, sino cuándo», cala en las Pitiusas, donde se agotan ‘kits’ de supervivencia como linternas, pilas, fogones y estufas de gas por temor a un corte prolongado de electricidad

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Gran apagón en Ibiza

Una señora de edad avanzada se lleva varios tapones de la Ferretería Ibiza. ¿Por qué tantos? «Por el gran apagón». Lo tiene clarísimo y desarrolla toda una teoría al respecto: «Sí, verás. Si cortan la electricidad, una de las cosas que primero notaremos será que al abrir el grifo no correrá el agua. No podrán producirla ni bombearla. Así que voy a llenar las bañeras y los lavabos de casa. Por lo que pueda pasar. No me quiero quedar sin agua».

Dicen los ferreteros de Vila que llevan dos semanas de «locura». O se han quedado o se están quedando sin fogones, hornillos y estufas que funcionen con gas, así como sin linternas y pilas. Y todo tras divulgarse la advertencia de la ministra de Defensa austriaca, Klaudia Tanner, de que el ‘gran apagón’ ocurrirá sí o sí: «La cuestión no es si lo habrá, sino cuándo», dijo, e instó a la población del país centroeuropeo a surtirse de velas, linternas, pilas, combustible, baterías, comida en lata, agua…

Una plancha que funciona con gas que un cliente pidió en la tienda de Euronics, donde se han agotado los hornillos portátiles. J. A. Riera

El eco de ese aviso ha llegado desde los Alpes a Ibiza, a pesar de que los expertos insisten en que es improbable que España se quede desabastecida de electricidad por tiempo prolongado, ya que el sistema energético de nuestro país difiere bastante del de Austria. Aun así, la psicosis se ha apoderado de parte de la población pitiusa, que no quiere quedarse a dos velas, literalmente, y acude, sobre todo, a las ferreterías para acaparar productos que le permitan sobrevivir a varios días sin luz.

La mujer que acaba de comprar los tapones para llenar las bañeras de su casa cuenta a Juan Roselló, propietario de la Ferretería Ibiza, que sabe de buena tinta que, además, se están vendiendo grupos electrógenos como churros para las viviendas del campo. Lo que vende como churros Roselló son los fogones (de un solo fuego): sólo le queda ya uno, que cuelga de una pared. Pero empieza a quedarse sin linternas: «He encargado la semana pasada 50. La gente se ha vuelto medio loca. El proveedor me dijo que era el tercero que le llamaba ese día». Baterías tiene las que quedan en el mostrador de ganchos, ni una más. Se las quitan de las manos. Como -y eso ya es el colmo- las pequeñas bombillas de 12 voltios de las antiguas linternas de petaca (las nuevas llevan leds): la gente las ha rescatado del baúl de los recuerdos y quiere tener repuestos para ellas. Por si acaso. También escasean ya en su tienda.

Las últimas pilas que quedaban ayer en la Ferretería Ibiza, donde ya sólo tenían un fogón en 'stock'. J.A.Riera

Roselló ha encargado más fogones. El fabricante sí le surtirá de esos aparatos (otra cosa es cuándo), pero le ha advertido de que se olvide de las cocinas de gas: ni le quedan ni cree que podrá abastecer a las tiendas en mucho tiempo.

Los clientes no tienen reparos en decirle que buscan esos productos por temor a quedarse sin luz: «La ministra de Defensa de Austria ha sido la única que se ha atrevido a decirlo», le contó una mujer. Un nuevo episodio en el que la psicosis y las teorías conspiranoicas van de la mano.

«Está siendo una semana de locos», exclama Jordi Fita, de la ferretería homónima de la calle Aragón, en Vila. Un hombre acaba de pedirle una estufa (en una tienda vecina acaba de entrar otro preguntando si les queda alguna porque teme helarse durante el inverosímil ‘gran apagón’): «Estamos bastante agobiados. Se nos agota el stock de estufas de gas y tenemos al mínimo el de otros materiales, como las linternas. No paran de llegar clientes angustiados por lo del ‘gran apagón’. Hay un miedo generalizado». El martes vendió el último hornillo portátil que le quedaba, cuyos precios oscilan entre los 20 y los 90 euros, según la tienda y la marca. En la suya cuestan entre 20 y 30 euros: «Pero tal como vamos, seguro que subirán, porque hay una fuerte demanda. Y a eso se suman los problemas de distribución». Tiene incluso lista de espera: hay apuntada una persona para adquirir una estufa de gas, y cinco para los hornillos de doble fuego. Y eso que es una tienda de barrio, no el Corte Inglés.

Botellas de gas de 'camping', que también escasean, en Bopra. J. A. Riera

Según Fita, si bien se están llevando los hornillos y las linternas personas de todo tipo, prevalecen las de bajo poder adquisitivo y, especialmente, las de avanzada edad: «Estas tienen mucho miedo a quedarse a oscuras en sus casas, a pasar frío y a no poder cocinar». Está vendiendo «un montón de linternas», de las que apenas le quedan en el mostrador de la entrada.

«La gente está haciendo acopio de baterías, velas, linternas y hornillos para cocinar», indica Toñi Bonet, propietaria de Bopra, una ferretería de la calle Cataluña, de las de toda la vida. En el mostrador ha colocado, como reclamo, un fogón de gas de un solo fuego. «Llevamos así dos semanas. Compran, sobre todo, hornillos, aunque también muchas linternas. Vamos a tener problemas de stock de hornillos si seguimos así», señala Bonet. Porque, explica, «se están alargando los plazos de entrega, cada vez más». Con los problemas globales que hay de transporte y distribución ya no se sirve de un día para otro, como saben los concesionarios (hasta cinco meses para recibir un coche) o las tiendas de bicicletas (40 semanas en algunos casos). En su caso ha sido práctica y, por ese motivo, no ha abierto una lista de espera: «Para qué si no puedo garantizar que me va a llegar todo el material que pido. Si pudiera, si todo fuera como antes, claro que la haría». Pero ya nada es como antes.

«He encargado la semana pasada 50 linternas. La gente se ha vuelto medio loca. El proveedor me dijo que era el tercero que le llamaba ese día»

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La tomenta perfecta

El problema, además, es doble. Le quedan pocos hornillos, pero también pocas bombonas de camping gas para que funcionen, que están siendo acaparadas por temor a que ninguna naviera se haga cargo a partir de año nuevo del transporte de mercancías peligrosas. La tormenta perfecta: el hipotético ‘gran apagón’ austriaco, los elevados precios de la luz y del gas (la bombona ha pasado en medio año de los 15 a los 23 euros), los problemas de distribución en todo el mundo y, desde el 1 de enero, la posibilidad de que escasee el butano porque se corta la línea de suministro tras la renuncia de una naviera a hacerse cargo del transporte de productos peligrosos. El acabose.

A la psicosis del apagón se ha sumado, además, el elevado precio de la electricidad, lo que está impulsando las ventas de cocinas de gas y de estufas en los comercios. A Toñi Bonet ya no le quedan ese tipo de estufas: están agotadas. Pero en este caso cree que, más que como consecuencia de la verborrea apocalíptica de Klaudia Tanner, porque el precio de la luz se está poniendo imposible para todos los bolsillos.

También las «señoras mayores», sobre todo, están dejando sin linternas a la ferretería Can Toni (Sant Antoni) desde hace 10 días: «Porque dicen que han leído lo del ‘gran apagón’», cuenta Toni Ramón Escandell, su propietario. Y no las quieren recargables (por USB), «sino que funcionen con pilas». Se le están terminando, como los hornillos portátiles: «Los he vendido todos, menos uno que lo tengo ahí reservado para un cliente». Paralelamente, está teniendo problemas para reponer las linternas, que en su caso le mandan desde Asia: «Si antes un contenedor tardaba un mes y medio en llegar desde China, ahora tarda tres y, además, cuesta seis veces más».

«Estamos bastante agobiados. Se nos agota el stock de estufas de gas y tenemos al mínimo el de otros materiales, como las linternas. No paran de llegar clientes angustiados por lo del ‘gran apagón’. Hay un miedo generalizado»

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Se está produciendo «una demanda fuera de lo normal» en cocinas y estufas de gas, asegura Gustavo Peñalva, dueño de la tienda Euronics, próxima al Mercat Nou, y presidente de la asociación de electrodomésticos de la Pimeef. El gas «vuelve a estar de moda», señala, tanto como consecuencia del elevado precio de la electricidad como por el temor, infundado, al ‘gran apagón’. No obstante, Peñalva no vende estufas de gas por «principios»: asegura que no sirven para un clima tan húmedo como el ibicenco porque «crean mucha humedad, que se condensa en paredes y ventanas. Es lo comido por lo servido, porque luego necesitas un deshumidificador para eliminar toda esa agua». Y «son fatales para el reúma», añade. Pero no paran de llegar clientes que se las piden: «Les damos las señas de otras tiendas».

Culpa a los medios de comunicación de que «la gente esté asustada, tenga ansiedad, esté obsesionada por el ‘gran apagón’». Los mayores de 45 años tienen temor a quedarse sin luz; por debajo de esa edad, a pagarla a precio de oro, afirma. El martes, dos de esos compradores aterrorizados por los mass media compraron los dos últimos hornillos de gas portátiles que le quedaban, «algo impensable en esta época del año», pues normalmente se venden durante el verano, para ir de camping. En el Brico (carretera de Sant Antoni), una mujer se llevó de allí hace pocos días dos fogones de gas, algo que «no es normal», pues lo habitual, dice una dependienta en consonancia con el presidente de la asociación de tiendas de electrodomésticos, es que tengan salida en verano para calentar la comida en el campo.

El gas «vuelve a estar de moda», señala, tanto como consecuencia del elevado precio de la electricidad como por el temor, infundado, al ‘gran apagón’

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En el suelo de Euronics reposa, metida en su caja de cartón, una plancha de gas «enorme», de las industriales, que encargó expresamente un cliente: «Tenía que ser de gas. Por lo del apagón, dijo». Es de las caras: le costará 260 euros.

«Para estar preparado»

Euronics es de las pocas tiendas de electrodomésticos con las que ha contactado este diario que ha notado ese tirón de ventas de aparatos que funcionan con gas o de linternas desde que la ministra austriaca de Defensa se puso en el peor de los casos. En las dos tiendas Milar de Vila han notado el aumento de ventas «habituales» en esta época del año, motivadas por el descenso de la temperatura, aunque también por el subidón experimentado por la tarifa eléctrica: «Muchos se han pasado a las estufas de gas para calentar sus hogares», detallan en la tienda de Isidor Macabich. En el caso de las cocinas, las de inducción siguen en el top de ventas.

En Fita (carretera de Santa Eulària) han vendido más linternas de las normales, pero no han oído a nadie hablar del ‘gran apagón’, quizás, como indica Gustavo Peñalva, porque el contacto con los clientes no es tan directo como en el pequeño comercio.

Sí tuvo esa respuesta Susana, una dependienta del Brico, cuando, por curiosidad, preguntó a un hombre la razón por la que se llevaba un hornillo de dos fogones: «Por el ‘gran apagón’. Para estar preparado».

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