Crisis sanitaria | Ginecología

Dar a luz en Ibiza en tiempos de covid

El coronavirus ha obligado al servicio de Ginecología de Can Misses a habilitar circuitos especiales para detectar y atender a las embarazadas contagiadas, cuya principal preocupación ha sido que el virus no afectara a sus bebés

Personal del paritorio de Can Misses, durante la pandemia.

Personal del paritorio de Can Misses, durante la pandemia. / Marta Torres Molina

Marta Torres Molina

Marta Torres Molina

Vestidos de astronautas. O de buzos. Así explica la coordinadora obstétrica del Hospital Can Misses, Raquel Gascón, cómo han atendido este último año los partos de las mujeres con coronavirus. La pandemia les ha obligado a crear circuitos especiales para detectar y atender a estas mujeres, preocupadas por la salud de sus bebés. En el momento más duro del encierro, las de control del embarazo eran prácticamente las únicas consultas que se mantenían en el hospital ibicenco.

«Se pasa un calor horrible ahí abajo», comenta Raquel Gascón, coordinadora obstétrica del Hospital Can Misses, recordando los partos que han atendido de mujeres con coronavirus en este año pandémico. «Si te cuesta respirar con la mascarilla que llevamos por la calle imagina con una FFP3, la quirúrgica encima, las gafas de protección porque en un parto puede haber salpicaduras y encima una pantalla. Cómoda no estás», continúa Gascón, que destaca que así, vestidos de «astronautas o buzos» han realizado, incluso cesáreas. Gascón da por buena esa incomodidad si la paciente y el bebé están bien: «Es nuestro trabajo y nos adaptamos a las circunstancias».

Además de con los equipos de protección individual con lo que más han tenido que lidiar desde el pasado marzo en el paritorio ha sido con la incertidumbre y la preocupación de las embarazadas. «Mucho de nuestro trabajo ha sido tranquilizar», añade la ginecóloga, que destaca las diferencias entre la primera ola y las posteriores a la hora de atender los partos covid: «Al principio la recomendación era separar a los bebés de las mamás y cortar la lactancia, por suerte no tuvimos muchos casos. Ahora no se separa a las mamás de los bebés, se permite la lactancia, se hace el pinzamiento tardío del cordón. Se puede tener un parto de baja intervención exactamente igual». Cuando se detectaba un positivo en una embarazada, se avisaba al servicio, que las llamaba para tranquilizarlas, hacerle un seguimiento y explicarles las posibles complicaciones. Las citaban para consultas extras en las que comprobaban que el bebé seguía creciendo, que no hubiera riesgo de parto prematuro ni otras complicaciones.

Dar a luz en tiempos de covid

Personal del paritorio de Can Misses, durante la pandemia. / ASEF

Además, se les ponía un tratamiento: «Se hace en todos los hospitales de Balears, pautar una tromboprofilaxis, heparina a todas las gestantes con un positivo en covid, una dosis profiláctica. No las anticoagulamos sino que prevenimos que se pueda ocasional algún trombo, porque el coronavirus causa trombosis y las embarazadas son una población especialmente de riesgo para esto».

«Ha sido un año de cambios, de ir adaptándonos sobre la marcha», indica Gascón, que reconoce la «incógnita» que durante los primeros meses suponía el coronavirus y que les obligó a «actuar rápido». En el momento en que se cancelaron las consultas externas, las de Ginecología eran las únicas que se mantenían. «El seguimiento del embarazo de las gestantes no se puede demorar y si hay que hacer una ecografía en la semana doce no se puede hacer en la 15 o 18», destaca. Aunque primero se prohibieron los acompañantes en estas consultas, que se hacían de mañana y de tarde para espaciar las citas, más tarde se dejó que las acompañara la pareja.

En los primeros meses no había PCR y estaban «preocupados y nerviosos». Sin pruebas diagnósticas, lo que se hacía era «un cribado clínico», es decir, que se interrogaba a las mujeres que estaban a punto de tener a sus bebes. Así fue hasta el mes de abril, cuando se implantó la PCR de la semana 39, tras la que se les pedía «que tuvieran especial cuidado de no contagiarse» hasta el momento del parto y, más tarde, la PCR rápida en el momento en que ingresaban. «Tenemos el resultado en dos horas. Que la prueba es negativa, pues seguimos adelante con el proceso normal del parto sin medidas adicionales de protección para el personal. Si es positiva obliga a que el personal, para atenderla se tenga que poner un EPI», explica. Eso sí, la paciente, más allá de ver a sanitarios vestidos como astronautas, vive un parto normal.

De momento, no parece haber un baby boom del confinamiento, explica Gascón. Ese aumento de bebés debería haberse empezado a notar a partir del pasado mes de diciembre, pero en estos últimos meses el número de partos atendido en Can Misses ha sido inferior a los registrados en las mismas fechas del año anterior. «En un principio parecía que sí, pero se ha ido mucha gente de la isla», reflexiona.

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