Los dos pecados capitales del confinamiento que se cometieron en Ibiza

El encierro de hace un año lanzó a los pitiusos al consumo desaforado de series y películas y al consumo de productos hipercalóricos, según un estudio elaborado por seis universidades españolas

Ver series desde el sofá y abusar de productos hipercalóricos ha sido una constante en los hogares durante el confinamiento. | VICENT MARÍ

Ver series desde el sofá y abusar de productos hipercalóricos ha sido una constante en los hogares durante el confinamiento. | VICENT MARÍ / Marta Torres Molina

Marta Torres Molina

Marta Torres Molina

Estudio universitario. Pereza y gula. Son los dos pecados capitales del confinamiento, según confiesan los isleños en el estudio ‘Las consecuencias psicológicas de la covid-19 y el confinamiento’, elaborado por expertos de seis universidades españolas. Más Netflix, más sofá, más alimentos hipercalóricos. Eso sí, el encierro se llevó por delante el más placentero de los pecados capitales: la lujuria. 

Pereza (Netflix y mantita) y gula (a saco con los alimentos hipercalóricos). Son los dos pecados capitales de los pitiusos durante el encierro forzoso, según el estudio ‘Las consecuencias psicológicas del covid-19 y el confinamiento’, elaborado por seis universidades españolas. De la lujuria mejor ni hablamos, la libido ha caído en picado y han aumentado los problemas sexuales, explican los encuestados de las islas. De hecho, el 18,3% de los pitiusos confesaron que el confinamiento aumentó sus problemas en este ámbito. Incluso un 7,4% afirma que aumentaron mucho. El documento destaca que apenas hay diferencias entre hombres y mujeres en este aspecto, pero sí por edad: los menores de 60 años son los que experimentaron más problemas a la hora de intimar. Lo mismo que quienes perdieron el trabajo o, incluso, los que lo mantuvieron pero en peores condiciones, indica el estudio elaborado por expertos de las universidades del País Vasco, Granada, Murcia, Barcelona, la Miguel Hernández de Málaga y la UNED. En definitiva, que el coronavirus se ha llevado por delante las ganas de confraternizar apasionadamente.

En el momento en el que el Gobierno decretó el estado de alarma, todo eran buenas intenciones. La levadura se agotó (después del papel higiénico) y la gente se lanzó en tromba al consumo de kilómetro cero en una clara intención de mejorar su alimentación. Pero según el estudio, publicado recientemente, el 40,9% de los pitiusos incrementaron la ingesta de alimentos hipercalóricos. Un 9,3% de ellos la aumentaron «mucho». En este caso los porcentajes de aumento fueron elevados para hombres (32,9%) y mayores aún en el caso de las mujeres (49%), explica el estudio, que destaca que el incremento fue superior entre los menores de 60 años (un 45%) que entre los que superaban esa edad, entre los que sólo uno de cada cuatro encontró consuelo en la comida poco sana.

Las mujeres aumentaron el consumo de redes sociales y los hombres, el de videojuegos

Aunque si hubo un pecado rey durante el encierro fue, sin duda, la pereza. Los isleños se rindieron al sofá, las series, las redes sociales y los videojuegos para tratar de hacer soportable la vida entre cuatro paredes. Si bien agotaron las elípticas, las bicicletas estáticas, las mancuernas y las esterillas de yoga, en la mayoría de los casos la intención de mantener la actividad física sin poder ir al gimnasio o salir a entrenar se quedó en eso, en la intención. Cerca de la mitad de los pitiusos, un 43,7%, afirma que durante el confinamiento hizo menos ejercicio de lo habitual. Eso sí, tres de cada diez aseguraron a los encuestadores que sudaron más de lo que estaban acostumbrados. Sin salir de casa. A más edad, más cayó la actividad física durante el primer estado de alarma. También se movieron menos aquellos que eran de un grupo de riesgo en caso de contagiarse de coronavirus.

La pereza reina

Y mientras las bolsas del gimnasio se apolillaban en el recibidor de las casas, apenas se daba descanso a los sofás. Y a Netflix, HBO, Disney, Filmin, Amazon Prime... El 61,7% de los pitiusos pasaron más horas de las que solían delante del televisor y sólo el 6,3% afirmó que durante el encierro redujo el consumo de televisión. Tres de cada diez reconocieron que el incremento fue considerable. En esto no hay diferencias entre hombres y mujeres ni por edad o cualquier otra variable sociodemográfica, indica el estudio. El incremento fue igual para todos salvo una única excepción: el aumento fue algo menor entre los que mantuvieron su trabajo. Lo mismo, aunque en menor medida, ocurrió con las redes sociales —el 50% de los encuestados destacaron que las usaron más— y los videojuegos (un 44,9%). El consumo de redes apenas cayó. Sólo el 1,5% respondió que las consultaba menos, la mitad que los videojuegos, donde el descenso fue algo mayor: un 3,4% de los encuestados afirmaron que jugaron menos en el confinamiento.

En el caso de las redes sociales, el consumo fue mayor entre las mujeres y, según detalla el informe, «a mayor edad, menor cambio en el uso». En cuanto a los videojuegos, fueron ellos los que más aumentaron su consumo y el informe explica que «el uso se había incrementado en mayor medida (un poco o mucho) para el grupo de edad entre 18 a 34 años (65%)».

Pereza, mucha, pero dormir, poco. Más de la mitad de los pitiusos confesaron en el estudio que durante el confinamiento tuvieron más problemas para conciliar el sueño. El estudio destaca que la mayoría cambió sus patrones de sueño, y se acostó más tarde. Una parte importante de la población, además, «duerme mal, necesita tomar medicación para dormir, tiene angustia, pesadillas y sueño desordenado».

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