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Crisis sanitaria | Nuevos negocios

Emprendedores en tiempos del Covid-19 en Ibiza

Un grupo de ibicencos que han abierto sus negocios en plena crisis sanitaria explican cómo se han embarcado en sus proyectos con determinación pese a la incertidumbre del momento

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Ibiza

Durante el estado de alarma sufrió unas semanas muy difíciles. Pasó la cuarentena junto a su madre en el hospital, donde acabó falleciendo a causa de un cáncer de pulmón. «Me dijo que, si iba a ayudar a buenas personas a conseguir trabajo, pues que abriera». (Ver galería de imágenes)

Roberto Robles Clapés evoca esas palabras de su madre como el momento en que se decidió a no tirar la toalla. Él ya contaba con su barbería de Santa Eulària, Los Canallas, y tenía previsto abrir otra en el pasaje Castaví de Vila cuando el coronavirus trastocó todos sus planes.

Además, él compagina estos negocios con su trabajo en la Peña Deportiva de Santa Eulària como entrenador del equipo filial y ayudante del director deportivo, Raúl Casañ. «Lo fácil hubiera sido echarme atrás, porque los dueños del local me daban todas las facilidades del mundo para renunciar a montarlo», recuerda.

No obstante, él había adquirido un compromiso con las dos personas a las que prometió un puesto de trabajo en su nueva barbería, una de ellas Nora García, una andorrana que se iba a desplazar a la isla expresamente para el proyecto. «La palabra tiene que ir por delante de todo», sentencia Robles. Al final pudo abrir el 2 de julio.

Él sigue compaginando sus dos vocaciones de toda la vida , porque a los catorce años ya se ponía «a cortar el pelo a los compañeros de vestuario», explica. Su primera barbería la abrió en 2015 en Murcia, donde se había desplazado para jugar como centrocampista. «Al cabo de un mes ya éramos dos trabajando a destajo, tuve suerte». Regresó a Ibiza y a la Peña con su negocio y ahora da empleo a siete personas entre los dos establecimientos.

Toda la vida en la Plaça de Vila

«Mi madre estaba embarazada de mí y trabajaba en La Carbonera», recuerda Paula Woodward. Su padre, Tony, era un galés que vino a trabajar en el Club San Rafael (el posterior Ku) y acabó regentando el histórico bar en la Plaça de Vila.

«Mi madre era del Portal Nou y venía a La Carbonera con sus amigas para fumar sin que las vieran y escuchar Led Zeppelin». Así se conocieron los progenitores de Paula y Carlos, que ya de pequeños empezaron a ayudar en el negocio familiar. Su padre compró el segundo piso del edificio donde tenía el bar, así que son parte indisociable del barrio. Pero Tony falleció y los hijos no llegaron a un acuerdo con los propietarios del local para renovar el contrato de alquiler, así que tuvieron que cerrar La Carbonera en octubre del año pasado.

Empezaron a buscar una alternativa y pensaron en un par de sitios extramuros, pero finalmente se quedaron en su plaza. Allí tienen en propiedad un pequeño local que usaban como almacén de La Carbonera, así que decidieron reformarlo para crear el Dnou, una pequeña cafetería con terraza para desayunar por la mañana o tomar una copa por la noche.

Con el estado de alarma, tuvieron que interrumpir las obras y surgieron las dudas. «Yo en invierno hago artesanía y macramé que vendo por internet y pensé seriamente en dejar la hostelería», admite Paula. Pero los dos hermanos siguieron adelante, aunque costó reiniciar las obras. «Las empresas de construcción estaban con ERTE».

El bar que esperaban inaugurar en mayo para continuar con la tradición familiar levantó puertas a finales de agosto, cuando ya habían cerrado muchos bares de ocio nocturno del puerto. «Poco antes de ponernos en marcha, llamé a un proveedor que conocía de La Carbonera y no me creía porque pensaba que estaba bromeando», cuenta Carlos. «La gente nos decía que era una locura, pero aquí estamos», indica con firmeza Paula.

Creatividad en el estudio

Tras veinte años trabajando como fotógrafa free lance en moda, eventos y publicidad, Aisha Bonet quería añadir un nuevo rumbo a su carrera. Tenía en mente montar su propio estudio para dar salida a una vertiente de imágenes de interior más creativas y con aire vintage. «Como mi trabajo en exterior es más de temporada, así podía tener más estabilidad durante todo el año». Hacía dos años que lo planeaba, hasta que encontró un local ideal y firmó el alquiler. A los pocos días se decretó el estado de alarma.

«Me lo replanteé muchas veces, pero yo quería evolucionar en mi trabajo y me dije que, si me echaba atrás, iba a perder dinero igualmente, así que tiré adelante para no dejar pasar esta oportunidad», proclama Bonet.

Ahora tiene en marcha su Photo Art Studio Ibiza en la calle es Figueral del barrio de Ca n'Escandell, en Vila. «Quiero crear un estudio, que no sea convencional, con un atrezzo diferente para jugar con las emociones de los niños y los adultos», detalla Bonet mostrando unas maletas antiguas, divertidos flotadores o unos sofás isabelinos de 200 años que ella misma restauró.

Kilómetro cero de referencia

La propietaria del hotel Sud Ibiza Suites, Elena Villangómez, buscó al chef Miquel Llabrés para crear el Restaurante 180 Grados, con una oferta gastronómica de referencia en Vila, inspirada en la cocina local y el producto de kilómetro cero. El hotel de Ramon Muntaner había sido reformado en 2016 y el año pasado reformó el amplio local que tiene este edificio en los bajos del paseo de ses Figueretes. Las obras concluyeron a finales de agosto, así que se decidió esperar a la temporada siguiente.

«Teníamos pensado abrir en Semana Santa, y, con el estado de alarma, nos entró la gran duda de si era mejor descartar abrir en un verano tan complicado», recuerda el director del hotel y coordinador del restaurante, Felipe Codina. «Pero cuando el arroz está cocido, si no se sirve, la comida se va al carajo», apostilla Llabrés.

Así que el 9 de julio se inauguró este nuevo proyecto, independiente del Sud Ibiza Suites aunque comparte propiedad, y destinado más al público ibicenco de todo el año. «Inicialmente, teníamos planteado trabajar a full time, para servir desayunos a los clientes del hotel y la gente del paseo y seguir todo el día, pero luego nos hemos tenido que adaptar a las circunstancias», explica Llabrés. El responsable del restaurante confía en poner en marcha en invierno unas jornadas dedicadas a las recetas ibicencas tradicionales que no han llegado a las cartas de los restaurantes, «como un arroz con gató i pinya de col, arroz con morena o una burballa, que era un sopa con frit de freixura y fideos».

Al contrario que en los casos anteriores, el restaurante El Barco ya existía antes de la crisis sanitaria. De hecho, llevaba años siendo uno de los restaurantes más populares de Talamanca, pero sus últimos inquilinos cerraron el negocio a final de la temporada pasada y quedó sin nuevos responsables.

Abrir cuando cae la temporada

Santi Marí, Vinyes, el propietario del restaurante Formentera, en el puerto de Vila, vio una oportunidad con este establecimiento. «Este es un sitio formidable, aquí en primera línea de playa», apunta. Este proyecto no quedó interrumpido por el estado de alarma, sino que Vinyes no firmó el contrato de alquiler del restaurante El Barco hasta principios del mes de agosto, cuando la temporada turística caía en picado por las restricciones del resto de Europa a España. «El problema que tenemos con el coronavirus no va a ser eterno y ahora nos toca convivir con él respetando las normas». Inauguró la nueva etapa de El Barco este viernes, con doce personas en plantilla.

Tiene claro que este invierno no es para hacer dinero, «sino para mantenerse y empezar a rodar». «Todo el mundo nos dice que somos unos aventureros, pero yo confío mucho en este sitio».

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